POR JOSE SALVADOR MURGUI SORIANO, CRONISTA OFICIAL DE CASINOS (VALENCIA).
Hay un camino que une la muerte y la vida y otro camino que separa la muerte de la vida. Este camino es por el que anduvo los últimos días de su vida el tío Manolo. Fue al hospital en busca de recuperar la salud, vivió días de suma gravedad, empezó a mejorar pensando en su vuelta a casa y la mañana del domingo día seis de septiembre, en silencio, discretamente, suspirando… se apagó rodeado de todas las atenciones médicas y la atenta mirada de su familia. Al final es un suspiro silencioso, nunca esperado ni bien recibido el que pone fin a nuestros días.
Manuel Ibáñez ha sido uno de esos hombres del siglo XX y principios del XXI que si tuviéramos que definirlo con dos palabras, bastaría decir. “Del Comercio”, pero del Comercio con mayúsculas. Puede sonar a relato íntimo, antiguo, pero hay casas que marcan la historia de los pueblos. Hablar hoy de la tienda de <Pilar la de Julio>, puede resultar tan añejo como olvidadizo, pero ha existido. Por otra parte nombrar la Carreria, en la esquina de la Calle colón con la carretera, de los hermanos García, es algo que queda en una nebulosa sepultada a finales del siglo XX.
Esas dos realidades, son las que forjaron a nuestro protagonista, su madre la tía Concha (gran lectora de libros, instruida en el saber popular), hermana de aquellos hombres de forja y madera, junto a su suegra Pilar la de Julio, hicieron que Manolo desde muy joven tuviera una visión ampliamente comercial. Sus viajes al Mercado de Abastos y hasta incluso el mismo Mercado Central de Valencia, fueron los mejores profesores para este entregado alumno. Del matrimonio de Manolo y Pilar, en aquella tienda de la calle de San Roque, que supervisaba todo lo que se vivía en la Plaza Mayor, nacieron tres hijos: Julio, Mª Pilar y Manolin… herederos de esta generación histórica.
Los pueblos, su agricultura, sus establecimientos, sufren continua transformación, Manolo junto a sus hijos al final de la década de los años ochenta, supo satisfacer una de las necesidades locales, empezando a comercializar las alcachofas, que con tanta intensidad se cultivaban en nuestros campos. De esa primera empresa con una báscula y muchos cajones que llenar, nació el almacén que con gran visión de futuro, abrió sus puertas en la pista del Arzobispo, facilitando el comercio de las frutas, verduras y hortalizas que producían los agricultores.
Las noches eran días en Merca-Valencia. Los amaneceres que habrá descubierto esta familia, sentados en el camión son incontables y cuando nadie sabía que en Casinos, producíamos naranjas, el camión de Manolo Ibáñez, lo proclamaba a viva voz por nuestras carreteras: Che taronges de Casinos!
Más tarde, ya en el siglo XXI, nació “Tufrutería.es” logrando ser un local de referencia, con un solo referente, la calidad del sello humano y distinguido que sabe poner la familia Ibáñez en sus productos.
“Somos los representantes de la Firma SPAR en Casinos”… la mayor cadena de supermercados independientes del mundo, con más de 12.000 unidades de negocio operativas 1.473 de ellas en España y una de ellas estaba en la Calle de San Roque del pueblo, regentada por esta familia; SPAR es una marca de larga trayectoria, especialmente en Europa, donde tiene un nivel de notoriedad y reconocimiento muy altos.
Ese es el principio de esta historia. Historia cargada de capítulos que en esencia definen la vida de los pueblos. El fundador el tío Julio, una institución, marchó a la eternidad el 30 de enero de 1948, dejando viuda a Pilar junto a sus hijos: Pilar y Julio. El 22 de junio de 1959, un trágico accidente en la balsa de la Seña, acabó con la joven vida de Julín. Rafael Sempere en su libro “Imágenes de la memoria recuperada” narra esta dura tragedia para la familia y el pueblo. Días de luto riguroso que aun perdura en el recuerdo.
Manolo y Pilar, como exprese con anterioridad, casaron y nacieron los tres hijos que son la realidad de la casa. La abuela Pilar poco a poco se fue apagando y el día 4 de agosto de 1982 cerraba sus ojos a este mundo. Son pérdidas que marcan el rumbo de las casas. Siempre hay que seguir adelante, las puertas de la tienda se volvieron a abrir, la vida sigue con nuestros seres queridos en la mente y el trabajo dignifica estos momentos de dolor.
Agosto del año 2021, el día 12, después de la pandemia, después del marcapasos, después de mil cuidados, se fue muy en silencio el Pilar de la casa, quedando Manolo con sus hijos, esposas y nietos y Manolo siguió adelante. Nunca perdió de vista su humor socarrón y oportuno, con su visión comercial.
En toda esta historia, quedan muchas lagunas que hicieron grande a nuestro hombre. Su colaboración con la Sociedad Unión Musical Casinense fue impagable. Transportista durante muchos años de instrumentos que se tenían que reparar. Formar parte de los Juntas Directivas en las décadas de 1960 y 1970. Su implicación con la Banda Infantil de la Federación regional de Bandas de Música de Valencia. Viajes y más viajes a Llíria, a Valencia, ensayos, conciertos… momentos imposibles de reseñar en estas mis pobres palabras. Formando también parte de otras Juntas de Entidades locales.
Hechos que dignifican al hombre que hoy nos deja. ¡Gracias Manolo por dar tanto a Casinos, y hacerlo sin levantar la voz! No puedo olvidar las noches que después de terminar UMUCA, nos reuníamos en el comedor de esa casa, donde, la hora que era, nos íbamos desayunados a casa. ¡Que padres más consentidores hemos tenido! Y no lo sabíamos, ¡que ricos éramos, pensando que aquello era para siempre! ¡No ha sido para siempre!, para siempre es lo que hemos vivido junto a ellos, todo lo que nos han dado y todo lo que hemos compartido.
No puedo extenderme más, la mente me traiciona, porque cuando se ha vivido con tanta inmensidad, las palabras no pueden expresar cada instante, cada paso recorrido. Hoy despedimos a un buen hombre, un buen hijo, un buen hermano, un buen padre, un buen abuelo, un buen amigo.
Recuerdo emocionado que el pasado mes de febrero se encontró con mi padre en la calle Cervantes. Los dos en carro de ruedas, pero ¡qué alegría al encontrarse, hablando de todo y de nada! Cuando se despidieron, el tío Manolo, llamó a mi padre: “¡-Avelino, tu que eres hombre de finanzas y sabes de que va, mira a ver si encuentras ciento cincuenta o doscientas hanegadas de tierra, las compramos y las plantamos de naranjas!” Así termino la conversación, mi padre estuvo sonriendo toda la mañana, ¿Cómo iba a encontrar esa cantidad de tierra sin salir de casa? Todo quedó en un anécdota digno de ser recordado por la visón comercial de Manolo.
Incluso sus últimos días en el hospital, miraba por la ventana y disfrutaba de ver los campos trabajados. Un ejemplo de laboriosidad hasta el último día.
Seguro que se me ha olvidado algo, porque cuando una vida es intensa, se vive con fuerza y con los días llenos. Acabo recordando lo que escribió Rafael Sempere en la página 128 de su libro: “La niña se casó, ella murió y creo que se llevó el “fardo” de ropa a la tumba.
Y la niña tuvo tres hijos. Uno de ellos corpulento como el abuelo, es profesor de la Orquesta Municipal de Valencia, es nieto de Pilar y amigo mío. Y a pesar de su robustez, su paternidad y su calvicie, es sobrino de aquel niño Julito, que murió solo bajo las aguas turbias de aquella balsa”.
Hoy todos vosotros, Julio. Mª Pilar, Manolin, vuestros hijos, vuestros nietos, todos, sois los herederos de aquella saga de comerciantes, de aquella historia de amor que la abuela Pilar y el abuelo Julio, escribieron en letras de oro en la calle de San Roque.
Con Manolo Ibáñez se cierra este excelente capítulo. Su vida de trabajo ligada al comercio y a su familia lo ha convertido en un referente.
Descanse en Paz, las más sentidas condolencias a la familia y lo despediremos esta tarde del lunes día 7 de septiembre a las 18 horas en la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de Casinos.
