POR JULIÁN CABALLERO AGUADO, CRONISTA OFICIAL DE ALCOBENDAS (MADRID)
Hoy que en Alcobendas ha tenido lugar un acto solemne de jura de bandera civil con gran respuesta popular, quiero recordar otro acto solemne de juramento que allí tuvo lugar, hace doscientos trece años, en tiempos de guerra con los franceses, con motivo de la promulgación de la Constitución de Cádiz.
Tras conocer la derrota francesa en la batalla de los Arapiles, José Bonaparte salía precipitadamente de Madrid el 28 de julio de 1812 temiendo el acercamiento de las tropas hispano-inglesas, que entrarían triunfantes en Madrid el 12 de agosto siguiente al mando del duque de Ciudad Rodrigo. En el corto espacio de tiempo que, en el año 1812, Madrid y los pueblos de su contorno estuvieron sin franceses -desde el 12 de agosto al 2 de noviembre en que regresaron-, se puso en práctica lo establecido por unos decretos de las Cortes de Cádiz de 18 y 22 del mismo año que prevenían unas ceremonias «sencillas pero magestuosas» para la publicación y jura de la Constitución en todas las parroquias de la Monarquía española. Se mandaba que la Constitución fuera leída en la plaza mayor de todos los pueblos de la Monarquía, y en las ceremonias cívico-religiosas tenía activa participación el clero parroquial, dado que finalmente, en las iglesias parroquiales tendría lugar la segunda lectura y la solemne jura, acompañada de misa solemne, exposición del Santísimo Sacramento y Te Deum.
En Madrid tuvieron lugar estos actos el día 15 de agosto, día de la Asunción, en medio de un gran fervor patriótico, en cada una de sus catorce parroquias. En la mayoría de los pueblos de la provincia se repartieron ejemplares de la Constitución y tuvieron lugar los actos de la jura durante los días 27, 28 y 29 de septiembre. En Alcobendas la ceremonia de la jura se inició el día 27 de septiembre en la plaza pública y estuvo presidida por Jerónimo Méndez y Fernando Briceño, alcaldes ordinarios, acompañados de Pedro Rodríguez Caballero y Diego López Valdemoro, regidores, Manuel Aguado Caballero, diputado del común, Félix Hidalgo, procurador síndico, y don Joaquín Antonio Malo, cura párroco, con quien estaba el resto de los clérigos. Al acto asistió la mayor parte del vecindario, que había sido convocado por un repique de campanas.
El alcalde don Jerónimo Méndez «tomó en sus manos el exemplar impreso de la Constitución política de esta Monarquía sancionada por las Cortes Generales y estraordinarias el qual besó, y puso sobre su cabeza como carta de su Rey y Señor natural, y haviéndomele entregado, y mandado a el Pueblo prestase atención, le ley desde el principio a el fin, y enseguida el mandamiento de la Regencia del Reyno, y todos los concurrentes haviendo prestado atención, dijeron la obedecían con el más profundo respeto y estaban prontos a guardarla, y hacerla guardar y cumplir segun y en la parte que respectibamente les toque y pertenezca, y en nombre de todo el pueblo firmaron los señores de Ayuntamiento con el señor Cura Parroco«. El acta levantada por el secretario Félix Sanz Palomares, que fuera firmada por los regidores y por el párroco, se conserva en el Archivo del Congreso de los Diputados.
Dos días después, el 29 de septiembre, en la Iglesia de San Pedro, con asistencia del Ayuntamiento en pleno «y toda la mayor parte de los vecinos de esta expresada Villa, se canto una Misa solemne estando espuesto el Santisimo Sacramento, con toda la pompa y decoro correspondiente, y a el ofertorio se leyó en alta boz la Constitución politica de la Monarquia española y el mandamiento de la Regencia del Reyno; pronunciando el referido señor cura párroco una breve oración alusiba a las circunstancias del día, y exortando a todo el vecindario a su cumplimiento». Al término de la misa el párroco recibió del clero y del pueblo el siguiente juramento: «¿Jurais por Dios y por los Santos Evangelios, guardar la Constitución política de la Monarquía española, sancionada por las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación y ser fieles al Rey? lo que respondió el pueblo: Sí juro».
Es de destacar el entusiasmo con el que recibió el pueblo de Alcobendas la redacción de Constitución de 1812, no solo por el patriotismo que representaba, en unos días en los que había sufrido el azote de las tropas francesas allí acantonadas y por las que de paso circulaban por sus calles, situadas en el propio camino de Francia, sino también por el hecho singular de ser conscientes de que con su promulgación se derogaba cualquier vestigio de lo que habían sido los señoríos, como el de Alcobendas que lo era desde el año 1369. Dejar de depender de los condes de Puñonrostro y conseguir su otra independencia teñía de alborozo a los alcobendenses.
FUENTE: J.C.