POR JOSE LUIS CABO SARIEGO, CRONISTA OFICIAL DE RIOSA (ASTURIAS)
Durante muchos años contemplé el prado de Gallegos desde diversos lugares como Les Gateres o Grandiella, sin embargo, creo que la observación más directa haya sido desde El Teleno. Desde este lugar, situado prácticamente enfrente, en la misma alineación del Monte’l Esyabeyu, podía distinguir perfectamente el prado y, por encima de él, la impresionante cubeta de La Peña Llagos, uno de los accidentes geográficos más llamativos de la vertiente oriental de la Sierra L’Aramo así como El Arguixu Llagos.
Con todo, nunca había sentido la necesidad de acercarme hasta Gallegos. La ocasión surgió hace unos días, tras conversar con uno de sus propietarios acerca de los enormes bloques de piedra repartidos por toda la finca. Aunque me ofreció una explicación sobre su naturaleza y origen, no terminó de convencerme. La experiencia me ha enseñado que, por bienintencionada que sea una información, siempre conviene contrastarla personalmente sobre el terreno.
Aunque los años ya no me permiten recorrer la montaña con la facilidad de antes, decidí acercarme por primera vez a Gallegos. Llegué en vehículo hasta El Cabornín y, desde allí, recorrí a pie unos cinco kilómetros entre la ida y la vuelta. El esfuerzo mereció la pena. La observación directa de aquellas rocas, de las antiguas construcciones levantadas con ellas y del propio relieve permitió comprender que este prado conserva una historia geológica mucho más interesante de lo que cabía imaginar.
Gallegos.
Gallegos es un prado situado en la vertical de La Pena Llagos y del Arguixu Llagos, entre los prados de Ramos, El Reconcón y La Reguera Cerrezúa. Su rasgo más característico es la extraordinaria abundancia de grandes bloques de roca repartidos por toda la finca, circunstancia que apenas se aprecia con la misma intensidad en los prados vecinos.
La observación directa demuestra que más del noventa y cinco por ciento de estos bloques no son calizas, sino rocas detríticas, de aspecto areniscoso y claramente estratificadas. La presencia de bloques calizos es testimonial y se limita prácticamente a la parte superior del prado.
Esta conclusión queda igualmente confirmada por las construcciones tradicionales del entorno. Las cuadras de Gallegos, , Fuente la Piedra, El Reconcón, incluso Fuentes Sordes y otros prados próximos fueron levantadas utilizando precisamente esta piedra amarillenta, reservándose la caliza únicamente para algunos sillares de esquina y otros elementos que requerían una mayor resistencia.
Todo parece indicar que este singular depósito guarda relación con el gigantesco movimiento de ladera que dio origen a la gran cubeta de La Pena Llagos. Aquel episodio debió de alcanzar dimensiones extraordinarias, desplazando no solo los materiales desprendidos de la propia cubeta, sino también una enorme masa de los terrenos detríticos situados inmediatamente por debajo de la ladera caliza.
En la actualidad, buena parte del recorrido seguido por aquel desplazamiento permanece oculto bajo la vegetación de La Mata Llagos. Sin embargo, las fotografías de La Pena Llagos permiten apreciar todavía, aunque solo sea parcialmente, la gran acumulación de enormes bloques calizos existente en la base de la cubeta. Más abajo, en Gallegos, se conserva otro depósito de extraordinario interés, formado mayoritariamente por grandes bloques de roca detrítica, visibles también, aunque en menor cantidad, en los prados de Ramos y El Reconcón.
La diferente naturaleza de ambos depósitos pone de manifiesto la extraordinaria complejidad del proceso que modeló esta parte de la ladera y constituye un valioso indicio para interpretar la evolución geológica de este sector de la Sierra L´Aramo.
La magnitud del fenómeno debió de ser enorme. Existen indicios de que algunos de estos materiales alcanzaron incluso las proximidades del río Grandiella, en el entorno de la desembocadura de la Reguera Los Azores, en el prado L’Entrelligu.
La espectacular cubeta de Peña Llagos ha dado lugar, en ocasiones, a interpretaciones populares que atribuyen su formación al impacto de un meteorito. Sin embargo, la configuración del relieve, la naturaleza de los materiales desplazados y su distribución sobre la ladera constituyen sólidos indicios de que su origen responde a un gigantesco movimiento gravitacional que transformó profundamente este sector de la vertiente oriental de la Sierra L’Aramo.
La toponimia no solo conserva los nombres con los que nuestros antepasados identificaban cada rincón del territorio. En muchas ocasiones también ayuda a comprender la historia del propio paisaje.
En Gallegos, la observación directa del terreno, las construcciones tradicionales, la disposición de los grandes bloques y la memoria conservada por quienes durante generaciones trabajaron estos prados permiten interpretar un episodio geológico ocurrido hace un tiempo imposible de precisar, pero cuyas huellas permanecen todavía perfectamente visibles.
Esta investigación ha sido, para mi, una pequeña lección. Una conversación despertó una duda; la duda me llevó a recorrer un camino que nunca antes había transitado, y la observación directa permitió descubrir la verdadera realidad.
Porque, al fin y al cabo, el paisaje siempre termina contando su propia historia a quien dedica el tiempo necesario para observarlo con atención.
FUENTE: https://www.facebook.com/jlcabocronistariosa/posts/1351585633820753?ref=embed_post
