POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)
Cuando yo era rapaz, allá en Colunga, me enseñaron una oración
destinada a la recuperación de cosas perdidas. Comenzaba así:
«San Antonio de Padua,
que en Padua naciste
y en Portugal deprendiste
letres para pedricar…»
Tiempo después supe de otra, con el mismo fin, que terminaba en este tenor:
«Ruega a Cristo por nosotros
Antonio divino santo
para que dignos, así,
de sus promesas seamos»
¡Qué cosas! Dos oraciones devotas llenas de errores históricos, lingüísticos y hasta teológicos. Se lo explico brevemente:
San Antonio de Padua, que debiera llamarse San Antonio de Lisboa, nació en Lisboa (Portugal) en los finales del siglo XII y su nombre de pila fue Fernando Martim de Bulhoes e Taveira Azevedo.
Estudió en Lisboa y en Coimbra y fue fraile agustino, para después ingresar en la Orden Franciscana, donde tomó el nombre de Antonio en recuerdo a San Antonio Abad (Abba Antón), el ermitaño.
Hombre de gran santidad, desarrolló en Padua (Italia) su labor pastoral y en Padua falleció en 1231.
Fue canonizado en 1232 y nombrado por Pío XII Doctor de la Iglesia, en 1946.- Su fiesta es el 13 de junio.
En fin, San Antonio no nació en Padua y, por supuesto, no puede ser DIVINO porque eso solamente lo es Dios.
¡Ah! Y se dice predicar y no «pedricar». Lo que pasa es que en Colunga hablamos como hablamos.
San Antonio de Padua es patrono para recuperar cosas perdidas, incluidos novios y novias, pues como decía el cantar:
«A San Antonio
como es un santo casamentero,
pidiendo matrimonio,
va el mundo entero…»
Por tierras castellanas son muy típicas las ROSQUILLAS DE SAN ANTONIO, llamadas así por la semejanza de su forma con la corona del pelo que, al afeitar la cabeza, dejaban los monjes en tiempos del medioevo. Vean la foto.
Separen 4 yemas de sus claras y bátanlas muy bien mezclando con 250 g de azúcar, 100 g de almendra molida fina y 500 g de manteca de cerdo. Añadan harina (hacia 1 kg), amasando bien hasta lograr una masa uniforme y moldeable.
Hagan las rosquillas al tamaño que deseen, píntenlas con claras batidas a punto de nieve y horneen a calor medio-fuerte hasta que tomen color dorado.
NOTA.
Hay quienes aromatizan la masa con ajonjolí o matalahuva.
