CANTEMOS A MEDIAS
Feb 07 2026

CON VICENTE RUIZ DE MENCIA, CRONISTA OFICIAL DE BURGOS

 

Varias generaciones de burgaleses se lo saben al dedillo. Se entona, solemne, en actos de todo tipo, desde institucionales a deportivos. Sin embargo, muchos de los que se emocionan hasta el escalofrío cantando vibrantes a voz en cuello lo de la tierra sagrada y el suelo bendito y el ¡salve, salve, saaalveee! desconocen que el Himno a Burgos que recitan de memoria desde las mismas entretelas del corazón está muy lejos de ser la versión original, aquella que, hace ahora cien años, firmaron al alimón el compositor burgalés Rafael Calleja y el poeta palentino Marciano Zurita.

Tal cual. «Pocas ciudades podrán ufanarse, como la nuestra, de contar con un himno tan inspirado y emotivo; maravillosa y poética loa a esta tierra de dorados trigos vivificada por la lluvia, robustecida y curtida por el cierzo; himno vibrante cuyas estrofas producen sentimientos de inefable expresión, cuya musical armonía los eleva, cuyos ecos hacen sentir en el alma el singular orgullo de haber nacido en esta bendita tierra, altiva como las torres de sus castillos, humilde como el regato de sus amplias vegas, recia como los picos de sus serranías, inquebrantable en su fe, laboriosa y sufrida», escribiría un periodista de esta Casa en el trigésimo aniversario del que se ha convertido en todo un símbolo de la Cabeza de Castilla.

El Himno a Burgos se estrenó oficialmente el 27 de junio de 1926, en plenas fiestas de San Pedro ySan Pablo, en el marco de un festival. Un total de 250 niñas y niños, junto con las bandas de música de los regimientos ‘Lealtad’ y ‘San Marcial’ y bajo la dirección del propio Calleja, lo interpretaron por vez primera en la desaparecida plaza de toros de Los Vadillos. El público se sintió tan conmovido y maravillado que la ovación fue gloriosa, y hubo de repetirse nuevamente por aclamación popular y con sus autores en la palestra para que recibieran, con todos los honores, el homenaje debido.

«La poesía que Zurita ha escrito es un canto sugestivo que pone de relieve la hidalguía de la raza castellana y ensalza las bellezas artísticas que encierra nuestra querida tierra burgalesa. Calleja, que no en balde nació en este solar castellano, dando sus primeros pasos artísticos bajo las bóvedas de nuestra incomparable Catedral, no podía menos que producir una página musical sencillísima, brillantísima, vibrante, sugestiva, intercalando en su obra algunos cantos burgaleses que, hábilmente combinados, producen un efecto decisivo, que el público supo apreciar, tributando al maestro Calleja una ovación cariñosísima», rezaba la crónica del día del estreno.

Ese Himno a Burgos, que terminó siendo adoptado como el oficial, fue concebido como un himno escolar, esto es, una exaltación infantil de amor a la tierra. Como recordaba en un texto de la década de los años 90 Vicente Ruiz de Mencía, actual Cronista de la Ciudad y exdirector de este periódico, «el Ayuntamiento reconoció enseguida, como el propio pueblo, que el trabajo tenía un mérito especial, que había calidad en la música e inspiración en la letra que exaltaba los valores burgaleses y exhortaba a todos ‘a labrar su porvenir’.De ahí que se convirtiese en el himno oficial de la ciudad».

No existe una fecha exacta de esta decisión a todas luces institucional, pero quizás no esté lejos de mayo de 1939, cuando, como recordaba Ruiz de Mencía en el citado artículo, la familia del compositor (que había fallecido un año antes), donó al Consistorio burgalés la partitura del himno, que hoy se conserva en el Palacio de Castilfalé, sede del Archivo Municipal.

FUENTE:https://www.diariodeburgos.es/noticia/z42f416f3-5970-42a1-af00aa77210d419b/202602/cantemos-a-medias

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