POR JULIÁN CABALLERO AGUADO, CRONISTA OFICIAL DE ALCOBENDAS (MADRID)

De la mítica Ava Gardner, «El animal más bello del mundo», apodo con el que fue conocida en el mundo cinematográfico, se ha escrito y narrado bastante sobre su estancia en Madrid y en La Moraleja entre los años 1955 y 1962, pero nada se ha dicho sobre su relación con una familia del pueblo de Alcobendas.
Vivía la actriz en 1954 en el madrileño hotel Castellana Hilton cuando compró el chalet denominado “La Bruja”, en el nº 4 del Paseo del Conde de los Gaitanes, en la hacía poco tiempo estrenada urbanización de La Moraleja. Mientras se reformaba el chalet enfermó el guarda de la obra, el alcobendense Antonio Gibaja Baena, conocido como Antonio “Maceo”, y fue sustituido en sus funciones por su hijo, Antonio Gibaja Melendro, a quien, Ava, al término de la obra, le pidió que se quedara a trabajar con ella como jardinero y mayordomo, su mano derecha en La Moraleja. Antonio aceptó y estuvo unido a la Gardner hasta su marcha definitiva de España en el año 1962.
Antonio vivía fijo en el chalet, y su esposa, Margarita Delgado Díaz, acudía a hacerle compañía y a ayudarle a él y al personal de servicio en sus tareas. Junto a ella, muchas veces, iba la hija de ambos, Josefa Gibaja Delgado, de siempre conocida en Alcobendas como “La Jose”, una niña de seis años que hoy, pese al tiempo transcurrido, guarda muchos gratos recuerdos de la gran estrella holliwoodiense.
José entraba y deambulaba por “La Bruja” como Pedro por su casa, y hasta hurgaba en el despampanante ropero de la actriz y se ponía sus zapatos con toda la inocencia de una niña rubita de ojos azules y mirada clara de la que la Gardner se encariñó. Muestra de ese afecto fue un pequeño libro de cuentos en inglés, con el que la actriz intentaba enseñarle su idioma y que aún lo conserva como preciado tesoro. En él se lee una dedicatoria: “to Josefina/my fiend/my love/ Ava Gadner”. Ava también la sentaba junto a ella al piano y cogía sus dedos enseñándole a tocarlo. Una noche, estando José acostada y dormida, Ava entró a su cuarto junto con el actor italiano Walter Chiari, quien la besó y dio un abrazo, descubriendo que bajo la almohada había un dientecito. Extrañados, preguntaron a su madre por ello, explicándoles ésta lo del ratoncito Pérez. Algo totalmente desconocido para ambos, pero José al despertar se encontró bajo la almohada con una moneda de medio dólar de plata que aun hoy conserva.
El también mítico cantante y actor Frank Sinatra, conocido como “La Voz”, vino a España en el año 1956 a rodar una película y aprovechó el viaje para intentar la reconciliación con Ava, todavía su esposa. José recuerda el día que, tras escuchar un timbrazo, acudió rauda a abrir la puerta de “La Bruja” y se encontró con un señor con sombrero, para ella totalmente desconocido, que la cogió en brazos. Era nada menos que Sinatra. Margarita, su madre, llegó tarde al reclamo del timbrazo, y se encontró la escena de ese señor, también para ella desconocido, agachado haciendo carantoñas a la niña. Frank llevaba un sombrero negro con una ancha cinta blanca, que al encontrarse con la cabeza inclinada, la madre interpretó que tenía la cabeza vendada.
Ese día el legendario cantante tuvo a la Jose sentada en sus rodillas. Hoy le recuerda afable y dicharachero con ella, aunque no entendiera lo que le decía. Conserva una foto de “La Voz” con la bonita dedicatoria en español de “Para Josefina. Con amor y muchos besos. Frank Sinatra”. Fue la única vez que vio al americano. A Walter, el actor italiano, lo vio más veces, como también al actor portugués Virgilio Teixeira que igualmente estuvo relacionado con la Gardner, y de ambos conserva fotos dedicadas. De quien no conserva foto alguna es del escritor Ernest Hemingway, pero le recuerda visitando a Ava y bebiendo los daiquiris que su padre le preparaba.
En el año 1958, al poco de nacer Justa, la hermana de Jose, acudió una noche Ava a Alcobendas, a conocer a la niña, y se tumbó en la cama con las dos. Justa, con sus escasos quince días, dio con su manita en el antebrazo de Ava, que estaba repleto de pulseras, y metió un dedito entre ellas, preguntándole risueña la actriz, en su incipiente español, que si quería una, para acto seguido quitarse dos y regalar una a cada niña.
No era la primera vez que Gardner había acudido a Alcobendas a casa del matrimonio Maceo. Cuando vivían en la calle Empecinado esquina con la carretera de Barajas, iba allí sin recordar cuál era la puerta de la casa, pero sabiendo que estaba cerca de la cruz de la calle de la Cruz, que le gustaba, y allí mismo se ponía a voz en grito a llamar a Antonio y a Margarita, aunque fuera de madrugada, pues ella era noctámbula. Los vecinos, desvelados, avisaban a Antonio y Margarita que por ellos preguntaban.
Al poco de nacer Justa acudió un aparatoso coche que casi no cabía en la calle con orden de buscar a la madre y a las niñas para llevarlas a La Moraleja. Una vez en el chalet, Ava dejó a la cría en una cama con una doncella y llevó a Margarita a su cuarto de baño, donde la bañó, peinó y vistió con su ropa. Jose recuerda cómo no conocía a su madre cuando la vio salir de tal guisa vestida y maquillada. Ava se preocupaba por la silueta de Margarita, y le hacía pasar por un hueco que había en la cocina, entre la pared y una columna, y al no poder traspasarlo como ella sí que lo hacía, le decía así que debía de adelgazar.
En las Navidades de uno de aquellos años Antonio había enfermado y Ava fue hasta su casa, para interesarse por su salud para después mandar un médico de Madrid que le atendió. En esa visita de la actriz preguntó a Margarita por la chimenea de la casa, y al responderle negativamente, preguntó, desde su mentalidad norteamericana, dónde ponían entonces el calcetín navideño. Unos días después se presentó con un árbol de Navidad. Un abeto tan grande que no cabía en la casa de los Maceo y hubo que cortarle. El árbol iba acompañado de bastantes bolas de cristal y fue el primer árbol de Navidad que se instalaba en Alcobendas, y el que todo el mundo quería ver.
Al año siguiente, las bolas de la Gardner decoraron el árbol que Manolo y la Conce, tíos de la Jose, colocaron su bar Avenida. Muchas de las bolas, de un cristal tan fino, acabaron hechas añicos con el incesante toqueteo de curiosidad que se generó en el bar.
Cuando comenzaron a llegar los americanos al Encinar de los Reyes y ser conocedores de la residencia de la diva tan cerca de sus casas comenzó a quebrarse la tranquilidad que Ava había buscado en La Moraleja. En el año 1959 vendió “La Bruja” y despidió a todo el servicio doméstico, Antonio incluido. Jose conserva la carta de despido firmada por la actriz con el membrete del hotel Castellana Hilton. Días después, arrepentida, le pidió que continuara con ella en su nueva casa de la calle Doctor Arce nº 11, en El Viso, lo que así hizo hasta su definitivo adiós a Madrid en el año 1962. En ese tiempo intentó llevarse a Jose con ella para que pudiera estudiar y aprender inglés en Madrid, sin que consiguiera despegarla de Alcobendas por negárselo sus padres.
La Jose recuerda con sumo cariño el paso de Ava Gardner por su vida y el cariño que de ella recibió, que lo es recíproco hacia ella. Su recuerdo está muy presente en su casa con varios objetos y fotografías con expresas dedicatorias: “Josefina, best wishes” y “To Josefina, with all good wishes”. Pepe Aguado, su marido, apodado en el pueblo como “el cinematógrafo” por ser un cinéfilo empedernido, sin duda, ha contribuido bastante a que Pepa no pierda la memoria de ese afecto, generosidad y permisividad que de la diva recibió.
Su casa de la calle Picatrés nos recibe con una gran foto de Ava Gardner, y un cuadro de su querida Virgen de la Paz bordado con hilos de colores sobre el grabado del año 1826, realizado por una tía abuela de la Jose llamada, como ella, Josefa Gibaja. Toda una pieza histórica de la devoción a Ntra. Sra. de la Paz en Alcobendas. Jose está segura que su Virgen de la Paz tiene con Ella en el cielo a su Ava Gardner por lo cariñosa y generosa que con ella fue en su infancia.
FUENTE: J.C.