DISCURSO DE PRESENTACIÓN DE «CRÓNICAS DE LA VILLA DE VALDEPIÉLAGOS» 25 DE SEPTIEMBRE DE 2026.
Oct 02 2026

POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).

                                                     

Buenas tardes,
Sr. alcalde, ccorporación municipal, valdepielagueñas y valdepielagueños, vecinas y vecinos, querida familia, compañeros de barrio, de colegio y de infancia, compañeros cronistas, amigos todos.
Os agradezco que hayáis querido compartir conmigo una tarde como esta.
Ya se ha hablado mucho del cronista. Y yo he venido a hablar de mi libro. Como dijo Umbral hace años.
Y es un decir que sea mío porque en el fondo este libro es vuestro. Es un regalo que hago al pueblo y a las generaciones que vendrán tras nosotros.
Siempre he hablado de la importancia de la historia local, desconocida, y que además de en documentos escondidos se encuentra en cada una de las casas de un municipio. Mucha historia local se pone de manifiesto cuando se reúnen las familias en las comidas y las cenas, y se cuentan relatos que pasan de padres y abuelos a hijos y nietos. El problema es que al final se pierden.
Aquí no tengo más remedio que traer las palabras que hace ocho siglos el arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada escribió. Qué figura. Consiguió una bula papal de Inocencio III y llamó a una cruzada por toda Europa contra los musulmanes.
Hubo digamos tres olas de invasiones con una base religiosa. La primera en el 711 cuando Tarik y Muza, y la traición del conde don Julián, noble visigodo o bizantino, según algunos, gobernador de Ceuta, sí, he dicho Ceuta, permitió la invasión de la península. La segunda oleada fue almorávide, tiempos del Cid y sus enfrentamientos con Yussuf, sobre todo en tierras valencianas. Y la tercera la almohade que terminó cuando vencieron a Mimamamolin, asi le llamaban los cristianos, en la batalla de las Navas de Tolosa. Pues bien, el artífice de esta unión de reyes cristianos fue el arzobispo de Toledo, Rodríguez Jiménez de Rada, que además de arzobispo, fue político, estadista, historiador y cronista. Fue el que para los habitantes de lo que entonces era una aldea, Valdepielagos, redactó aquel Fuero cuyos 8 siglos festejamos en el 2023 y dijo algo que nos interesa, al escribir ese documento: Sólo lo que queda escrito permanece en la memoria. «Verba volant, scripta manent»
Y por eso es bueno que haya crónicas como memoria de la historia local y que con el tiempo permanezcan, porque es nuestra historia, nuestro pasado.
Desde mi tercer libro, de investigación sobre mis ancestros, donde me centraba en dos apellidos de este pueblo, Frutos y De las Heras, he escrito cerca de 350 crónicas. Además de publicarlas en Facebook paralelamente las he publicado en blogspot, una página de internet, que ha tenido más de 26.000 visitas. Muchas desde el enlace que hay en la web del ayuntamiento.
Cuando presenté el libro sobre esos apellidos ni siquiera había sido nombrado cronista y la alusión al título no tenía más trascendencia que ponerle nombre a una seria de sucesos ocurridos en Valdepiélagos que habían ido paralelos a la historia y tenían que ver con estos apellidos pero también con el pueblo.
Dejadme que haga un inciso. Y una advertencia con el máximo cariño. La vida es muy corta. Lamentablemente aquel día de la presentación acudieron personas que nos han dejado, que hoy no están con nosotros. Recuerdo a los más cercanos, mi tía Ina, mi prima Alicia, Anatolio, y este último año mi primo Manolo, que me acompaño siempre que le dejó su enfermedad, y mi prima Edelmira, que no se perdía ningún evento que tuviera que ver con la cultura. A todos ellos les echo de menos. Por eso os pido que viváis vuestras vidas exprimiendo cada instante, dejaos vivir por quienes os quieren pero tampoco permitáis que os viva la vida cualquiera por intereses que no son vuestros.
Este libro incluye una selección de 48 crónicas de la historia de Valdepiélagos. Noticias contadas por algún vecino, encontradas en legajos donde te dejas la vista, en documentos digitalizados perdidos en grandes bases de datos, pero que se han recopilado para que los tengáis a vuestro alcance. Quiero hacer mención de una persona que no sólo me ha proporcionado enlaces sino que me ha ayudado a conocer historias desconocidas. Su nombre es Isidro de las Heras. Y no, no es familia. Gracias Isidro.
Cada una de las crónicas tiene la longitud exacta para intentar no aburrir. No quería que se convirtieran en ensayos tediosos. Y otra de las características es que no llevan un orden cronológico. He pensado que así podía ser más ameno. Poder abrir el libro y leer por cualquier sitio.
Dejo, si Dios quiere, para otra ocasión recopilar las crónicas más actuales, que cómo si fueran memorias, casi todos hemos vivido. Y son muy recientes. Son las vivencias de una tarde de rondalla, un belén viviente, una obra de teatro, una exposición de cuadros, una obra de teatro…
Debo agradecer también el estar aquí a una junta de gobierno del ayuntamiento que de forma unánime confío en mi sin yo saberlo. Y por supuesto a todos los verdaderos cronistas que compartieron su tiempo contándome historias de Valdepiélagos. Desde mi tía Ina, Alicia, Anatolio, nuestro pregonero en tiempos de pandemia y hacedor de una obra de arte como es la espléndida maqueta de nuestro pueblo, y a los escritos que dejó Macario, al que no conocí en persona, pero me permitieron leer.
No, no vais a encontrar en estas crónicas historias de reyes, gobernantes y sus guerras, pero sí de aquellos que tuvieron que sobrevivir en su época y lucharon y murieron en sus guerras. Encontraréis nombres de vuestros ancestros y de vuestros vecinos.
Una vez que se profundiza en la historia local de Valdepiélagos vemos que hemos estado en todos los saraos históricos y la sangre de valdepielagueñas y valdepielagueños han contribuido a la historia.
Por tener hemos tenido hasta bruja, cuyo proceso digitalizado podéis encontrar en el archivo pares. 1640 fue la fecha cuando señalaron a esta mujer. Maria de Espolea, la pastora. Envidias, favores no concedidos, el caso es que se interrogó a medio pueblo. Y no se si serían las hierbas de los montes que nos rodean, mandrágoras, muérdagos, belladona o alguna seta de esas que hace viajar las mentes la que hizo que algunos testimonios fueran dignos del proceso de Zugarramurdi. Al final se la obligó a realizar una abjuración de Levi. Pero la sangre no llegó a la hoguera. La abjuración de Levi consistía en renegar de lo que se le acusaba, arrepentirse y rezar públicamente muchos padrenuestros y muchas avemarías.
Tuvimos un héroe en la Guerra de las Filipinas, Julián González Frutos. Nacido en 1877 y muerto en el Hospital Militar de Manila el 22 de agosto de 1897. Para mí fue un héroe. Imaginad un mozo de este pueblo que entra en quintas. Es decir, aquel sorteo del que cogían a uno de cada cinco jóvenes para ir con el ejército y que viene de los tiempos de Juan II, el padre de Isabel la Católica. A finales del XIX y principios del XX el ir a la mili equivalía a ir directamente a la guerra. Un chaval que vivió como algo grande las fiestas de su pueblo. Que lo más lejos que viajó fue al molino de Talamanca o a Torrelaguna, que seguro que no pisó Madrid y fue enviado al primer Batallón de cazadores, octava compañía, en las Filipinas, a más de 11.000 km. Por aquella época existían dos leyes, la Ley de redención y la Ley de sustitución. Si podías que alguien te sustituyera y fuera por ti, te librabas. O si pagabas una enorme cantidad, que durante la vigencia de esta ley iba de 6.000 a los 8.000 reales o entre 1.500 y 2.000 pesetas según el año, también te librabas. Ni siquiera el pueblo pudo reunir tales cantidades. Nuestro héroe, cuyas hermanas y hermanos son los ancestros de muchos de los que estáis hoy aquí murió de catarro intestinal, entre dolores, vómitos, calambres y fiebre.
Las enfermedades también llamaron a la puerta de Valdepiélagos, por ejemplo, la mal llamada Gripe Española, 1918 y siguientes años. Pero viendo los libros de defunción no tuvo la incidencia que hubo en Torrelaguna por ejemplo.
La sangre de Valdepiélagos también ha corrido por personajes ilustres.
Alejo Vera Estaca, nació en Viñuelas, Guadalajara, fue un ilustre representante de la pintura histórica y del romanticismo español, profesor de la escuela de artes de San Fernando. En el 2023 se recordó los 100 años de su muerte en una magnifica exposición en Guadalajara. Es algo muy español. Recordamos a un fallecido de hace mucho tiempo, pero en este caso, a su entierro no fueron ni diez personas. Una de sus obras más importantes “El último día de Numancia” lo podéis ver en la Diputación Provincial de Soria y pertenece a la colección del Museo del Prado. Pues bien, yo no voy a discutir que Alejo nació en Viñuelas, por cierto, porque le dieron ese destino a su padre que trabajaba en correos, pero sí tenemos que saber que la madre, abuelos y antepasados del pintor nacieron en Valdepiélagos. De hecho sus padres se casaron en la iglesia que tenéis ahí afuera.
Pero si cambiamos de famoso, la abuela paterna de Luis Mariano, el famoso tenor, era valdepielagueña. Y comparte con muchos de nosotros ancestros. Podemos decir que es primo de medio pueblo. En su honor, le he pedido a mi primo Miguel de las Heras, nuestro abacero del siglo XXI, que está hoy presente, que nos cante Violetas Imperiales al acabar el acto.
Estas crónicas también recogen curiosidades.
Quizás Salamanca estuviera acostumbrada a ver a Don Miguel de Unamuno yendo de su casa al rectorado de la universidad de Salamanca o por las calles de esa ciudad a diario. Esto no era noticia. Pero que estuviera un domingo de 1932 en Valdepiélagos si que lo fue. Además, salió en los periódicos de la capital.
Los franceses, en la guerra de la independencia, estuvieron robando lo que pudieron y hay constancia de qué y a quién. Al principio de la guerra de la independencia el francés se acuartelaba. El cuartel más cercano estaba en Torrelaguna. De allí venían patrullas, está documentado, y bajo amenazas de arrasar el pueblo, se llevaban trigo y mulas. Más tarde la guerra fue sin cuartel. Eran tiempos de Juan Martín el Empecinado, que cruzó a este lado de la sierra y persiguió al gabacho. En aquella época acampó un ejército español en El Casar. Y de allí vinieron a pedir no sólo cereal sino pan hecho. Como veis, las guerras las hacen los unos contra los otros pero siempre sufren los mismos.
También hay registro de las tormentas que machacaron el pueblo. Incluso una, con una rayo, destruyó la espadaña de la iglesia en una ocasión.
Hace años yo conocía la existencia de un alemán Karl Tichmann al que la excelente pronunciación del alemán en Valdepiélagos lo transformó en el tío Chisma. Tendría yo cuatro o cinco años y acompañé a mi padre por el camino de Mesones. Allí construía una casa y tenía mucho amistad con mi abuelo Emigdio. Murió, en extrañas circunstancias, a principios de 1972 y a menos de un mes, murió mi abuelo. Ambos están enterrados en el cementerio de Valdepiélagos, muy cerca. El alemán en una tumba desconocida, solo de tierra y vegetación. A su entierro vino mucha gente. Había sido presidente de los corresponsales extranjeros en ese Madrid donde, tras nuestra guerra incivil y durante la segunda guerra mundial, ambos bandos jugaban a los espías.
Pero un día, en una magnifica exposición de los cuadros de una excelente pintora Manuela González, aquí presente, mis quintas, que yo también tengo quintas y quintos en este pueblo, por cierto, ellas y ellos siempre estarán en la mejor edad, que es la mía, junto con Celia y alguna vecina más, me hablaron de un segundo alemán. A este directamente le llamaron el Tío loco. Me dieron pocas pistas, que vivía con una mujer llamada Carmen, que era médico, que era alemán… En esa nube de internet encontré al escritor Wayne Jamison que, había escrito un libro “Doctor Pirata”. Me puse en contacto con él y resultó que su personaje, que según sus datos huía a un pueblo de la sierra norte de Madrid, era nuestro tío loco y el pueblo, Valdepiélagos. Os recomiendo ese libro. La última parte de esa vida en Valdepiélagos la cuento en una de las crónicas. Este falso médico, no tenía titulación, fue nombrado director del Sanatorio Marítimo de Santa Clara en Chipiona en 1945. fue un espía nazi, agente de la Gestapo, que se movía en los círculos de Franco.
En el libro también he incluido crónicas sobre lo que considero personalidades nacidas en este pueblo y alguna persona que conocí en mi infancia y de la que tengo un recuerdo cariñoso.
Será porque nunca tuve abuelas y no pude recibir sus besos y sus mimos, porque habían muerto las dos, pero no puedo dejar de nombrar a Magdalena Bedoya.
Yo conocí a la tía Magdalena. En 1932, el año que vino Unamuno a Valdepiélagos, nació mi padre. A los veinte días murió su madre, mi abuela. Y si no hubiera sido por esta señora, que estaba criando su propio hijo, y ayudó a que saliera adelante mi padre, no existiría mi padre y hoy, con toda seguridad, os habríais librado de este cronista.
Hay otra crónica dedicada a Buenaventura Antonio González Chicharro, al que no conocí, padre de un desconocido hace años y al que hoy considero un gran amigo, Luis María González, escritor e investigador del subsuelo de Madrid. Pues bien, el padre fue un excelente pintor y no dudo mejor persona, como lo es su hijo.
En las calles de este pueblo se pasó verdadero terror, sobre todo por algún niño, que años después figura en otra crónica.
En fin, 48 crónicas de un libro que como no podía ser de otra manera tiene como portada la antigua fachada de la Ermita de la Soledad, donde hace años me sentaba con mis primos mayores y simplemente escuchaba. Cuando volvía a Madrid había crecido más años que los de mi clase, sólo en pillería. Aunque por aquella fecha, en alguna ocasión, tuve que oír aquello de “Madrileño patas de cigüeño”.
Por último me gustaría dejar claro que somos perecederos. Los políticos, los cronistas… Todos somos sustituibles. Pero hay personas que no podéis sustituir, una madre, un hijo, aquellos que os quieren y os rodean en el día a día. Prométedme al menos, que cuando salgamos por esa puesta os vais a querer más.
Gracias por soportarme cada vez que os mando los enlaces de las crónicas. Aquellos que las recibís estáis en una lista de distribución, bueno en dos, en WhatsApp, una para los que tienen Facebook y otra para los que no lo tienen. Os pido sinceramente que en el momento que os cansen me lo digáis para borrar vuestro número. Y aquellos que queráis recibirlas y aún no lo hagáis sólo tenéis que proporcionarme un número.
Me hubiera gustado tener más tiempo, pero me extendería mucho, para hablar de extremidades de gitanos, locuras del tío loco, o rompehuevos ajenos con ideas de casquero, o cómo las gallinas muertas volaban al otro lado del muro, y cómo regresaban, pero habrá que encontrar otro momento. Es más, os emplazo a que nos reunamos los días que queráis para que cómo en una sobremesa hablemos del pasado. Y me pongo a disposición de nuestros mayores para escuchar y escribir aquello que nos quieran contar.
Seguiré trabajando en dar fe de la importante historia local de Valdepiélagos y trabajaré en ello.
Gracias por aguantarme.
FUENTE:https://www.facebook.com/agustin.delasheras

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