«CADA PROCESIÓN ES EL RESULTADO DE UNA HERENCIA QUE HEMOS RECIBIDO Y DEBEMOS PRESERVAR»
Mar 23 2026

POR JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO, CRONISTA OFICIAL DE TRUJILLO (CÁCERES)

Con la llegada de la Semana Santa, Trujillo se transforma. Sus calles empedradas, su plaza Mayor porticada y el perfil inconfundible del castillo se convierten en el telón de fondo de una de las celebraciones religiosas más singulares de Extremadura. José Antonio Ramos Rubio, cronista oficial de Trujillo, fue el redactor del informe que permitió a la Semana Santa trujillana obtener en 2012 la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional. Ahora la ciudad avanza con paso firme hacia un nuevo objetivo: la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Un reconocimiento que, según explica Ramos, «no haría sino confirmar el peso histórico y cultural que esta celebración ha tenido durante siglos».

La declaración de 2012 no fue fruto del azar, según cuenta el cronista: «Detrás hubo un exhaustivo trabajo de documentación que, aunque condicionado por la premura de los plazos administrativos, logró reunir los argumentos necesarios para acreditar la originalidad especial de la Semana Santa de Trujillo, su extraordinario valor histórico-artístico y la belleza incomparable de sus procesiones enmarcadas en un entorno medieval único».

“Se podría haber redactado un informe aún más amplio basándonos en los importantes legajos que custodia el Archivo Municipal y en los archivos parroquiales», añade el cronista. Sin embargo, «el tiempo apremiaba. La documentación debía entregarse en un plazo breve y hubo que acudir a fuentes bibliográficas ya publicadas que permitieran sustentar con rigor histórico la solicitud». Entre esas obras, destaca Ramos, están los estudios de Tena Fernández y Clodoaldo Naranjo, así como el libro que el propio cronista dedicó a la Semana Santa trujillana. Pero, sobre todo, «fue determinante la obra de Antonio Cantero Muñoz y su libro ‘La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna’, publicado en 2006, que ofrecía una investigación minuciosa sobre la Semana Santa en Trujillo en el siglo XVIII. Ese trabajo fue fundamental, el mayor aporte del informe procede de este libro. La mayor parte de la información desarrollada en este informe tuvo como base principal el libro de Antonio Cantero, cuya obra sirvió como fuente fundamental para la recopilación, análisis y estructuración de los contenidos presentados».

La obra de Cantero Muñoz, según recalca Ramos Rubio, «aportaba datos inéditos, documentación contrastada y un análisis profundo del papel de las cofradías de Trujillo en la Edad Moderna; parte de lo cual fue textualmente incorporado al expediente administrativo con el resultado perseguido por la Corporación Local: la declaración de fiesta de interés turístico».

El cronista aclara además una cuestión que en ocasiones ha suscitado cierta controversia: el informe presentado para la declaración regional no incluía bibliografía. La razón es sencilla. «Se trataba de un informe administrativo, no de una publicación científica, que no se iba a publicar», explica. «No estaba previsto que se difundiera como obra impresa, sino que sirviera de base técnica para la concesión del reconocimiento: de administración a administración y, por su carácter de expediente, no se relacionaron las fuentes bibliográficas utilizadas».

Pese a ello, «el documento recogía los fundamentos históricos y artísticos necesarios para justificar la singularidad de la celebración. La antigüedad de las cofradías, la continuidad en el tiempo de los desfiles procesionales y la conservación de un patrimonio escultórico de primer orden fueron algunos de los pilares argumentales».

Uno de los aspectos que más destaca Ramos es la categoría artística de las imágenes que procesionan durante la Pasión. «Estamos hablando de un patrimonio de enorme valor», insiste. «Tallas como el Nazareno, La Piedad o el Cautivo constituyen auténticas joyas devocionales y artísticas que han sido objeto de veneración durante generaciones. El Nazareno, pieza central de una de las cofradías más antiguas, es una imagen profundamente arraigada en la religiosidad popular trujillana. La Piedad, de sobrecogedora expresividad, y el Cautivo, de intensa carga emocional, completan un conjunto que combina tradición, arte y espiritualidad».

Estas imágenes, a juicio de Ramos, «no solo son elementos de culto, sino también testimonio de la evolución estética y de la sensibilidad religiosa de cada época. En ellas se aprecia la huella de talleres y artistas que dejaron su impronta en la imaginería extremeña, configurando un patrimonio que trasciende lo local».

Si algo singulariza la Semana Santa de Trujillo es su marco urbano. Las procesiones discurren entre palacios renacentistas, iglesias históricas y murallas medievales que parecen retrotraer al espectador a otros siglos. El contraste entre la piedra dorada de los edificios monumentales y el recogimiento de los cortejos procesionales crea una atmósfera difícilmente replicable en otros lugares. «La belleza de nuestras procesiones no puede entenderse sin el entorno”, afirma el cronista. “El casco histórico de Trujillo es parte esencial de la celebración. No es un simple escenario, es un protagonista más».

La iluminación tenue, el sonido de los tambores y el silencio respetuoso del público convierten cada recorrido en una experiencia estética y espiritual que deja huella tanto en vecinos como en visitantes. Más allá de su dimensión religiosa y cultural, la Semana Santa representa un motor económico para la ciudad.

Lleno de turistas
Durante esos días, Trujillo se llena de turistas atraídos no solo por la riqueza monumental de la localidad, sino también por la singularidad de sus desfiles procesionales. Hoteles y restaurantes registran una ocupación elevada, y las calles se llenan de visitantes que descubren o redescubren el patrimonio histórico-artístico de la ciudad. «La Semana Santa es también una oportunidad para mostrar al mundo lo que somos», señala Ramos.

La aspiración actual de Trujillo de obtener la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional responde, en buena medida, a esa proyección creciente. «El reconocimiento supondría un espaldarazo institucional que consolidaría a Trujillo como destino cultural y religioso de referencia en el ámbito nacional».

Para el cronista oficial, la Semana Santa no es solo un evento anual, sino una expresión profunda de la identidad colectiva. En ella confluyen siglos de historia, devoción popular, esfuerzo asociativo y transmisión generacional. «Cada cofradía, cada imagen, cada recorrido procesional es el resultado de una herencia que hemos recibido y que tenemos la responsabilidad de preservar», reflexiona Ramos Rubio. Esa conciencia patrimonial ha sido clave para mantener viva una tradición que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.

En la actualidad, informa el cronista, «la ciudad trabaja en la recopilación y actualización de documentación que refuerce la candidatura a nivel nacional. Esta vez, con más tiempo y recursos, podrán incorporarse de manera sistemática los fondos del Archivo Municipal y los archivos parroquiales, enriqueciendo aún más el relato histórico».
Mientras tanto, cada Semana Santa renueva el compromiso de Trujillo con su pasado y su futuro. Bajo la mirada serena de sus murallas y torres, la ciudad revive una tradición que no solo emociona, sino que define su carácter. Y, como concluye Ramos, «es precisamente esa combinación de historia, arte y entorno lo que hace que nuestra Semana Santa sea verdaderamente única».

FUENTE:https://www.elperiodicoextremadura.com/extremadura/2026/03/22/procesion-resultado-herencia-hemos-recibido-128088368.html

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