POR AGUSTÍN DE LAS HERAS MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID)
Es en la paz de mi aposento cuando empiezo a escribir esta crónica. Fuera, la luna llena me ha engañado y no ha salido desde el horizonte soriano por culpa de las nubes. Ahora surca el cielo de Brazacorta empozada. Mi querida Selene de agosto mañana será más pequeña dejando espacio a las perseidas.
Hace unos días contaba lo que aconteció al sur de Alcoba en el 995 y como fue herido mortalmente el hijo de Fernán González.
Pero todo esa historia venía de seis años antes. Era el verano del 989… Almanzor miraba la fortaleza de las veintiocho torres desde la otra orilla del Duero, en Gormaz. Quince años antes de esta fecha, la vuelta del general Galib hizo retroceder a los cristianos hasta Langa pero esta vez sus tropas árabes eran incapaces de entrar de nuevo en Gormaz.
Ninguno de los dos bandos conocía el futuro de Almanzor en Calatañazor ni que sobre el 1060 el castillo tendría como señor al de Vivar. Al-Manūr, el Victorioso, como le llamaban a Almanzor los suyos, tuvo que ahogar su orgullo en su impotencia y unirlo a la ira y el desprecio de su propio hijo, Abd Allah, que había desertado uniéndose a los cristianos.
Ni la muerte del obispo de Valpuesta, Nuño Vela, sirvió para apaciguar su venganza. Almanzor reunió a sus tropas y levantó el cerco. Y en agosto arrasó Osma. Pero esto no fue suficiente. Al frente de sus tropas más sanguinarias se dirigío al norte. Y en octubre rindió la Torre, saqueando la soriana Alcoba.
Ermesenda, la fundadora del convento de Brazacorta tardaría cerca de 200 años en nacer y si el Cid hubiera ido con sus tropas desterrado por el camino, a nuestros amigos de Alcoba de laTorre, no les hubiera atacado el infiel, pero para esto faltaban también casi 100 años.
Volviendo al 989, Almanzor, viendo la llegada del invierno se retiró de la frontera dejando Alcoba destrozada, matando a sus gentes, haciendo esclavos y saqueando la comarca.
Al año siguiente volvió Almanzor pero la frontera no era la misma. Los cristianos habían aprendido. Pero el Victorioso seguía herido en sus adentros por la afrenta de su hijo. Aproximándose de nuevo el otoño entró en negociaciones con los cristianos ante el temor de las nieves. A García Fernández, conde de Castilla, Almanzor, prometió paz a cambio de su hijo. Y el cristiano se lo entregó siempre y cuando respetara su vida.
No fue así y el 8 de septiembre Abd Allah fue decapitado por su padre. Mientras oigo las doce campanadas del reloj del ayuntamiento, en Brazacorta, cierro esta crónica y pido perdón a mis amigos por faltarme fuerzas para subir Pilde arriba.
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