LA RIÁ. POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE ORIHUELA (ALICANTE)

Recuerdo de niño, cuando en mi casa se sacrificaba a una ave de corral, ya fuera un pavo o una pava con la que se elaboraban las pelotas del cocido navideño, o un pollo para otras celebraciones como santos o cumpleaños; esperaba que, una vez descuartizado me entregaran lavado cuidadosamente el buche que luego hinchaba a modo de globo para jugar.
Pero, en una ocasión no quise que me lo dieran, pues el dichoso animal de la familia de las gallináceas una vez cortado el cuello y a medio desangrar, en sus últimos estertores se escapó y salió corriendo por el pasillo, hasta caer definitivamente muerto.
Aquello me impresionó tanto, que ese año me dio miedo jugar con la bufa por si al romperse, el espíritu del pavo, si es que tenía, se me aparecía.
Pero, tratándose de bufa, de más mayor supe que podría significar burla o bufonada y que podría proceder de aquellos personajes que distraían a los reyes, o bien ser sinónimo en Cuba de borrachera o cogorza, o tratándose como verbo intransitivo, bufar, podría significar resoplar con fuerza, ya sean animales racionales o irracionales.
Ahora bien, dejando a un lado todo lo anterior, pongamos los ojos en otra «Bufa», aquella que acompaña a un Cerro en la ciudad de Zacatecas,(México) desde cuyo mirador se divisa en todo su esplendor dicha ciudad, que se encuentra a sus pies y que solamente ve rota la uniformidad de sus edificios por la esbeltez de torres y cúpulas, como las de la catedral basílica, la iglesia de Santo Domingo o Nuestra Señora de Fátima, abriendo el abigarrado paisaje urbano de muchas calles estrechas y empinadas, la Plazuela de la Fuente de los Conquistadores, la Alameda o las Plazas del Bicentenario, Francisco Goitya, Miguel Auza, Independencia y Armas, en la que hecho bronce, sentado en un banco encontramos al poeta zacatecano, oriundo del Jerez mexicano, Ramón López Velarde.
Y nos podríamos preguntar el porqué Cerro de la Bufa, una de las Siete Colinas que abrazan a la ciudad, según nuestro buen amigo el maestro Manuel González Ramírez. La respuesta es la que nos facilita la tradición en boca de uno de los primeros exploradores españoles, Juan de Tolosa que allá por el siglo XVI al llegar a esta tierra comparó la orografía del terreno con la vejiga o la bufa de un cerdo y así decidió bautizar al dicho cerro.
Este buscador de minas de oro y plata, junto con sus compañeros Cristóbal de Oñate, Diego de Ibarra y Baltasar Temiño de Bañuelos, aparecen con sendas armaduras en el escudo de Zacatecas, franqueando al sello de Felipe II, que dicho Monarca se lo otorgó el 20 de julio de 1588.
Así mismo, estos españoles hacen guardia a una imagen de Nuestra Señora que es amparada por una representación del Cerro de la Bufa coronado por una cruz de plata y a su derecha e izquierda el sol y la luna, con clara referencia al quinto canto del «Cantar de los cantares»: «¿Quién es esa que surge como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, imponente como escuadrones con sus insignias?». Heráldicamente, el escudo de armas se ve acompañado del lema: «Labor vincit omnia» (El trabajo todo lo vence).
Según la tradición en la cima del cerro, en 1548, se edificó una sencilla ermita bajo la advocación de la Natividad de Nuestra Señora que, en el primer tercio del siglo XVIII en su lugar fue construida una nueva capilla dedicada a la Virgen del Patrocinio.
El Cerro de la Bufa es un buen lugar para ensanchar los pulmones y para disfrutar del paisaje, así como para adentrarse en la historia de Zacatecas. En él, a algo más de 2.600 metros de altitud nos reciben en la Plaza de la Revolución las estatuas ecuestres de los héroes de la tropa revolucionaria vencedoras de Victoriano Huerta en la toma de dicha ciudad: los generales Felipe Ángeles, Pancho Villa y Pánfilo Natera. Frontero a los mismos, el monumento a las mujeres y hombres que dieron su vida en dicha hazaña.
El Cerro, además de ello nos da la posibilidad de acceder al Observatorio Meteorológico fundado en los primeros años del siglo XX, o la arquería y el atrio del Santuario, o descender a la población a través del teleférico recientemente reformado que nos arriba hasta una de las entradas de la mina El Edén, ubicada en el centro de la ciudad que, en este año de 2018 celebra el vigésimo quinto aniversario de su inscripción en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.
Todo lo anterior, gracias al Cerro de la Bufa que nos lleva de la mano en la historia y el patrimonio material e inmaterial de la ciudad de Zacatecas, dejando bien claro que dicha bufa, no tiene nada que ver con aquella que de niño me permitía jugar.