POR JESÚS ARROYO LÓPEZ, CRONISTA OFICIAL DE CASARRUBIOS DEL MONTE (TOLEDO)
El sábado pasado, 29 de noviembre, se celebró en el monasterio cisterciense de La Santa Cruz, de Casarrubios del Monte en Toledo, una misa de acción de gracias con motivo de la proclamación de venerable de la Madre María Evangelista Quintero Malfaz, del que fue fundadora y primera abadesa. La fecha no fue elegida al azar al coincidir con el 391 aniversario de la fundación de dicho convento.
De naturaleza y procedencia vallisoletana, Sor Evangelista fue una monja que, cercana a 1632 convenció a los benefactores Alonso García de Ojeda, (en otros documentos Alonso de Ojea),sobrino de un clérigo casarrubiero, y a su mujer, María Rodríguez, viuda de un anterior matrimonio, residentes en Madrid, de fundar un monasterio en lugar de una capilla como eran los deseos del matrimonio.
Tras muchas y diversas dificultades presentadas ante una fundación de “monjas blancas” en Casarrubios del Monte, llevó a Alonso de Ojeda a obtener los permisos de las autoridades de Madrid y Toledo, de la justicia y clerecía de la villa de Casarrubios quienes, en principio, ejercieron gran oposición a la fundación, pero el consentimiento del primer conde de Casarrubios, don Gonzalo Chacón y Ayala, volvió al resto a dar su aprobación, trasformando su oposición en alegría recibiendo alas tres monjas, Madre María Evangelista, Madre Francisca de San Jerónimo y Madre María de la Trinidad.
Tras un mes de viaje desde Valladolid, llegaron a Casarrubios del Monte en un carro el 27 de noviembre de 1634, se cerraron las casas compradas por su benefactor como clausura, y las tres monjas se constituyeron en comunidad, eligiendo al día siguiente por abadesa a Sor María Evangelista. Aún faltarían unos años más para comenzar las obras de la iglesia.
Sor Evangelista vivió catorce años como abadesa, dirigiendo la pequeña comunidad que iría fortaleciéndose con los nuevos ingresos de hijas del pueblo y, otras, venidas de sitios más lejanos. En ella desarrolló su misticismo guiada, quizás, por las corrientes de Santa Teresa, o San Juan de la Cruz, que dejó plasmado en sus escritos. Junto con las revelaciones y casos prodigiosos de su vida monástica, la han llevado a ser proclamada venerable trescientos setenta y siete años después de su muerte.
FUENTE: J.A.L.