POR FRANCISCO JAVIER ARELLANO LÓPEZ, CRONISTA DE LUIS MOYA-ZACATECAS (MÉXICO)
“Cuando vayas subiendo, saluda a todos. Son los mismos que vas a encontrar cuando vayas bajando.” Papa Francisco Ayer se despidió de Luis Moya el P. José Manuel Alvarado González celebrando una misa de despedida. Las despedidas siempre tienen esa emoción, incluso ese morbo, de ver quién sufre más. Los sacerdotes no lloran. La misa se celebró el mero día de San Juan, aclaro, el mero día de San Juan Bautista, este santo que preparó la llegada del Mesías. La cita fue en el templo parroquial del Sagrado Corazón de Jesús Sacramentado.
A las meras 7 de la tarde, las campanas dieron la tercer llamada. Entró el estandarte del Sagrado Corazón junto con sus adoradores y/o seguidores. Todos nos pusimos de pie esperando la entrada del sacerdote oficiante. Luego entraron los alumnos del colegio “José María Morelos” con su uniforme azul marino. Hubo un suspenso en la entrada del oficiante. Nosotros nos sentamos. Nueve minutos más tarde, entró el equipo litúrgico vestido de camisa blanca y corbata amarilla. Nos volvimos a poner en pie. Enseguida entraron los sacerdotes, el P. Molinar cargando más de tres cuartos de siglo, el párroco José de Jesús Alvarado con su barba de menos de 50 años y el oficiante, él de la despedida, el Pbo. José Manuel de Jesús Alvarado González con sus florecientes 34 años.
En el templo nadie cabía más. Colocaron sillas en la avenida central a un costado de las bancas. Los sacerdotes pasaron entre la valla de los alumnos del colegio. El altar principal está cubierto con una enorme manta porque lo están restaurando y pintando. Abajo de la pequeña palestra del templo se puso un altar exprofeso. Al lado derecho luce majestuosamente la imagen del Sagrado Corazón. En la primer banca están los hermanos y la mamá del padre (Doña Tere). Hay expectación por la despedida del joven sacerdote que comenzó su sacerdocio en esta parroquia en agosto del 2022. Aquí fue su primer lugar. Aquí vivió su primer amor. Citando al rey Salomón, probó el amor de un pueblo: “15 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí eres bella; tus ojos son como palomas.” (Cantar de los cantares)
Y se entregó de lleno a su labor pastoral. El P. José Manuel es de ascendencia campesina, de los hombres de campo de la Col. Morelos de Fresnillo, Zac. pero aquí aprendió a guiar al rebaño recibiendo a las nuevas ovejas y despidiendo a las que se fueron. Al Padre le gusta cantar, igual que al Obispo y otros sacerdotes, lo hace bien y con el corazón. Pero antes de esto, comenzó la misa con la solemnidad que se requiere para este evento. Fue muy notable la participación musical del grupo “El ensamble de Plata” de Zacatecas que nos metió a todos los que asistimos a la ceremonia religiosa. Tocó tan bellamente que por un momento pensé que estabamos en una capilla italiana. El templo tiene buena acústica. La reverberación del eco nos invitaba a cantar “el hosanna” hasta los que somos más desentonados.
La voz del Padre José Manuel se oye clara, se mira sereno y seguro. Ya es un sacerdote que aprendió con humildad y generosidad las enseñanzas del Padre Jesús Alvarado Pasillas. Las lecturas las hicieron las Madres del Colegio y el párroco leyó el evangelio de San Lucas con el tema de San Juan. La homilía prepara el camino para que llegue el Mesías. Luego llegaría el mensaje de despedida. El señor Cura es joven pero hace 2 años, 9 meses y 23 días que recibió a un sacerdote más joven y hoy lo tiene que despedir. Debe existir un lazo paternal o fraternal en la despedida porque sin duda que nos volveremos a encontrar. Le agradeció el don que tiene para ser sacerdote. También le agradeció el acompañamiento del rebaño en los oficios sacerdotales. El párroco terminó su homilía diciendo “que el Sagrado Corazón de Jesús nos llene para ser buenos pastores”.
Al final de la misa, el Lic. Gabriel Alba, en nombre de la comunidad, dijo unas palabras de agradecimiento y despedida para el P. José Manuel. Antes de dar la bendición el padre morenito -ojalá no se enfade pero estaba más morenito mi apreciado y distinguido padre Jesús Araiza Tenorio+- leyó su discurso de despedida. Dejar la primer novia no es fácil y más cuando ha sido amada. Es el lenguaje salomónico. Pero, dejar a un amor, queriéndolo, hace que en dos o tres momentos, las palabras se atoren en la garganta. Dejar un amor es dejar parte de tu vida con él. El sacerdote es muy joven y el camino aún parece largo. Habrá que acostumbrase a llegadas y despedidas. Nadie es eterno en el mundo. Es mejor decirlo cantando. Y el padre lo va a hacer, pero antes nos dio la bendición, se tomó varias fotos con los fieles y sus seguidores y seguidoras. Todas las mujeres hacen trabajosas las despedidas. Por eso hay que dejarlas antes que nos dejen, incluso en la muerte, algunos hombres prefieren zarpar a la eternidad antes que la mujer. Pero el destino es otra cosa.
Saliendo del templo y terminada la misa, el párroco y los grupos de trabajo, organizaron un convivio. Hay una carpa para prevenir este tiempo lluvioso que lleva ya varios días y hay un tapanco donde se acomodó un mariachi que es del Ojo, aquí a pesar de que somos buenos para poner sobrenombres, nunca les decimos que son del Ojocaliente, son del Ojo; y tocó y cantó muy bien. Amenizó el momento. Hacía un viento fresco. Algunos fieles cuidándose del frío, se fueron a sus casas. Nosotros nos quedamos a deleitarnos con la música del mariachi. Faltando algunas 6 canciones para terminar el contrato de música, el Padre José Manuel subió al tapanco, cogió el micrófono y comenzó a cantar. La inspiración de Joan Sebastián, del Buqui, de Geovani Cabrera y Horacio Palencia, de Julión, de Martín Urrieta fue interpretada muy bien con una voz timbrada. Una mujer que estaba atrás de mí, de ésas de fácil decir, me zuzurró al oído: sino le gusta ser padre que se meta a cantar. Yo la oí, la vi y pensé: diablo de chamuco donde quiera se viste de mujer. Cerca de las 10 de la noche culminó este evento de despedida para el Padre José Manuel que sin duda seguirá oficiando otras misas mientras prepara la maleta definitiva con rumbo al Seminario de Guadalupe, Zacatecas.
“Acá entre nos, siempre te voy a recordar y hoy que a mi lado ya no estás no queda mas que confesar que ya no puedo soportar…” cantó despidiéndose de Luis Moya.
