EL PRIMER CENTENARIO DE LA VILLA DE PEÑARROYA-PUEBLONUEVO (AVISO)
Ene 11 2026

POR JERÓNIMO LÓPEZ MOHEDANO, CRONISTA OFICIAL DE PEÑARROYA-PUEBLONUEVO (CÓRDOBA).

Bueno, aquí está ya 2026 con sus incertidumbres y sus esperanzas. Y aquí estamos nosotros también con nuestras particulares y colectivas tras estas fiestas en las que el intenso frío y las lluvias no han menguado el vivirlas en la calle ni la alegría de los reencuentros con amigos y familiares, pero sí han aumentado las más o menos asumidas tristezas generadas por el recuerdo de quienes se han ido quedando en el camino o las nostalgias por otros tiempos vividos, aunque sobradamente sepamos que no fueron mejores simplemente por haber sido ya vividos, sino por la pátina de añoranzas y evocaciones con los que las envolvemos.

Y para estos meses del flamante Año Nuevo se nos presenta como reto la preparación para la conmemoración del Primer Centenario del nacimiento de la efímera Villa de Peñarroya-Pueblonuevo en febrero de 1927 como peldaño previo al otorgamiento por el rey Alfonso XIII del título de Ciudad 1928. Un reto que puede parecer menor ante las dificultades de todo tipo que se viven en nuestra localidad, pero que ciertamente no lo es pues podría ser una oportunidad para que los políticos que integran el tan desunido y enfrentado consistorio peñarriblense trataran de buscar los puntos de encuentro, esos por los que dejar a un lado, aunque solo fuera de una manera provisional, antagonismos, rencillas, desacuerdos, personalismos, querellas y conflictos haciendo realidad esas palabras con las que se llenan la boca reivindicando en sus programas la búsqueda de lo mejor para Peñarroya-Pueblonuevo y para sus vecinos, aunque luego el sometimiento a los dictados de las siglas de sus partidos nacionales o autonómicos suelan convertirlos en algo inconsistente, olvidable según cada momento y que se guarda en el baúl de los buenos propósitos para mejores ocasiones (léase nuevas campañas electorales o similares) mientras nosotros, quienes les votamos, quienes teóricamente tendríamos en nuestras manos el poder para mantenerlos o rechazarlos en la dirección de los asuntos públicos nos limitamos a votar por afinidad, por miedo a terceros o lo que es peor pensando en que da igual unos que otros porque todos van a lo mismo: algo indefinido que los engloba con un detestable común denominador que nos lleva a verlos como los mismos perros, pero con distintos collares,

Como a gentes que al buscar sus propios intereses se convierten en una minoría más o menos poderosa y excluyente del resto de la ciudadanía al haber olvidado que la Política –que ya habría de considerarla desde el simple hecho del respirar, pues no es lo mismo respirar un aire limpio y sano que otro contaminado– debería ser la aplicación de los procesos pertinentes para solucionar los problemas de los ciudadanos procurando mejorar su calidad de vida, su bienestar y salud y su cultura.

Los ciudadanos no somos solo una fuente de ingresos para oligarcas y poderosos, ni tampoco un rebaño amorfo y sin criterio que se pliegue a las directrices de quienes decretan para el pueblo productos ultra procesados, como alimentos para el cuerpo, y redes sociales como ultra procesados para la mente con el fin último premeditado de pastorearnos con la mayor facilidad mientras metódicamente van procediendo a vaciar de contenidos a la tan trabajosamente conseguida Democracia, en nombre de una neoideología, esa que tan pudorosamente se denomina en este tiempo como iliberal, buscando remotos parentescos mientras se hacen cabriolas imposibles con las palabras para justificar absurdidades inadmisibles que ni siquiera se atrevió a imaginar el utópico George Orwell en su conocida distopía “1984” que es la que parece que se va imponiendo en este primer tercio del siglo XXI.

Como Cronista inicié a mediados de 2024 una campaña de concienciación de las autoridades municipales sobre el asunto de la necesidad de celebrar de una manera sencilla, pero digna, de una serie de actos que, además de conmemorar esta importante efeméride que es la creación de Peñarroya-Pueblonuevo en 2027, constituye una ocasión única para honrar nuestra memoria colectiva como peñarriblenses y también para revivir nuestra historia minera, industrial, agroganadera, cultural y comercial sirviéndonos de ella como un trampolín que nos ayude a proyectar hacia el futuro los valores de esfuerzo, trabajo y solidaridad que durante estos cien años han caracterizado al ser y a las gentes de tan diversa procedencia que proporcionaron la particular idiosincrasia a quienes desde hace poco más de treinta años hemos aprendido a identificarnos como “peñarriblenses”, en una fusión de sentimientos compartidos no solo por quienes hemos permanecido en nuestro solar, bajo la tutelar sombra del Peñón de Peñarroya, sino por los que por azares de la fortuna o por las crisis sucesivas tuvieron que buscarse la vida llevándose en un rinconcito del corazón su propio y personalísimo e idealizado Peñarroya-Pueblonuevo, a reconstruir cada vez que la nostalgia lo requiriera a la manera que se hace con los belenes o los árboles navideños.

También sé que las cosas no se pueden dejar solamente en manos de los políticos, aunque estos sean los que tengan en última instancia la voz y el poder. Es preciso movilizar a las diversas asociaciones industriales, vecinales, culturales, escolares, deportivas, religiosas y demás instituciones locales, provinciales y autonómicas para que ayuden a agitar las conciencias de una ciudadanía que cada vez se muestra menos interesada en el devenir colectivo, que se deja arrastrar por la apatía y la desesperanza en un mundo que no da demasiadas facilidades para lo contrario, en un mundo que ya no cree que el pasado sea inmutable y eterno, pero no porque el trabajo de nuevos investigadores o el descubrimiento de novedosas fuentes archivísticas o la apertura de repertorios de secretos oficiales temporalmente vedados atendiendo a un no demasiado entendible interés político que a veces se sigue extendiendo hasta a más de un siglo hacia atrás, puesto que se está demostrando en muchas ocasiones que es posible falsificarlo atendiendo a voluntades interesadas y poderosas, a pesar de la existencia de archivos o testimonios gráficos o memorias orales y escritas, así como una mayor facilidad para acceder a legajos, protocolos y otra documentación en centros públicos y privados.

No podemos permitir que la alianza entre la indiferencia, la indolencia, el desafecto y la ignorancia generada entre otros motivos por una inadecuada formación académica –de la que, por justicia, habría que excluir la impartida durante la enseñanza obligatoria– nos lleve a eludir la búsqueda de una celebración del Centenario de Peñarroya-Pueblonuevo que, en primer lugar, integre el devenir histórico de nuestra comunidad ampliando el conocimiento y la divulgación de la historia local que facilite el reconocimiento de quienes se constituyeron en nuestras raíces. En segundo lugar debe permitir una revalorización útil y efectiva de los espacios mineros y de esa joya en bruto que, a pesar del abandono y la falta de iniciativas, podría convertirse el Cerco industrial para el turismo, si aprendiéramos a promocionar rutas patrimoniales y a realizar exposiciones temáticas aprovechando, y mejorando los recursos societarios y el tejido humano existentes buscando una mayor solidez en la participación ciudadana de los peñarriblenses en la programación de los actos del Centenario.

Desde ahora, cuando quedan 399 días para la llegada del 3 de febrero de 1927, la celebración comunal e histórica de este primer Centenario del nacimiento de la Villa de Peñarroya-Pueblonuevo, que permitió el posterior de la actual Ciudad, está un poco más en manos de todos. ¡Y queda mucho, mucho por hacer! Salud y feliz Año Nuevo.

FUENTE:https://infoguadiato.com/aviso-sobre-el-primer-centenario-de-la-villa-de-penarroya-pueblonuevo/

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