POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

La infancia es un periodo de nuestra vida, en la que echamos “el ancla” de nuestro velero de recuerdos y periódicamente volvemos a ella. “Es posible que mi nombre derive de la abundancia de parras que hubo en esta zona de la villa. Debes conocer como, antes del olivo, se cultivó en esta comarca una vasta extensión dedicada a la vid, con numerosas casonas que en sus bodegas elaboraban excelentes vinos. Vienes con bloc y bolígrafo para que te cuente mi historia; me temo que tendremos que hacer un recorrido por nuestras vidas comunes, ya que hemos convivido en el periodo de recuerdos de tu niñez.
Recuerdo tu afición al fútbol, viejas pelotas de trapo o goma rodaban sobre mí; las carreras cuando aparecían los guardias municipales y el primer balón de cuero, con aquellas correas que al golpear la cabeza dejaban un fuerte dolor.Destacaba la unión de los vecinos en las luminarias, todos los años se quemaban en el fuego las ramonizas y leñas, junto a la casa de Aurora o Encarna, las vísperas de la fiesta de San Antón, la Candelaria o San Blas. Canciones alrededor del fuego y el vino dulzón de San Antón, que se preparaba con sumo cuidado, con aquellas rugosas, pero dulces ciruelas que se habían dejado secar largo tiempo.
Los juegos eran diferentes a los actuales: los castros, el trompo, las bolas y el fútbol para los niños; la rayuela, el diablo o la comba para las niñas. Apurabais vuestras noches de juegos, mientras la familia tomaba el fresco a la puerta de las casas. Miguel, Paco, Fernando, José García, compañeros de juegos, seguíais el vuelo extraño de los murciélagos, que a veces capturabais intentando ponerle un cigarro en la boca, era frecuente escuchar la frase “fumas más que un murciaguillo” Aquí recibiste tus primeras letras, lejos de la escuela, junto con Fernando y José Pablo en aquellas tardes invernales, de aprendizaje y juegos de fútbol. Conozco tu agradecimiento a la que fue tu primera » maestra» para la vida, Josefina López-Obregón.
Suspiro aún por aquel intenso aroma a matanza, el ajo morcilla, picadillo de chorizo o aquellas cortezas que tu madre freía como nadie, para vuestra pequeña taberna. Sacrificio, trabajo y bondad, de tu msdre. Cándida, para tomar muy joven el tren del viaje definitivo , dejando una estela imborrable. ¡Qué gran sensación causó la inauguración del Palacio del Vino! Uno de los locales destacados de la localidad, inmenso local, con su amplia y vistosa barra de granito. Pedro y su mujer Lola, comenzaron una etapa de prosperidad., ayudados por sus hijos, Gabriel, Pepi y Lola.
Fui, y sigo siendo una calle comercial de destacada importancia: Sastrería Segarra, con Francisco, y Rosario, sus hijas, y Miguel, que jugaba en el Villanueva y admirabas cuando salía los domingos camino del campo de fútbol. La Pilarica, aquel comercio de ultramarinos, que regentaba Poli y que te acogía a tus cuatro años y mantenías una intensa admiración por él, te dejaba en la trastienda entrar coger, colocar en una especie de santurario de olores de especias, y dulces. . La radio que tenía en su comercio te permitió escuchar el “gol de Zarra a Inglaterra” en 1950; el terremoto de este periodo, que sacudió la localidad; en el que estaba subido a una pequeña valla de una obra y como gritabas ,” Poli, Poli un telemoto”, Nazaria su mujer un modelo de persona; la mercería de Modesto de carácter agradable, seguidor del Real Madrid; Alacio, el hojalatero que con sus golpes al amanecer y siestas, golpes a yunque y hierro, indicaban el lento paso del tiempo; vendió su casa, y construyó una nueva, José García Franco, uno de los mayores impulsores del aceite de oliva, y de la indutria local.Su hijo Pepe,vecino, compartimos tardes en la fábrica de aceite jugando entre los trojes de aceituna y los grandes depósitos de aceite, me mostraba la biblioteca de su madre, especialmente las obras de García Lorca; Pepe falleció, muy joven en un accidente de tráfico; Román como una familia amiga, sus hijas Pilar, Santi, Carmen…que marcharon de Villanueva, pero siempre lo llevan en el corazón: el horno de Encarna; el taxista Merino y su familia; la panadería de Isabel, la mercería y telas de Jacinto, peluquería Cortés, Paco, aficionado al fútbol, sus hijas con una peluquería de señoras; sastrería Basilio, sombrerería de Pedro Yeste, Angel Martínez, una tienda de gran solera, de comestibles y otros productos, que continuó su hijo Tino; Marcos Avilés, con tienda de tejidos en la calle Palma, sus hijos Juan y Pepe; Jacinto Herreros, Pedro Montañés, uno de los grandes comercios de la localidad, juegos, con Manolo su hijo en las cámaras con mil juguetes ,…
Aún se mantienen con tradición Constantino Martínez, cayendo bajo la piqueta el edificio y comercio del Arca de Noé, los superalmacenes de la localidad Esteban Ruiz dejó para la posteridad una serie de fotos de los años 28 al 30, su hijo Mariano de gran habilidad comercial y personal. Aquí vivió uno de los personajes más populares de la ciudad, el maestro don Poli, humor y gracia en cada momento y cuya biografía merecería un estudio especial. Cómo os reunía a los niños, y en el portal de su casa, ecchaba monedas de perragorda ,en un cubo con agua, para que las sacáseis con la boca; tenía una responsabilicad en el Ayuntamiento relacionado con los alimentos, recuerdo la descarga de los camiones de algarrobas, ayudábáis y siempre os regalaba a todos los niños, una buena bolsa, las cancioncillas que os enseñaba..
Las casas de Cayetano Nieto, Luis Campos, Doña Rita Rueda que había sido maestra, ya mayor y jubilada; después Francisco Avilés con un destacado puesto en el Ayuntamiento… Aún queda la huella que dejó el médico D. Francisco Ardoy, en sus numerosas noches, con las luces encendidas atendiendo alguna urgencia, y que fue modélico en su profesionalidad y amistad. La casa de Francisco, agricultor y Mercedes su esposa, con varios hijos para compartir juegos y amistad, Toñi, Paco, Miguel, Ramona, Manuel, Pepe…familias numerosas.
Calle de tránsito diario de José » El Ciego», con su garrota, reconocible por su forma especial de ir silbando las canciones de aquellos tiempos, y que después podías escuchar con su guitarra. Transmitió a algunos alumnos su habilidad en el manejo de este instrumento. En las siestas calurosas, pregonaban el rico helado, que llevaban primeramente a cuestas con esas garrafas tan peculiares de nácar y nieve, y después con el clásico carro, digno de conservarse para un estudio de “ oficios antiguos”. La voz de » torraos», despertaba el modorro de la siesta, saliendo a cambiar “dos medidas de garbanzos” crudos que entregabais, por una de aquellos «blancos” de excelente sabor.
En las cuatro esquinas la venta de paloduz, moras, mermecinas, o Isabel a la que llamaban “ La Tía Chiquitilla”, vendiendo cañamones, y que se llevaba vuestro pequeño sueldo de los domingos. La peluquería de Juan “Mela”, de gran éxito por su trabajo y su dominio de la guitarra. Vamos a contemplar otros aspectos. Hoy hemos hablado de personas, que configuran lo más destacado de calles y villas, juegos, costumbres, y hemos olvidado un aspecto algo más frío de la historia, pero bueno es mezclar el cuerpo con el alma.
FUENTE. M.L.F.