POR MANUEL GONZÁLEZ RAMÍREZ, CRONISTA DE ZACATECAS (MÉXICO)
El 22 de agosto es la fiesta de la realeza de la Virgen María. Y esa dignidad está representada en la portada principal de la catedral de Zacatecas. Una imponente corona real se encuentra sobre la imagen de la Virgen que se localiza en el arco de la puerta.
La Virgen María lleva sobre sus sienes una corona, signo de su realeza, porque Ella es la Reina-Madre, el fruto de su vientre, su hijo Jesucristo, es el vástago de la casa del Rey David y el Rey de Reyes. La imagen y el oficio de la reina madre en el Antiguo Testamento, la «gran Señora», como abogada ante el rey por el pueblo del reino, proféticamente preanuncia el oficio de la gran Reina Madre y Señora del Nuevo Testamento.
Puesto que es María de Nazaret, Nuestra Señora de las Virtudes, quien se convierte en la Reina y Madre en el Reino de Dios, como la Madre de Cristo, Rey de todas las naciones. La Mujer al pie de la Cruz (cf. Jn19, 26), se convierte en la Gran Señora (Domina) con el Señor y Rey, y por tanto será la dueña (Patrona), Abogada y Reina del Pueblo de Dios desde el cielo.
La analogía de María Reina, con el reinado de Cristo es una mirada obligada, porque es ciertamente iluminadora. En 1925, el 11 de diciembre, el Papa Pío XI, en su encíclica Quas Primas, instituyó la fiesta de la «Realeza de Cristo». No lo hizo para que la misma quedara como un añadido litúrgico o devocional, la instituyó «como inspiración para todos los hombres en su vida completa, persona y social», por eso se ha considerado a la misma «el foco de toda su obra, el punto de confluencia de todas sus empresas y planes de acción».
El dogma de la Asunción, que celebramos la pasada semana, nos lleva de modo natural a la fiesta que hoy celebramos, la Realeza de María.
Ella fue trasladada al Cielo en cuerpo y alma para ser coronada por la Santísima Trinidad como Reina; así lo enseña el concilio Vaticano II: «terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (cfr. Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte». Esta verdad ha sido afirmada desde tiempos antiquísimos por la piedad de los fieles y enseñada por el Magisterio de la Iglesia.
El Papa Pío XII, proclamó la fiesta litúrgica de la Realeza de Nuestra Señora el 1 de noviembre de 1954 (encíclica Ad caeli reginam). La iniciativa, para ese acto pontificio, provino de los fieles. Millares de peticiones fueron enviadas a la Santa Sede solicitando la institución de la fiesta. María impera en el cielo sobre los ángeles y bienaventurados, lo cual está representado en este bellísimo retablo de cantera que luce la fachada principal de nuestra catedral de Zacatecas.
