POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
En la tarde-noche del pasado viernes, volvió a celebrarse la «Noche Mágica» en el centro de la ciudad. Incardinada a las actividades comerciales y lúdicas programadas, las visitas a las iglesias, museos y las rutas históricas-culturales. El cronista atendió la ruta napoleónica del centro histórico.
La iniciamos en la plaza Mayor junto a la antigua Puerta Imperial, así se llamó el Arquillo del reloj durante la ocupación. Lugar por dónde entraron las tropas del Primer Cuerpo del Mediodía Imperial. También en la plaza Mayor se leyó el primer bando militar francés. En ella se encuentra la primera «sombra de la historia» –todos los personajes de la ruta proyectan una sombra esculpida sobre el suelo o la pared contigua– que recuerda al general Villatte, el militar de mayor rango en la villa. Aunque cumplía órdenes superiores, procuraba aliviar de contribuciones a los vecinos, sin dejarse embaucar en otros momentos. Fue herido en la batalla de Chiclana o de La Barrosa y continuó al frente de la tercera división.
La segunda sombra de la historia está situada frente a la iglesia de Jesús Nazareno en el monasterio-convento de las Madres Agustinas Recoletas, en la plaza de Jesús Nazareno. Aquí homenajeamos al Pueblo de Chiclana; aquellas mujeres, niños y mayores que quedaron a merced del enemigo y sufrieron treinta meses largos de ocupación, soportando hambre, robos, requisiciones, contribuciones especiales, y pérdida de sus caudales –aquellos que los tenían– y, otros, sus vidas.
La siguiente parada la efectuamos en la plaza del Retortillo, delante del palacete que perteneció al conde del mismo nombre y familia. En ese lugar rememoramos la figura del farmacéutico y naturalista francés, Antoine Laurent Apollinaire Fée; un pacifista inmerso en una guerra, y en la batalla en la zona de La Barrosa, como cirujano. Estudió las plantas del entorno, escribió sobre Chiclana, y se enamoró de la villa, y de una joven patriota. Cuando se marchó, lloró en su interior. Embalsamó el cuerpo del general Senarmónt y extrajo su corazón para enviárselo a Napoleón, pues era uno de los generales que más admiraba el corso. Del palacete salió la comitiva fúnebre hacia la iglesia castrense de san Telmo; el entierro más solemne de cuantos se han celebrado en nuestra población.
La sombra número cuatro del recorrido corresponde al rey José I Napoleón Bonaparte. En su visita a la prefectura de Jerez –actual provincia de Cádiz– visitó la villa, el 19 de febrero de 1810, hospedándose una noche en el mejor palacete de la localidad: la Casa Grande de Alejandro Risso; edificio que había donado el benefactor genovés para hospicio de jóvenes sin hogar y la ancianidad desvalida. José I, es el único rey de España que ha visitado la ciudad de forma oficial. También en este edificio se hospedaron el mariscal Victor, duque de Bellune, y el mariscal Soult, el virrey de Andalucía.
No podía faltar en la ruta, un representante de la Municipalidad chiclanera de entonces. En la calle del presbítero chiclanero Magistral Cabrera –capellán en el Cádiz sitiado de los soldados voluntarios de la ciudad, entre otras funciones–, junto al edificio de las antiguas Casas Consistoriales de aquel periodo, hallamos la sombra de uno de los alcaldes ordinarios: Ambrosio Muñoz Delgado, capitán y tercer piloto de la flota de Indias. Patriota exaltado, perteneció al Cabildo hasta unos meses después de la ocupación, quizá por no prestar juramento al rey José ni a la Constitución [Estatuto] de Bayona. La mayor de sus hijas casó con un capitán del 96º regimiento imperial. Obligado a acoger, como otros muchos chiclaneros a franceses en sus casas, le tocó en suerte a Antoine L.A. Fée. A pesar de la distancia ideológica, mantuvo una buena relación con el boticario.
En la antigua plaza de Antonio Pizano –en la calle de La Vega– nos hallamos ante la sombra histórica y figura, del padre Salado, presbítero chiclanero que impulsó la conmemoración de la batalla de Chiclana o de la Barrosa, en 1914, formando una comisión ciudadana. El 24 de junio de aquel año, se celebró una jornada histórica para celebrar el centenario de la finalización de la iglesia Mayor, realizar un homenaje al magistral y sabio Cabrera y colocar una placa conmemorativa alusiva a la batalla, en la calle de La Vega, que desde entonces ostenta el título oficial de Paseo 5 de marzo de 1811.
Para concluir la ruta, nos acercamos a la plaza de España pasando por la calle de La Fuente. Haciendo esquina, observamos la casa señorial de Gregorio Collantes, donde estuvo recluido un contingente de prisioneros franceses de la batalla de Bailén. En la calle de la Huerta Chica hallamos la última sombra de nuestro recorrido: un homenaje a la gaditana-chiclanera Frasquita Larrea, esposa del hispanista Juan Nicolás Böhl de Faber. Desde su niñez vivió durante temporadas, en la villa. Allí le cogió el estallido de la guerra de la Independencia y la ocupación. En su casa, la número 16 de Huerta Chica, vivió con ella y su familia el general Villatte. Mujer de gran temperamento, reaccionaria, feminista y patriota, congenió con el general, que le colmaba de atenciones, según las cartas que Frasquita enviaba a su marido, residente en aquel tiempo en Alemania.
