POR CARMEN RUIZ-TILVE ARIAS, CRONISTA OFICIAL DE OVIEDO (ASTURIAS).

Febrero hace cesura el día 14, desde siempre dedicado a San Valentín, un gallardo médico romano que, se dice, casaba en bodas clandestinas a los soldados cristianos con sus amadas. Pero como no es a Roma sino a Oviedo adonde llevan todos mis caminos, me voy hasta el piso segundo del número 4 del Arco de los Zapatos, donde el 14 de febrero de 1909 nació un niño.
Era hijo de Ramón Ruiz y de Matilde Tilve, funcionario él de la administración educativa y, ella, directora de las escuelas del Fontán, allí al lado. La criatura salió alegre y animosa, algo que no cambió la polio que pronto lo dejó sin movilidad en el brazo izquierdo, la cual tampoco le impidió convertirse en un gran dibujante y en un mejor fotógrafo (en el Muséu del Pueblu d’Asturies se custodian sus más de 10.000 negativos), así como ejercer toda la vida de delineante, frustrada por la prematura muerte del padre, y las consiguientes estrecheces económicas, la carrera de arquitecto.
Montañero toda la vida, muy implicado a la sazón en los albores del asociacionismo en el alpinismo asturiano, murió de pronto, camino de los Picos de Europa, en marzo de 1988. Francisco Ruiz Tilve, quien tanto apreciaría un museo de esta ciudad que fue suya como de pocos, era mi padre
FUENTE:https://www.lne.es/oviedo/opinion/2026/02/28/amor-febrero-127395413.html