POR PEPE MONTESERÍN CORRALES, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS).
Con los mariachis en El Abajeño, en Juárez, 231, Tlaquepaque (Jalisco). La cosa empezó con tequila reposado, sangrita, y guacamole con totopos (tortillas de maíz fritas, triangulares y crujientes); luego camarones al mojo de ajo, tacos al albañil (filete de res en cuadritos, chorizo desmenuzado, cebolla, jitomate y jalapeños picados), birria de chivo (birria lo llaman a la cazuela que se introduce en un horno de tierra, con costillas marinadas y chamberete -parte de la pata con hueso con tuétano-, caldosa), y de postre Jericalla y cajeta de Sayula (dulce de cabra con costra de caramelo).
Cantamos las de siempre: La ley del monte, Me dediqué a perderte, Cruz de olvido…, y cuando les pedí La polca del tololoche, uno me respondió que no tenían tololoche, que se lo habían robado; otro dijo que lo habían empeñado. El tololoche lo llaman al contrabajo; en su defecto, el del guitarrón se puso a hacer chicoteadas (darle vueltas como un trompo) y a cabalgarlo.
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