POR FULGENCIO SAURA MIRA, CRONISTA OFICIAL DE FORTUNA (MURCIA)
Conocer la ciudad es enfrentarse a ella, sentir sus monumentos, dejarse llevar por la imaginación, admirarse ante la belleza de sus calles y edificios, a veces soportando sus anomalías urbanísticas. Murcia es una ciudad de progreso que ha ido añadiendo estratos a su textura original deteriorando su historia proponiendo ensanches nuevos, ampliando sus bordes con menosprecio de su potencial espacio arquitectónico, lo que ha llevado consigo multitud de derrumbes de edificios, palacios de nobles personajes, plazas y monumentos que la identificaban.
Vale sin duda ello cuando se pasea por su interior, se vive la ciudad en su afán diario desde sus barrios que han invadido los terrenos de la vieja huerta mostrando otro rostro de polígonos y jardines que no seducen, se vive en ellos con un lenguaje distinto. Es que pertenecemos a otro tiempo, otro sentido urbanístico, en una sociedad globalizada dentro de una serie de gravámenes y manipulaciones provocadas por el impacto de la ciencia y la industria. Bajo el signo del progreso, muchas veces mal entendido, se ha infringido una serie de normas de toda índole haciendo de lo urbanístico una forma de ideología política que podemos observar en Murcia en la serie de planes que desde del siglo XIX se vienen plasmando se fue haciendo distinta, podemos decir que a lo largo de nuestra vida, ya longeva, hemos podido experimentar observamos cambios desde los años cincuenta al presente pues mucho ha pasado.
Tiempos descreídos en la extensa dimensión civilizadora, contrastes y arrumbes de su carne primigenia. No es la misma ciudad amparada por su catedral, icono, referencia completa, pues desde su sombra se alumbra su viejo desparpajo de círculos, reclamos de su ayer. Una ciudad puede ser la misma en su evolución arquitectónica pese a la necesidad de dar contenido a los ensanches, ello lo resalta M. L.. Colean al indicar.” Mientras la gente tenga que habitarla y usarla, una ciudad no está nunca terminada en el sentido en que puede completarse un cuadro, una estatua o un edificio”(1), claro que el que la usa busca su origen rotulando y viviendo su ayer histórico, mientras esto sea así la evolución de la ciudad está garantizada.
Solo que su habitante aspira al disfrute de sus derechos relativos al trabajo y descanso en áreas o polígonos nuevos, pero es que como tal lo requiere la Carta de Atenas de 1933 aunque no se desprecian tesis del urbanismo estético e histórico que postulan por la defensa de una ciudad histórica donde se respete su arquitectura partiendo de edificios centrales y referentes´´
Hay que pensar que la ciencia urbanística nace a mediados del siglo XX a través de la escuela de Chicago
FUENTE: F.S.M.