POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLIANA DE LA FRONTERA, (CÁDIZ).
Para un matrimonio católico como el formado por Antonio Ruiz de Larrea y González de Copidana, natural de Mendiola (Álava), cargador a Indias, y de la irlandesa afincada en la capital gaditana, Francisca Javiera Aheran y Molonny, fue una bendición del cielo que, después de varios años sin concebir descendencia, les naciera su primer vástago. Presumimos que la alegría y el gozo fueron inmensos, celebrándose el bautizo como correspondía a una familia acomodada de Cádiz durante el último tercio del siglo XVIII. El sacramento del bautismo –la entrada del neonato como miembro de la Iglesia católica– era uno de los momentos cruciales de su vida, al margen de lo que suponía la celebración social y su presentación en sociedad.
Hoy, 29 de noviembre, se cumple el 250º aniversario del bautismo de la primera escritora romántica española, Francisca Javiera Ruiz de Larrea y Aheran, «Frasquita Larrea» (1775-1838). Gaditana de nacimiento, chiclanera de adopción, fue bautizada por el cura del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Cádiz en cuya ciudad había nacido el día anterior.
La familia poseía, como era característico de las familias pudientes gaditanas, una casa para su recreo en la cercana villa de Chiclana. En esa casa vivió y se educó en sus primeros años, como era habitual en una niña de su posición social. Hay autores, sin embargo, que aseguran que fue en Inglaterra. Vivió en la calle Huerta Chica número 16, junto a la familia Behic, íntimos amigos de los Ruiz Aheran en Cádiz. De hecho, su padrino fue Juan José Behic, y como testigos, Domingo y Manuel Behic.
En Chiclana se enamoró, Frasquita, con quince años –otros autores señalan que fue en el sur de Francia– del hamburgués Juan Nicolás Böhl de Faber, relacionado con el comercio de América en Cádiz, con quien casaría en 1796. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Cecilia, Aurora, Juan Jacobo y Ángela; la más reconocida de todos por su notoriedad en la literatura española fue Cecilia, que utilizó el seudónimo de «Fernán Caballero».
Vivió los primeros meses de la ocupación francesa de 1810 en su casa chiclanera, en donde tuvo que hospedar al general francés, Villatte. De este tiempo se conservan unas interesantísimas cartas que nos ilustran cómo fueron aquellos meses en nuestra villa. Después de la guerra y arruinado el negocio familiar, pasó largas temporadas en Bornos y, finalmente, se instaló con su familia en El Puerto de Santa María, donde fallecería.