POR AGUSTIN DE LAS HERAS MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID)
Mis horas noctámbulas me llevan de nuevo al mojón de Burgos con Soria. Llevo desde ayer no queriendo creer. Conozco a Dani desde que para mi era sólo el sobrino de Juanjo. Aquellas fiestas de Quintanilla de Nuño Pedro a las que nos acompañaste afianzo un saber pasárnoslo bien. Luego durante años solo veía a tus padres en verano. Y luego sólo a tu madre.
Nuestro amigo Mariano me contaba que te habías hecho un lugar en Barcelona donde entre crepes enseñabas a tus clientes las marcas del buen alcohol. Eras capaz de mostrar a los profanos las cualidades y calidades en forma de cavas o ginebras. Y todo esto lo hacías junto a tu chica. Hace pocos años volví a coincidir con vosotros en Brazacorta. Nos sentabamos en las mismas mesas y me encantaba oir vuestros proyectos.
Comprasteis una casa en la plaza para crear vuestro futuro rural y aun recuerdo aquella noche cálida que a pesar de estar en el Camino del Destierro, bajo una luna llena de agosto ya elevada en la noche me invitasteis a compartir aquel patio interior con una copa. Cuando recibí hace menos de un año la invitación de vuestra boda, aunque no pude ir, me alegré por vuestra felicidad.
Y ayer me dieron la triste noticia que hoy no quiero creer. No puedo dejar de ver tu sonrisa, tu mirada… No podré ir a tu entierro el domingo pero nunca podré olvidarte Alina. Quién maneja los hilos? Sois vosotras, moiras? No tenéis compasión ni perdón. Un fuerte abrazo Dani. Lo siento.
