CRÍMENES PASIONALES Y CONFLICTOS EN LA HISTORIA DE LOJA (GRANADA)
Ene 19 2025

POR JOSÉ ARENAS ROPERO,  CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE LOJA. (GRANADA)

En 1508, el Gran Capitán fue enviado como gobernador a Loja, un destierro disfrazado de honor. Allí encontró una ciudad hundida en la corrupción y las intrigas, donde las pasiones y ambiciones desbordaban la ley. Traiciones, crímenes y secretos inconfesables tejieron una trama de poder disputado a sangre y engaño, marcando uno de los capítulos más oscuros de la historia de Castilla.

Nos situamos en los años en que el Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdoba, sufre el último agravio de su primo, el rey Fernando II de Aragón y V de Castilla. Por orden de la reina doña Juana I y de don Felipe I el Hermoso, ya fallecido, se le nombra en 1508 alcaide y gobernador de la Tierra de Loja, ratificado por el rey Fernando. Sin embargo, este nombramiento fue, en realidad, un destierro para el militar, quien fue un innovador en la estrategia bélica, poniendo fin a la guerra medieval mediante nuevos métodos y resultando vencedor en todas las batallas en las que participó, sobre todo contra los vecinos franceses y turcos, que pretendían ocupar las posesiones del Reino de Aragón en Italia y Grecia.

La situación social en Loja antes de su llegada era de un claro desorden, no solo en el aspecto moral, sino también por una gran corrupción entre la clase dirigente, que no siempre aceptaba las Cartas Reales y actuaba como si estuviese en plena época feudal. Los hidalgos ocupaban los cargos de relevancia: alcalde mayor, regidores, jurados, etc. La corrupción alcanzaba tal magnitud que, tras la muerte de tres personajes que llegaron a Loja y se empadronaron en 1491 —el jurado Morales, Cristóbal Mexía y Pedro Ruiz de Valdelomar—, surgieron intrigas políticas y enfrentamientos.

Años después, encontramos un manuscrito del cura de San Gabriel, Vega Calvillo, de 1734, que aclara algunos hechos relacionados con la ejecución de Pedro Ruiz de Valdelomar en la plaza pública en 1510. El licenciado Morales, hijo del jurado Juan de Morales, y el regidor Valdelomar habían acusado a Pedro Moreno de “…vender la jurisdicción de esta ciudad al comerciante y al marqués de Priego, sobrino del Gran Capitán…”. Pedro Moreno fue apresado en Loja y llevado a la Real Chancillería de Granada. Tras el juicio, fue absuelto y puesto en libertad.

Sin embargo, hay una serie de omisiones y confusiones en el relato del cura Vega. Comprobamos en el padrón de vecinos de 1491 que Antón, y no Pedro, era el yerno del licenciado y físico Pedro de Morales, y no del jurado Juan de Morales. Queda pendiente esclarecer qué papel desempeñó Pedro Ruiz de Valdelomar y por qué fue condenado. Según el manuscrito del cura Vega, los cronistas de la época estaban al servicio de los reyes y personajes influyentes, de quienes recibían mercedes, por lo que a veces no eran muy objetivos. Estos hechos se recogen en el libro de Cabildos núm. 1. “María Ramírez, viuda de Juan de Morales, jurado de Loja, otorgó el perdón de la muerte de su marido a Cristóbal Mexía, a Pedro Ruiz de Valdelomar y a otros vecinos de Loja, ante Alcocer, año de 1510, folio 267.”

El estado de corrupción era evidente, según los interrogatorios que comenzaron en 1509. Según el profesor Malpica Cuello en su trabajo “Análisis de un conflicto social”, dentro del libro El Concejo de Loja (1486-1508), los interrogatorios revelan una serie de conflictos sociales entre la clase dirigente, que reflejan las tensiones en esta nueva comunidad, entonces con apenas 20 años de existencia. Como ejemplo, Juana de Briones, esposa de Bernardino de Figueroa, declaró que el licenciado Morales le prometió dádivas y honores para su marido,“…anteponiendo a su marido al dicho Figueroa, si lo hacía ella lo que él quería, /…que los otros regidores y jurados de Loja harían lo que el quisiere y que no mirase en mucho lo que le rogaba de hacer, porque creía él que el jurado de Granada así había conseguido la hacienda que tenía, dando su mujer al Conde de Tendilla para que se echase con ella, y que creía que así había pasado y que el dicho su hermano lo sabía y consentía y aún aquel dicho su hermano, dejaba la dicha su mujer con el conde y se salía de donde estaban y que creía que hacía otro tanto el jurado Juan de Morales, regidor de esta ciudad, y Pedro Ruiz de Valdelomar, el dicho Valdelomar, se echaba con la mujer del jurado Morales.-/… y que creía que el dicho jurado se echaba con la mujer del dicho Pedro Ruiz de Valdelomar, y que aún creía que el dicho Valdelomar se echaba también con el dicho jurado Morales./…porque en la corte, entre los grandes , no se usaba otra cosa”.

Se mencionan rumores de infidelidades y corrupción, llegando a afirmar que el jurado de Granada había prosperado gracias a que su mujer se entregaba al conde de Tendilla, conducta que, según afirmaban, era conocida y consentida por su propio marido. A su vez, se acusaba a Pedro Ruiz de Valdelomar y a Juan de Morales de mantener relaciones con las esposas de otros regidores, mostrando un panorama de corrupción moral y política generalizada.

Finalmente, se aclara que Pedro Ruiz de Valdelomar mató al jurado Juan de Morales en un acto de venganza. Sin embargo, el destino de Cristóbal Mexía sigue siendo incierto. Mexía, uno de los hombres de confianza del conde de Tendilla, don Íñigo López de Mendoza, fue depuesto de su cargo por la reina doña Juana en 1509, quien nombró a su hijo don Luis como su sustituto en todos los cargos. Esta destitución se debió, en parte, a la oposición a las Cartas Reales emitidas por la propia reina y ratificadas por su padre, el rey Fernando, así como a su participación en la supuesta venta de la jurisdicción de Loja y a su enemistad manifiesta con el Gran Capitán, arrastrada desde la Guerra de Granada.

El Trágico Incendio de la Cuesta de los Aldabones (1959)

Más de cuatro siglos después, Loja volvió a ser escenario de un suceso trágico, esta vez con un incendio devastador que marcó profundamente la memoria del pueblo. José González “El Parraguita” prendió fuego a la casa de su exnovia Natividad en una madrugada fatídica de abril de 1959. En el incendio murió Antonio Rodríguez, el cabeza de familia, y sufrieron quemaduras dos mujeres.

Tal vez nunca se supieron las verdaderas causas que llevaron al joven de 23 años José Morales “El Parraguita” a cometer tan horrible crimen, pues se le conocía en el pueblo como un joven honrado y trabajador; mecánico de profesión, hijo de Elena Rey, una anciana viuda, humilde y respetada. No tenía antecedentes ni fama de ser pendenciero, por lo que nadie sospechó que llegaría a tal extremo tras ser rechazado por la familia de su novia Natividad. El conflicto entre José y el padre de Natividad, Antonio Rodríguez, un respetado vendedor de roscos de Loja, se desencadenó tras una conversación en una taberna. Parece ser que alguien advirtió al “Parraguita” que tuviese cuidado con su suegro que solía ser “muy cabezota”. A lo que, sin pensarlo demasiado y en un alarde de valentía, respondió “si se pone a las malas le arreo un guantazo y…a otra cosa”.

Una desafortunada conversación entre vecinos que llegó a oídos del suegro, quien aseguró que “ese mocito que se dedica a golpear a los suegros jamás entraría ni en mi casa, ni en mi familia”. Una posterior discusión entre suegro y yerno terminó a golpes y selló el final de la relación entre Jose y Natividad. A partir de ahí se fraguó el horrible suceso que acabaría en tragedia. Había pasado ya más de un mes de lo acontecido pero la mala idea seguía rondando la cabeza de “El Parraguita”.

Fue en la madrugada del 12 de abril de 1959 cuando el despechado José roció con petróleo la casa de su exnovia y prendió fuego mientras la familia dormía. A pesar de los esfuerzos de Antonio Sillero, un vecino que dio la voz de alarma, Antonio Rodríguez, en un intento desesperado por salvar a sus hijos, sufrió quemaduras mortales y falleció en Granada, en el Hospital de San Juan de Dios pocas horas después, contaba con 55 años. Su hija Natividad al intentar escapar del incendio sufrió contusiones y fue atendida en Loja. Al día siguiente La Guardia Civil capturó al incendiario que se había ocultado en el interior de un camión aparcado. Al conocer la noticia la madre del criminal, dicen que gritaba desesperada en la puerta de su casa: “mi hijo era bueno, se volvió loco”.

El suceso causó profunda conmoción puesto que ambas familias gozaban del aprecio de sus paisanos. La prensa local (Ideal y Patria) del martes 14 de abril recogió en sus páginas el horrible incendio del número 5 de la Cuesta de las Aldabones, en el barrio alto de la Alfaguara de Loja. EL CASO, semanario especializado en sucesos, también se hizo amplio eco del incendio en su número 364, colocando la foto de toda la familia Rodríguez en la portada sobre el titular Victimas del incendiario de Loja  y dedicando varias páginas a los detalles de este desgraciado incendio.

FUENTE: J.A.R.

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