POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)
El primer puente de Arriondas se construyó hace 165 años según diseño de un meritísimo ingeniero. El secretario municipal amenazaba con dimitir.
-La mitad de los “individuos” (concejales) eran elegidos mediante sorteo. El mercado del ganado era los martes en el “Llerón del Barco” -Había un “cirujano” (médico) y un “practicante-sangrador”.No pocos niños solían acudir descalzos a las escuelas que estaban en los pórticos de las iglesias.
– A veces se suspendían los plenos municipales porque los “individuos” se iban de fiesta o de feria. -Un carro transportaba la sal desde Ribadesella, a veces a medias con Cangas de Onís. En el año 1846 empezó a pensarse en construir el primer puente para Arriondas, pero el consistorio alegaba que no tenía dinero para el que ya llamaba “puente de los brazos”, además pensaban levantar un nuevo ayuntamiento en los años siguientes. Hasta ese momento sólo se podía acceder a la villa en las lanchas o barcazas que cruzaban los ríos río Sella y Piloña.
Catorce años aún se esperó para ver el proyecto del mismo, dado que en mayo de 1860 fue el Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, así como profesor D. Pedro Pérez de la Sala y Suárez-Baró (Oviedo 1827 – Madrid 1908) quien presentó el proyecto del puente y fue aprobado el 26 de julio de ese mismo año.
Sería el 18 de septiembre de 1860 cuando el Boletín Oficial de la Provincia publicó el anuncio de la subasta de las obras del puente, cuyo presupuesto era de 702.956 pesetas. Tres grandes bóvedas esquifadas y sus correspondientes arcos escarzanos fueron la imagen del puente que daba entrada o salida a la villa parraguesa sobre el Sella hasta el final de la Guerra Civil en la zona, en octubre de 1937.
De Ozanes se empleó la piedra caliza de sus sillares y la mampostería procedía de las canteras de Pilanegru.
El ingeniero Pérez de la Sala es recordado por obras como el depósito de aguas de Oviedo (1846), de singular belleza y muy alabado por su ingenioso sistema de arquitectura; tras resultar insuficiente para abastecer de agua a la Oviedo se construyó sobre el mismo en 1999 el Auditorio-Palacio de Congresos “Príncipe Felipe”. Entretanto, el secretario municipal de Parres amenazaba con dimitir si no le ponían un escribano como ayudante y no le subían 120 ducados más a su ya abultado sueldo de 2.500 anuales.
El pueblo de Castiello pedía componer su fuente de “La Chopa” en Prunales y se procedía al sorteo de los “individuos” (así se llamaba a los ahora concejales). Cada dos años se renovaba la mitad de dichos “individuos” mediante sorteo, siete cesaban y ocho continuaban. En una bolsa se metían quince bolas con los nombres de todos ellos y en otro talego otras quince, ocho con la palabra “continúa” o “sigue” y siete con la de “sale”.
Se removían bien y dos niños iban sacando una de cada bolsa hasta completar los siete que debían abandonar el Ayuntamiento. Los niños recibían unos maravedís como regalo y, en las elecciones municipales siguientes se cubrían los puestos de los siete que habían cesado.
En 1866 era alcalde Francisco Llerandi y, secretario, Inocencio del Valle. En este año encontramos citado por vez primera el mercado de ganados en la villa, en el lugar denominado «El Llerón del Barco»; para ello se expropiaron los árboles necesarios para agrandarlo y para construir “casas para la venta de objetos de comercio”. Ese año de 1866 se hace un listado de todos los caminos del concejo, y se fija un sueldo de 106 escudos anuales para pagar al cirujano de 4ª clase que ayudase al titular a atender a los muchos pobres enfermos que había, (el escudo de plata se había implantado en España dos años antes).
Era “practicante-sangrador” Félix Gutiérrez Castaño y se dudaba de que fuesen precisos sus servicios, pues si el cirujano (hoy médico) acudía -por ejemplo a Cofiño- a atender a un enfermo y veía que era preciso que acudiese el practicante a hacer una sangría, mientras llegaba a Arriondas, avisaba al practicante y éste acudía a hacer su labor, pasaban muchas horas y que él mismo (el médico) podía hacer esa labor.
No pocos niños del siglo XIX acudían a la escuela descalzos. Las escuelas solían estar en los pórticos de las iglesias, abiertos al exterior, o en locales carentes de todo lo imprescindible para una mínima enseñanza. Un sueldo de 2.500 reales anuales era lo máximo que podía cobrar el maestro de San Martín de Cuadroveña. A los cerca de treinta maestros del concejo les pagaban con retrasos de hasta un año. Las quejas de los dueños de las casas que el Ayuntamiento alquilaba para vivienda de maestros y maestras y -años después- como escuelas, eran continuas, por no pagar la renta en tiempo y forma.
No pocas veces se suspendían los plenos municipales por falta de la mayoría de los “individuos” (concejales) -había plenos hasta tres veces en un mes- como ocurrió el 9, 16 y 23 de mayo de 1876. Como el mercado semanal y el pleno coincidían en martes, algunos no acudían al segundo, aunque lo mismo ocurrió cuando se cambió el día y hora de las reuniones, fuesen éstas a las 11 de la mañana o a las 3 de la tarde.
En una ocasión -los después llamados concejales- justificaron su ausencia porque se habían ido a la feria de Corao; en otra porque se fueron a la fiesta de Nuestra Señora de Los Remedios de la Roza de Parres (fiesta fundada en 1664, una de las más antiguas del concejo de Parres) o -como ocurrió el 29 de febrero de 1876, martes de Carnaval- salieron a celebrar las carnestolendas en aquel año bisiesto. Un carro transportaba la sal desde Ribadesella (a veces a medias con Cangas) y se pagaba por ella de acuerdo con las “clases” de los parragueses. Los vecinos de “primera clase” abonaban 4,5 reales por su consumo; 3,5 los de “segunda”; 2,5 los de “tercera”, 2 reales los de “cuarta”, un real los de “quinta” y medio real los de “sexta”. Estas clases estaban estipuladas según la riqueza imponible, desde 200 pts. o más los de “primera” hasta los de “sexta”, cuya riqueza imponible estaba entre 1 y 9 pts.
