«ANTE DIEM III NONAS IANVARIAS. COMITIALIS. IANVARIUS» (“ANTES DEL 3 DE ENERO. COMITIAL, ENERO»)
Ene 16 2026

POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)

Eran una de las festividades más antiguas y arraigadas del calendario romano, estrechamente vinculadas a la vida cotidiana de la ciudad y de los núcleos rurales

En el calendario romano, los días inmediatamente anteriores a las nonas de enero estaban marcados por celebraciones de carácter público. En ese período tenía lugar una de las festividades más antiguas del año: las Compitalia, dedicadas a los lares compitales, divinidades encargadas de proteger los cruces de calles y las comunidades vecinales.

No se trataba de una fiesta con fecha fija, ya que su celebración dependía de las circunstancias del momento y de la decisión de las autoridades locales. Su arraigo popular era notable, especialmente entre los sectores humildes de la sociedad romana y los libertos, quienes con frecuencia asumían funciones sacerdotales dentro de este culto doméstico y comunitario.

Durante las Compitalia, las viviendas se engalanaban con elementos simbólicos, como ristras de ajos, vestigio de antiguos ritos sacrificiales. Uno de los actos más característicos era la lustración del vecindario, en la que un cerdo recorría las calles del barrio como gesto de purificación antes de ser ofrecido en sacrificio.

La celebración se completaba con un ambiente festivo marcado por representaciones, juegos y bailes populares, conocidos como ludi compitalicii, que convertían estos días en una de las expresiones más vivas de la religiosidad cotidiana romana.

Las Compitalia: religión, comunidad y política en la Roma antigua

Las Compitalia eran una de las festividades más antiguas y arraigadas del calendario romano, -como se ha dicho-, estrechamente vinculadas a la vida cotidiana de la ciudad y de los núcleos rurales.

Su nombre deriva de los compita, los cruces de caminos o intersecciones de calles, lugares considerados puntos sensibles desde el punto de vista religioso y social, donde se creía que actuaban fuerzas protectoras y también potencialmente peligrosas.

Los Lares compitales

El eje central de la fiesta era el culto a los lares compitales, divinidades tutelares asociadas no al Estado en abstracto, sino a la comunidad vecinal concreta. Cada barrio (vicus) tenía su pequeño santuario o altar, normalmente situado en una encrucijada, donde se realizaban ofrendas en nombre de todos los habitantes. Estos Lares representaban la continuidad, la protección y la identidad compartida del vecindario.

Otros lares eran adorados o venerados en las propias casas, los dioses lares, los mismos antepasados que protegían las estancias y a sus descendientes.

Una fiesta sin fecha fija

A diferencia de otras celebraciones romanas, las Compitalia no tenían un día inamovible. Se celebraban generalmente a comienzos de enero, tras el cierre del ciclo agrícola del año anterior, pero la fecha exacta podía variar según factores religiosos, políticos o prácticos. Esto reforzaba su carácter local y flexible, adaptado a las circunstancias de cada comunidad.

Participación popular

Las Compitalia gozaban de una enorme popularidad entre los plebeyos, esclavos y libertos. De hecho, los libertos solían desempeñar un papel destacado como responsables del culto (magistri vici), lo que convertía la fiesta en un espacio excepcional de visibilidad social para grupos habitualmente excluidos de los grandes rituales estatales.

Durante esos días se suspendían ciertas actividades y se permitían expresiones festivas poco habituales, lo que otorgaba a la celebración un tono cercano al de otras fiestas de inversión social, aunque sin llegar a la licencia extrema de las Saturnales.

Rituales y símbolos

Uno de los rituales más característicos era la lustración del barrio, concebida como una purificación colectiva. Un animal —generalmente un cerdo— era conducido por las calles antes de ser sacrificado, simbolizando la protección del espacio común frente a peligros y desgracias.

Las casas se adornaban con objetos simbólicos colgados en las puertas o fachadas. Entre ellos destacaban figuras o elementos vegetales que aludían tanto a la fertilidad como a antiguos sacrificios humanos sustituidos con el paso del tiempo por representaciones simbólicas.

Juegos y espectáculos

Las Compitalia culminaban con los ludi compitalicii, juegos y representaciones populares organizadas a nivel vecinal. Estos espectáculos, a menudo improvisados y de carácter burlesco o satírico, reforzaban los lazos comunitarios y ofrecían una forma de ocio accesible, lejos del ceremonial solemne de los grandes juegos estatales.

Dimensión política

Con el paso del tiempo, las Compitalia adquirieron también una dimensión política. En época republicana tardía, los encuentros vecinales vinculados a la fiesta fueron vistos con recelo por las élites, que temían que estos espacios de sociabilidad popular facilitaran la movilización política. No es casual que en determinados momentos los ludi compitalicii fueran prohibidos o restringidos. Algo que nos suena familiar porque los carnavales en ciertos periodos fueron prohibidos porque aprovechando la fiesta, la muchedumbre y algarabía se cometían crímenes que pretendían quedar impunes.

En época de Augusto, el culto fue reformulado: los Lares compitales se asociaron al genius del emperador, integrando así una tradición popular muy antigua dentro del nuevo marco ideológico del Principado.

El genius del emperador

Es una noción clave para comprender cómo la religión romana integró el poder político dentro de su sistema tradicional de creencias, especialmente a partir del Principado de Augusto.

El genius tiene un significado religioso básico. En la religión romana, el genius no es un “espíritu” en sentido moderno, sino una fuerza vital y protectora que acompaña a cada individuo desde su nacimiento. Representa su capacidad generadora, su energía vital y su continuidad. Todo hombre libre tenía su genius. Las mujeres estaban asociadas a su Iuno. También existían el genius de una familia, de un lugar, de una comunidad y, finalmente, del Estado.

El genius se honraba con libaciones, incienso y pequeñas ofrendas, especialmente en contextos domésticos.

El genius Augusti viene a ser el nacimiento de un culto político-religioso. Con el ascenso de Augusto, el concepto tradicional del genius fue adaptado a una nueva realidad política. En lugar de divinizar directamente al emperador en vida —algo ajeno a la tradición romana— se promovió el culto al genius del emperador (genius Augusti). Este recurso permitía mantener las formas religiosas tradicionales, evitar la acusación de monarquía divina explícita y sacralizar el poder sin romper con el pasado republicano.

El emperador no era adorado como dios vivo, sino que se rendía culto a su principio vital y protector, entendido como garante del orden y la prosperidad del Imperio.

La integración en el culto de los lares es uno de los cambios más significativos introducidos por Augusto fue la reforma del culto de los lares compitales. A partir de finales del siglo I a. C., los antiguos Lares del barrio pasaron a denominarse Lares Augusti. Junto a ellos se veneraba el genius del emperador. Los santuarios de los cruces de calles (compita) se convirtieron en puntos de difusión del nuevo orden político.

Este sistema permitía que el culto imperial llegara a todos los niveles de la vida urbana, desde los grandes templos hasta las esquinas de los barrios.

Testimonios clásicos

Ovidio, en los Fastos, menciona la presencia de los Lares Augusti, integrados en el calendario festivo. Aunque su tono es poético y alusivo, el mensaje es claro: el emperador forma parte del entramado religioso cotidiano de Roma.

Dionisio de Halicarnaso explica cómo las instituciones religiosas romanas evolucionan para sostener la cohesión social. Aunque no teoriza explícitamente el genius Augusti, su análisis del culto vecinal permite entender cómo esta figura encajó sin fricciones en la tradición.

Otros autores, como Suetonio y Tácito aluden al culto al genius del emperador como práctica habitual en juramentos y actos públicos. Macrobius explica el genius como principio vital vinculado a la fecundidad y la continuidad.

El culto al genius del emperador cumplía una función política y social que comprende varios aspectos y, entre ellos, la legitimación del poder: el bienestar del Estado se vinculaba a la salud del genius imperial. Unidad simbólica: ciudadanos de distintas provincias compartían un referente religioso común. Control ideológico: honrar al genius era un acto de lealtad política, pero presentado como práctica religiosa tradicional.

Algo de gran importancia era que el negarse a participar en estos ritos no era un gesto teológico, sino un desafío político, lo que explica conflictos posteriores con comunidades como la cristiana.

Diferencia entre divus y genius

Conviene distinguir entre genius,: que se venera en vida; principio vital; y divus: título otorgado tras la muerte por el Senado, ladivinización oficial. Así, Augusto fue honrado con su genius en vida y declarado Divus Augustus tras su muerte.

El genius del emperador es uno de los ejemplos más claros de la flexibilidad de la religión romana, capaz de absorber nuevas realidades políticas sin romper con sus categorías tradicionales. No es una imposición violenta, sino una reformulación simbólica que convierte la figura del emperador en garante religioso del orden cotidiano.

Pero habíamos mencionado al Iuno, vinculado a la mujer.

Iuno (Juno)

Es una de las figuras centrales de la religión romana y, al mismo tiempo, un concepto religioso complejo que va más allá de la simple diosa olímpica. Iuno significa diosa y principio femenino. En la concepción religiosa romana, la Iuno es el principio vital femenino, el equivalente funcional del genius masculino. Mientras que todo hombre poseía un genius, cada mujer estaba asociada a su propia Iuno, entendida como la fuerza que garantizaba su fecundidad, su continuidad vital y su identidad dentro de la comunidad.

Este concepto no se limita a la diosa Juno como figura mitológica, sino que actúa como una presencia protectora personal, inseparable de la vida femenina desde el nacimiento hasta la muerte.

Iuno personal y Iuno divina

Es importante distinguir estos dos niveles:

La Iuno personal acompaña a cada mujer. Está vinculada al ciclo vital, la sexualidad y la maternidad. Se manifiesta en momentos clave como el matrimonio y el parto.

La diosa Iuno es una de las grandes divinidades del panteón romano. Protectora del matrimonio legítimo, de la fecundidad y del Estado. Esposa de Júpiter y reina de los dioses.

Ambos planos no se contradicen, pues la diosa encarna a escala divina aquello que cada mujer posee a nivel individual.

La complejidad de Iuno se refleja en sus múltiples títulos (epíclesis), cada uno asociado a una función concreta. Sus funciones y advocaciones principales serían: Iuno Lucina: protectora de los partos y de la luz de la vida. Iuno Pronuba: garante del matrimonio legítimo. Iuno Regina: soberana y protectora de la comunidad política. Iuno Moneta: consejera y advertidora; vinculada al Capitolio y, más tarde, a la moneda. Iuno Sospita: salvadora, especialmente venerada en el Lacio. Estas advocaciones muestran cómo Iuno articula lo biológico, lo social y lo político.

La relación entre la mujer y su Iuno se hacía visible en distintos rituales Iuno está relacionada con el ciclo vital femenino. En el nacimiento, Iuno Lucina era invocada para facilitar el parto. En el matrimonio, la esposa ofrecía sacrificios a Iuno Pronuba. En la madurez, la Iuno garantizaba la estabilidad del hogar y la continuidad familiar.

A diferencia del genius, la Iuno femenina no se celebra con cumpleaños públicos, pero está implícita en los ritos de paso.

Testimonios antiguos

Ovidio en los Fastos, presenta a Iuno como una diosa antigua, ligada a los orígenes de Roma y al calendario ritual. Su poesía destaca la dimensión protectora y reguladora de la vida femenina.

Varrón identifica a Iuno como el principio que da forma y estabilidad a la mujer, del mismo modo que el genius lo hace en el varón, subrayando su función antropológica más que mitológica.

Macrobio asocia a Iuno con la fecundidad y con las fuerzas de generación que sostienen la vida de la comunidad.

Pero Iuno no es solo una diosa doméstica. En su dimensión cívica protege la ciudad de Roma, garantiza la legitimidad de las instituciones, comparte el Capitolio con Júpiter y Minerva como parte de la Tríada Capitolina. Esto refuerza la idea romana de que la estabilidad política depende también del orden familiar y reproductivo.

Diferencia entre Iuno y otras figuras femeninas

Entre los romanos existían otras divinidades femeninas que podrían confundir a un contemporáneo, pero tienen cada una sus particularidades: Iuno es el principio vital, matrimonial y político. Venus es el deseo, atracción y fertilidad erótica. Diana representa la virginidad, la naturaleza y el tránsito. Ceres encarna la fertilidad agrícola y la subsistencia. Cada una ocupa un ámbito distinto dentro del sistema religioso.

La Iuno muestra cómo Roma pensaba la identidad femenina no como algo individualista, sino como una fuerza relacional, orientada a la continuidad del grupo. Es una noción profundamente romana: práctica, social y cívica, más que introspectiva.

Dicho todo esto, veamos ahora el:

Significado histórico de las Compitalia

Las Compitalia ofrecen una ventana privilegiada para comprender la religión romana no como un sistema dogmático, sino como una práctica comunitaria, profundamente imbricada con la vida social, el espacio urbano y las relaciones de poder. Más allá de los templos monumentales y los rituales oficiales, esta fiesta muestra cómo los romanos concebían la protección divina en lo inmediato: la calle, el barrio, el cruce de caminos.

Ovidio y las Compitalia

Fastos, libro I. Ovidio es la fuente literaria más rica para comprender las fiestas del calendario romano. En el libro I de los Fastos, dedicado al mes de enero, el poeta alude a las Compitalia como una celebración antigua, ligada al espacio urbano y a la protección doméstica. En cuanto al contenido esencial, Ovidio explica que los Lares reciben culto en los cruces de caminos, lugares donde confluyen trayectorias humanas y, simbólicamente, también riesgos. Subraya el carácter vecinal y doméstico de la fiesta, muy alejado del ceremonial solemne de los grandes dioses del Estado.

Uno de los pasajes más comentados es aquel en el que menciona los objetos colgados en las puertas durante la festividad. Ovidio alude a figuras que representan a los miembros de la casa, interpretadas por la tradición como sustitutos simbólicos de sacrificios humanos arcaicos, reemplazados con el tiempo por elementos rituales incruentos.

En Ovidio, las Compitalia aparecen como una fiesta de umbral (puertas, cruces, límites); un ritual de protección cotidiana y un vestigio de una religiosidad muy antigua, anterior incluso a la Roma monumental. El poeta combina erudición anticuaria con una lectura moral: el paso de sacrificios sangrientos a símbolos rituales refleja la civilización progresiva de las costumbres romanas.

Dionisio de Halicarnaso y las Compitalia

Antigüedades romanas, libro IV. Dionisio de Halicarnaso, historiador griego del siglo I a. C., ofrece una perspectiva más histórica y etnográfica. En las Antigüedades romanas, describe las Compitalia como una institución atribuida a los primeros reyes de Roma, especialmente a Servio Tulio.

Dionisio explica que la fiesta estaba organizada por barrios (vici) y que cada uno tenía magistrados propios encargados del culto. Destaca que esclavos y libertos participaban activamente en la celebración, algo poco habitual en otros rituales romanos.

También menciona el carácter colectivo y ordenado del culto: no se trataba de una celebración caótica, sino de un sistema ritual que reforzaba la cohesión social y la vigilancia comunitaria dentro de la ciudad.

Para Dionisio, las Compitalia cumplen varias funciones. Religiosa: asegurar la protección divina del barrio; social: integrar a sectores subalternos en la vida cívica; y política: facilitar el control y la organización de la población urbana. Desde su óptica griega, Dionisio admira la capacidad romana de convertir rituales locales en instrumentos de estabilidad social.

Ovidio & Dionisio

Mientras Ovidio da a estas fiestas un carácter poético y religioso, Dionisio de Halicarnaso le da un enfoque histórico e institucional. Ovidio sitúa el origen de estas celebraciones en época arcaica, casi mítica; y Ovidio las vincula con la monarquía primitiva.

Mientras Ovidio las entiende con protagonistas familiares y vecinos, Dionisio las entiende propias de barrios y libertos; y, mientras Ovidio les atribuye significado de protección y tradición; Dionisio las entiende propias de la organización social y control urbano.

Ambos coinciden en algo fundamental: las Compitalia no eran una fiesta marginal, sino una pieza clave de la religiosidad cotidiana romana.

Gracias a Ovidio y Dionisio podemos entender que las Compitalia conectan la religión doméstica con la estructura urbana. Funcionan como un puente entre lo privado y lo público; y revelan cómo Roma integraba tradición, comunidad y poder político. Son, en definitiva, un ejemplo privilegiado de cómo los romanos vivían la religión no solo en templos, sino en las calles mismas de la ciudad.

FUENTE: https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5730173/ante-diem-iii-nonas-ianvarias-comitialis-ianvarius-antes-3-enero-comitial-enero

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