POR ANTONIO BOTÍAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.
Delegado episcopal para las cofradías y hermandades de la Diócesis de Cartagena. Ha pasado desapercibido. Y bien que lo ha logrado, aunque sin dedicarle un segundo a ello. Quince meses justos lleva Alfonso Alburquerque García al frente de un cargo que, cuando de cofradías hablamos, hace cuadrarse a todos los presidentes. Y, sin embargo, casi ningún nazareno de a pie sabe quién es ni qué cargo ocupa, aún siendo el garante de velar por el buen funcionamiento de tan multitudinarias instituciones.
El obispo Lorca Planes lo nombró delegado episcopal para las cofradías y hermandades de la Diócesis de Cartagena, en sustitución de don Silvestre del Amor, quien desempeñó similar cargo no pocas décadas. Es Alfonso Alburquerque, en la práctica y con la ley canónica en la mano, la voz última del obispo en, a veces, tan complicadas lides cofrades. Pero su primer acierto es evidente, como quienes lo conocen aseguran: ser otro nazareno. Ya no el último, pues como cura a ello está llamado, sino ser uno más.
Curriculum nazareno no le falta para el cargo. Vicario de la zona Cieza-Yecla, consiliario de la Cofradía del Cristo de la Misericordia de Murcia y de la Asociación de la Medalla Milagrosa. Y, desde julio de 2023, párroco de San Miguel, en la capital. Súmenle a eso infinidad de pregones nazarenos y ser consiliario a perpetuidad de Nuestra Señora del Consuelo y Santas Mujeres de Jerusalén, de Archena. Y hasta fundador de la Hermandad de Nuestra Señora de la Asunción, de Los Alcázares.
