POR FRANCESC JOSÉ GÓMEZ NÚÑEZ, CRONISTA OFICIAL DE PLASENZUELA (CÁCERES).

Si hay una fiesta que define a esta bella localidad es la Vaca Embolá. Cada martes de carnaval, los quintos -esos jóvenes que antaño marchaban a la mili- toman las calles con caras tiznadas de corcho quemado, piden donativos y dan vida a la vaca más peculiar de Extremadura: no muge ni embiste de verdad, porque está hecha de madera y tela, pero corre con una vitalidad contagiosa.
tan solo 50 minutos de Cáceres, esta Campo Lugar, un pueblo que visité con Anna y mi compañero Cronista Jose Antonio Ramos, y es un lugar que me atrajo desde que supe su historia, Campo Lugar no es marcar una casilla en la lista de “pueblos bonitos de España”. Es, más bien, detenerse en mitad de la penillanura extremeña y descubrir que la calma también puede ser un lujo. Aquí, entre horizontes que parecen no tener fin y cielos que se ensanchan hasta el infinito, el viajero encuentra un refugio de autenticidad,
Campo Lugar nació en plena Edad Media, a la sombra de la poderosa Trujillo, cuando los campos se convirtieron en sustento y los hombres en labradores de la llanura. El nombre, por cierto, es casi un guiño irónico de la historia: primero fue ‘El Campo’ a secas, hasta que los carteros, cansados de confusiones, añadieron un ‘(Lugar)’. Y así, por pura burocracia, se bautizó definitivamente el pueblo.
Pero Campo Lugar no está solo: comparte identidad con Pizarro, un poblado de colonización fundado en el siglo XX. Es decir, aquí conviven dos formas de ser rural: la tradición medieval y la modernidad planificada. Pasear por el municipio es como cruzar un puente entre siglos, saltando del pasado al presente en apenas unos metros.
Quien llega a Campo Lugar no encuentra catedrales góticas ni palacios renacentistas. Aquí la belleza se mide en autenticidad. Su iglesia parroquial, Nuestra Señora de los Ángeles, parece hecha a contracorriente: el campanario no se alinea con el templo, sino que se levanta exento y orgulloso, como un rebelde arquitectónico. Sus piedras, algunas visigodas, otras medievales, revelan un palimpsesto donde las eras se superponen.
Camino de la Fuente
A las afueras, siguiendo el evocador ‘Camino de la Fuente’ se encuentra otro de los grandes símbolos de Campo Lugar: una fuente de origen romano. Rodeada de un entorno natural de gran belleza, con bosques de alisos y fresnos que dan cobijo a numerosas aves, la fuente destaca por su impecable arco de medio punto, construido con sillares de cantería perfectamente trabajados, y siguiendo los caminos, conectamos con los cruceros de granito que vigilan como centinelas pétreos, recordando al viajero que aquí la fe se sembró en la misma tierra.
Si hay una fiesta que define a Campo Lugar es la Vaca Embolá. Cada martes de carnaval, los quintos -esos jóvenes que antaño marchaban a la mili- toman las calles con caras tiznadas de corcho quemado, piden donativos y dan vida a la vaca más peculiar de Extremadura: no muge ni embiste de verdad, porque está hecha de madera y tela, pero corre con una vitalidad contagiosa. Lo importante no es el disfraz, sino la risa compartida, la comida en comunidad y ese ritual de unión que convierte a todo un pueblo en familia.
El verano, en cambio, pertenece a Nuestra Señora de los Ángeles. Verbenas, reencuentros y un pueblo que se llena hasta desbordar, como si los meses de silencio se redimieran en unos días de júbilo. Son estas celebraciones las que marcan el ritmo del año y conectan a los «campuseños» con sus raíces más profundas.
Si lo que queréis es aire puro y naturaleza viva, Campo Lugar tiene de sobras. La ruta PR-CC 237 “Llanos, Toros y Grullas” arranca desde la iglesia y enlaza patrimonio con naturaleza: la Fuente Romana, el Cerro Teresa y, de pronto, la visión de toros bravos pastando tras cercas que parecen de otro tiempo. Se trata de un recorrido tranquilo y sin gran dificultad técnica, que os permitirá una inmersión completa en el ecosistema local.
El paisaje se abre después en la Cañada Real de la Hornilla, con vistas que recortan las sierras de Montánchez y Las Villuercas en la lejanía. En otoño e invierno, además, la llanura se convierte en escenario de un espectáculo único: miles de grullas llegan desde el norte de Europa para pasar aquí la temporada. Su trompeteo resuena como una sinfonía natural que ningún teatro podría igualar. Si sois amantes del Birdwatching os lo recomiendo al ciento por ciento.
Como en toda nuestra región, Campo Lugar también se conoce con el paladar. Aquí la despensa extremeña despliega sus joyas: jamón ibérico de bellota, la untuosa Torta del Casar, el pimentón de La Vera que convierte cualquier plato en un festín rojizo y ahumado. Pero la verdadera cocina es la de los fogones humildes, las Migas extremeñas, la Caldereta de cordero, el Cochifrito, el Zorongollo y la Chanfaina.
En los postres, las recetas saben a abuela: perrunillas que deshacen en la boca, floretas dulces en forma de flor, o los sapillos, que llegan cada Semana Santa con aroma de canela y limón.
Mis Consejos para el viajero
Llegar a Campo Lugar es sencillo: desde Cáceres, en poco menos de una hora en coche, o en autobús con un poco más de paciencia. Aquí no hay hoteles de cuatro estrellas, pero sí casas rurales con encanto en pueblos cercanos, perfectas para dormir con el canto de los grillos de fondo. Para comer, los bares del propio Campo Lugar ofrecen tapas caseras; y si se quiere algo más sofisticado, Trujillo o Miajadas están a tiro de piedra.
La mejor época depende del alma de cada viajero: invierno para las grullas y el carnaval; primavera para caminar entre flores; verano para sumarse a las fiestas patronales; y otoño para disfrutar del sosiego.
Campo Lugar no es un destino para los que buscan luces de neón ni fotos “instagrameables”. Es un lugar para escuchar el silencio, para hacer fotos con la vista y guardarlas en tu álbum de sentimientos, es probar un trozo de historia en forma de migas y descubrir que todavía hay pueblos que no necesitan artificios para enamorar. En un mundo que corre demasiado deprisa, aquí se viaja despacio. Y eso, querido lector, es un lujo que no aparece en los catálogos turísticos.