POR FRANCISCO JAVIER ARELLANO, CRONISTA DE LUIS MOYA .ZACATECAS (MEXICO)

Llegué a París el pasado sábado 20 de septiembre del 2025. Estaba por comenzar, naturalmente, el otoño. Una lluvia pertinaz caía sobre el aeropuerto parisino mientras yo seguía los anuncios luminosos que me guiarían hacia la salida. Compré un boleto para el metro que nunca salió porque estaba descompuesto. Bajé del metro y subí una escalera buscando otra salida. Encontré un taxista que me condujo hasta la puerta del hotel. Me era necesario llegar al lugar base, a la estancia de la cual realizaría mis expediciones a la catedral de Notredame, al Museo de Louvre, a la torre Eifel, al Arco del Triunfo y la avenida de los Campos Elíseos.
Eran las 4 de la tarde y estaba frente al hotel Orbit. Tengo reservada una habitación. Me registré y me entregaron un cartoncillo digital, esa es la llave. Subí al piso ocho y entré a mi habitación. Me tiré en la cama para descansar mi cuerpo y mis pensamientos. Estoy en París, la ciudad luz.
El domingo siguiente por la mañana, con orientación de una trabajadora del hotel que me señaló la línea y la estación del metro, me dirigí rumbo a Chatelet. Caminé 10 minutos por una calle desconocida, hasta este momento, y encontré la estación del metro que se llama Mairle de Montrouge. Compré mi billete y lo abordé rumbo a Porte de Clignancourte. Me bajé en Chatelet (catedral). Pasé por la fuente de Los Inocentes. A quienes pregunté no hablaban español. Por fin encontré una persona que hablaba este idioma y me señaló calles y cuadras para llegar a la catedral. Por fin llegué al río Sena. Me detuve ante esa postal, parecía que fuera a cruzarlo a nado por el puente. Una lluvia chipi chipi caía sobre mis hombros. Miré la Consergería (prisión) donde fue presa la reina María Antonieta y a la izquierda vi las torres de catedral. Es una vista hermosa. Varios grupos de turistas pasaban por el puente.
Son de diversas nacionalidades. Avancé hasta el centro del puente y saqué la foto del río Sena. Una señorita me tomó una foto antigua a cambio de lo que yo le diera. Pasé por el Palacio de Justicia. Pasé dos cuadras y volví a cruzar otro puente del río. Ahí estaba la catedral de Notredame, majestuosa, soberbia y digna. Ríos de gente llegaban a ella. Paralelo al río avancé y llegué hasta la parte frontal. Subí a unas gradas de descanso. A un lado, cerca del río, estaba la estatua o el monumento a Carlo Magno.
Yo quería conocer la catedral de Notredame porque es un símbolo religioso de París, porque ahí se desarrolló la historia escrita por Víctor Hugo llamada “Nuestra Señora de París” con los personajes de la gitana Esmeralda y el jorobado Quasimodo. Es una historia de amor, pero más que todo fue una historia de Víctor Hugo que reclamaba la recuperación arquitectónica de la catedral. Y resultó. Los franceses la arreglaron y la reconstruyeron. Después de la Revolución Francesa, “La Madre de todas las Revoluciones”, la catedral fue saqueada y ocupada como almacén. Napoleón Bonaparte la rescató, la devolvió al culto religioso y en el año 1804, ahí se coronó Emperador. Vi varias filas de personas que se formaban para entrar. Pensé que todas habían comprado boleto y yo no lo había comprado. Rodee el edificio que lo siguen reconstruyendo por los daños ocasionados del incendio del año 2019. Decidí no entrar este día a la catedral.
Eran las 4 de la tarde y busqué un restaurante para comer. Un lugar que es vecino al Sena, me latió para comer ahí. Pedí una ensalada, otras comidas no conozco, y me premié con un refresco de agua endulzada.
Por la tarde, vadeando al Sena, atravesé el puente de las Artes, uno de los 37 puentes del Sena, para llegar al Museo de Louvre. Es un puente entablado. Al fondo estaba la entrada al museo. Un cartel de la Monna Liza da la bienvenida. El edificio se llama El Patio Cuadrado y es parte del Palacio Real de lo que es el museo de Louvre. Es impresionante su arquitectura que cuadra todo un pensamiento de poder. Por una puerta está el acceso a lo que es propiamente el museo de Louvre. Son 3 alas de edificios barrocos y varios pabellones y en el centro está una pirámide de cristal que es la entrada al museo. No entré porque no traigo billete (boleto) y porque es tarde, pero mañana lo haré. La Mona Liza sabe que quiero verla y, aunque, está super protegida, mi gran intención será descifrar su sonrisa.
Salí del complejo arquitectónico del Museo y llegué al Arco del Triunfo del Carrusel, vi el arco con su famosa cuadriga, botín de guerra que Napoleón se trajo de Venecia y que hoy es una réplica porque la original la regresaron a Venecia. Francia y su poderío militar. Llegué hasta el jardín de Las Tullerías, un jardín de la Realeza que ahora es público. Tiene varias esculturas.
El sol amenazaba con ocultarse, soy malo para orientarme de noche y en la estación San Miguel tomé el metro y volví al hotel.
El lunes siguiente, por la mañana, me dirigí a la torre Eifel. Trasbordé del metro a Chatelé en la estación Raspail con destino al El Arco del Triunfo, debo bajarme en Bir Hakeim para ir a la torre, pero decidí pasarme hasta el Arco del Triunfo.
Este arco representa el regreso triunfal de la victoria del ejército francés después de la batalla de Austerlitz y que Napoleón les prometió a sus soldados: “Volveréis a casa bajo arcos triunfales”. Es el arco más famoso del mundo. Su fama aumentó cuando agregaron la tumba al soldado desconocido de la 1ª. Guerra Mundial. Tiene 4 grupos escultóricos en su 4 pilares. Subí 250 escalones a la parte alta del arco donde está una visión panorámica de la ciudad de París. Destaca la avenida de los Campos Elíseos y la torre Eifel.
Regresé a la estación del metro y bajé en Bir Hakeim. Caminé un poco y ahí estaba la gran mole de fierro que es símbolo de París. La vi desde varios ángulos. Imposible evitar la foto o la selfie. Muchas parejas se besan. Pareciera que sellan su amor. Toda el área de la torre es magnética. El férreo edificio es fotogénico. Cada quien tendrá su foto desde la más común hasta la más propia. Los turistas se ubican en el lugar que les place, algunos se tiran en el pasto, otros suben a la torre por el elevador. Se habla de 1600 escalones que tiene la torre, obvio que no están todos en función. La torre tiene sus mitos y leyendas. Cuentan que una mujer se casó con ella y desde ese día, la dama se apellida Eifel. Extravagancias. Por falta de tiempo, no quise tomarme un café en la torre Eifel, pero igual que con la Mona Liza, volveré.
Comencé a caminar por la rivera del Sena. Me faltó usar el “maps” con el chip europeo. Sin embargo, preguntando llegué hasta la plaza de la Concordia y su gran obelisco. Miré las fuentes de La Concordia. Aquí guillotinaron a Luis XVI. Aquí se realiza el desfile conmemorativo hacia el Arco del Triunfo. Es la ruta más caminada del mundo.
Volví a pasar por el Arco del Triunfo del Carrusel y llegué a la estación del metro San Miguel y de aquí me fui al hotel. Es mi camino conocido. Este día recorrí 14 km.
El martes siguiente salí decidido a ver la Mona Liza. Es una mañana lluviosa, es una mañana de paraguas. Mala suerte, alguien diría. Este día no abrieron el Museo de Louvre pero Liza sabe que estuve aquí. Ni modo, no la pude ver personalmente, pero como una novia de rancho, que tuve en la mocedad, ella se dio cuenta claramente que fui a verla. “Je reviendrai” (volveré).
París me abre la puerta a los recuerdos. Las musas están presentes, ellas viajan conmigo, sin tiempo y sin prisa. Me imagino una luna de miel recorriendo el Sena. Un atardecer de otoño. Ellas llegan a un romanticismo tardío, un romanticismo mexicano influido por la libertad de 1810, creando una literatura propia influenciada por la francesa. En mi pensamiento está el primer renglón de un poema, de un cuento, quizá de una novela. Aquí están Victor Hugo, Honorato de Balzac, Gustavo Flaubert, Henry Heine, Alfonso Lamartin, Paul Sartre… En el puente del Sena, un bohemio declamaba y mis oídos reclaman escuchar sus versos. La Literatura y yo…
Por la tarde fui al Barrio Latino a tomar un café donde los grandes literatos lo tomaban. Yo vivo para esto. París es la ciudad de la luz, la de los puentes, la del imperio, la de la Revolución Francesa, la de la cultura, la de la belleza, la del ejemplo urbanístico a seguir, etc. cada concepto tiene su historia.
Después decidí caminar por la avenida Rivoli, entré a una tienda comercial, una galería de arte popular, boberías terrenales. Continué bajo la lluvia hasta llegar a la torre de Santiago (Saint-Jaques) luego fui otra vez a la catedral de Notredame. Hice fila y entré a la catedral. Es hermosísima. Su estilo gótico asombra. En su interior vi varias capillas, rosetones, vitrales, cuadros, imágenes, sus columnas, su altar, el coro, el órgano musical… El calor humano, la admiración, el respeto, acercan al culto religioso. Entiendo el fervor de la gente que entra a rezar, admirar y observar esta joya arquitectónica de París. Por eso la quería conocer.
Por la tarde hice un viaje en un turibús. De paso conocí varios lugares, algunos como la torre, el arco, la plaza de la concordia, los campos elíseos, la catedral, que los anduve a pie, y otros como la avenida de Los campos Elíseos, etc.
El miércoles siguiente, a las 9 de la mañana tomé el metro desde la estación Gentilly hasta el aeropuerto Charles de Gaulle. Terminó mi estancia en París. Llegué cuando estaba lloviendo y regresé cuando el otoño seguía lloviendo. Es una lluvia que refresca la vida y el conocimiento. Regresé a Madrid y, 4 días después, volví a México.
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