CRÓNICA: DON ALFONSO BULLÓN DE MENDOZA Y GOMEZ DE VALUGERA.(MARQUÉS DE SELVA ALEGRE)
Oct 10 2026

POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).

                                                   

En esta.cienaga actual, en la que no me pienso meter, permanezco impávido ante lo que me rodea. No entro al quite de los unos y de los otros y no hablo con gente que sigue una ideología de nacimiento, que no es capaz de criticar a quién ha votado o simplemente habla con consignas impuestas dentro de una inexperiencia manifiesta.
Pero si la experiencia es un grado para poder opinar, aunque sea del crecimiento de las plantas, lo es más el conocimiento.
Veo ya mucha gente joven a mi alrededor, señal inequívoca que me estoy haciendo viejo. Y afirmó que, es una suerte poder hacerse viejo.
No soy quien para aconsejar a nadie. En esto de los consejos soy muy estricto. No doy ninguno si no me lo piden y si accedo a darlo, me lo pienso mucho antes. Imaginad qué pienso de aquellos que me dan consejos sin yo pedirlo. A estos simplemente les ignoro.
Hoy se es maestro de todo sin tener conocimiento de nada.
Siento que las generaciones que me suceden sólo piensen en la inmediatez sin esfuerzo. Parece que no vayan a tener tiempo o sencillamente no quieren tenerlo para todo aquello fuera de las variables del momento y del dinero. Pero lo que lamento es la pérdida de un nivel cultural de conocimientos que, los pocos que los poseen, son una minoría en esta sociedad. Es como si viniera la Edad Media tras un mundo Clásico. No tienen un poso porque no se han molestado en leer ni en investigar ni se han molestado en algo que nos dejaron nuestros ancestros, la historia.
Tuve la suerte de estudiar en la calle Toledo, en el Instituto San Isidro (1979/1983). De estos centros dw futuros bachilleres sólo se recuerdan alumnos ilustres. Por aquí pasaron Antonio Machado, Baroja, Dato, Salmerón, Canalejas, Larra, Cela… e incluso cuando fue llamado Colegio Imperial, hasta Calderón y Lope de Vega.
Pero yo soy de la convicción que para que a un alumno se le atribuya el adjetivo egregio ha tenido que existir un preceptor al que se le debe denominar maestro.
En mis años de estudiante tuvimos la suerte de tener un claustro de profesores que, hoy día, lamento no poder disfrutar. Cuánto daría por volver a escuchar una clase del profesor Salvador Mañero, de Don Vicente Vázquez, de Dña. Eladia Gómez Romo y de tantos otros.
Y aquí quería llegar desde el principio.
Uno de estos maestros fue Don Alfonso Bullón de Mendoza, bautizado por esas mentes crueles imberbes, a medio labrar, como «El Siso». Llegó a ser catedrático del instituto y me consta que dejó mucha huella en las generaciones de los que fueron sus alumnos. Era una persona entrañable que transformaba sus clases de temario en lecciones magistrales. Ese apodo cariñoso, estoy seguro, era por su pronunciación personal del llamado Macizo Central, «masiso» que derivó en «El Siso». Lamentablemente nos dejó el pasado mes de julio.
Pues.bien, en esas clases repetitivas, año tras año, que regalaba a sus alumnos, nos hablaba de una cierta ley del péndulo en la historia. Nos hacía imaginar uno de estos relojes de pared cuyo péndulo oscila debajo de un lado a otro. Nos decía que en un momento determinado la historia hacía moverse el péndulo hacia el otro lado, hacia otra perspectiva, hacia otro momento, pero el desconocimiento del recuerdo, de la historia, al cabo de dos o tres generaciones olvidadizas o sin interés por su pasado nos llevaba a la misma situación inicial del péndulo, al lado inicial.
Hoy os quiero regalar esa lección que fue la interpretación de este catedrático, que independientemente de sus alumnos, fue un maestro.
Os pido que no la embarremos con comentarios tipo, es que los unos, es que lo otros más, porque hoy me he levantado con el ánimo impasible de no soportar borregos.
FUENTE:https://www.facebook.com/agustin.delasheras

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