POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA). 
Tengo que reconocer que no esperaba la repercusión que iba a tener la columna pasada sobre el derrumbe del ábside de Muriel. Cuántos lectores me han hecho llegar opiniones y comentarios, incluso un amigo de muy lejos llegó a pensar que se trataba de ella misma y no saben las cosas que me dijo… ¡No! le dije, no te dejes llevar por los impulsos, es una desgracia muy grande pero no es nuestra Lugareja, aunque sí es nuestra zona de influencia artística comarcal. Como lo es otra iglesia, la de Palacios Rubios, que también está aquejada de grietas y problemas arquitectónicos, me cuenta el vecino José Caros todo preocupado… o el estado de la iglesia de Donvidas, en circunstancias parecidas… o las humedades y goteras de Santa Maria de Arévalo, también declarada BIC.
Se podría hacer una amplia relación de carencias, amenazas y necesidades de tantos edificios, al hilo de o anterior, ósea, que puede saltar el desastre en otras partes y en cualquier momento.
Obras que, si hoy son menores y de mantenimiento, por su abandono, derivarían en otras de mucho mayor calado y a veces irreversibles.
La misma Lugareja estuvo afectada de unas grietas muy preocupantes ya hace unos años, y la Junta de Castilla y León acometió una obra profunda de cosido, para unir todo ese gran bloque de cal y canto con sus fachadas y adornos de ladrillo, es el mudéjar de aquí, el representativo. De esa intervención tengo fotos elocuentes, y fue quizás la última restauración seria que se realizó a nuestro Monumento Nacional, que así se decía antes.
Pero los numerosos edificios mudéjares de la comarca están debilitados, con sus fábricas cansadas, a falta de pequeñas intervenciones que puedan alargar la vida de estas construcciones, y siempre menores y mejores que una reconstrucción total.
Hablando de esto, me viene a la memoria otro caso importante y sobrecogedor, semejante a Muriel, pero aún más espectacular, se trata del ábside–torre de Orbita, de gran empaque que se desplomó hace ya años. En esa ocasión, esa desgracia sirvió para aglutinar a la población que se asoció en «Reto» y consiguió relativamente pronto su reconstrucción, un reto, valga la redundancia, pero este precioso ábside torre, aunque luce espléndido, ya nunca fue igual, a nivel histórico artístico, si no es para reconocer a los habitantes de Orbita su unidad, esfuerzo y tesón.
Hubo unos años en que se restauraron varias cosas, con sus mas y sus menos, pero el movimiento conservador se palpó notablemente y así nuestra ciudad pasó, de ruinas y abandono evidente, a recuperar y rescatar una serie de edificios que se han puesto a funcionar en ese llamado «turismo cultural» y están ahí, como reclamo testigos de otro tiempo no muy lejano en que el salvamento superó al abandono y ruina. Un balance positivo pero que en estos tiempos se ha manifestado insuficiente, la realidad está poniendo de manifiesto que había que seguir.
Pero, aparte de cualquier consideración, tengo que agradecer la atención que prestan el Diario de Ávila y sus lectores a la opinión de este columnista sencillo, por su repercusión, al que sólo le preocupan las cosas de mi ciudad y su tierra comarcana…
Es que nuestra Lugareja trasciende nuestra localidad, nuestra comarca y aún nuestra Comunidad, porque se trata de una arquitectura tan notable como impresionante dentro de la humildad de esa arquitectura predominante en esta comarca del sur del Duero: El Mudéjar.
Hace más de tres años que se ganó el litigio en el Supremo, y la ermita sigue cerrada a cal y canto, y alambrada cual prisionera de la insensatez.
Una gran representación socio cultural, catorce asociaciones, toda la ciudad, nos hemos unido reivindicando la solución de este conflicto que nunca debió producirse…