EL CASCO ANTIGUO DE CARTAGENA: ¿HACIA DÓNDE VA SU FUTURO?
Jul 09 2025

POR LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN, CRONISTA OFICIAL DE CARTAGENA (MURCIA)

El día 7 de junio se celebró en el Casino de Cartagena  con gran éxito de participación la última tertulia de la temporada, bajo la experta coordinación del profesor de Economía,  Cándido Román. El encuentro llevó por título “Centro Histórico de Cartagena: ¿Quo vadis?” y reunió a un público numeroso y participativo, reflejo del creciente interés social por el devenir del corazón patrimonial de la ciudad.

Los tertulianos fueron Luis Miguel Pérez Adán, cronista oficial de Cartagena; Miguel Martínez, presidente de la Cámara de Comercio de Cartagena; Tomás Sánchez, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de la Comarca de Cartagena (FAVCAC), y el propio moderador, Cándido Román. También asistió el concejal de Cultura y Urbanismo del Ayuntamiento de Cartagena, Pablo Brequehais cuya presencia, sin embargo, fue meramente protocolaria, ya que no ofreció ninguna intervención sobre el tema tratado.

Luis Miguel Pérez Adán realizó una intervención vibrante y nostálgica que captó la atención de todos los presentes. Subrayó la pérdida de identidad del centro histórico, alertando sobre la desaparición progresiva de la Cartagena castiza. Entre sus afirmaciones más destacadas: “La gente se ha ido del centro a vivir a otros barrios y pueblos con la consiguiente pérdida de pertenencia a la ciudad”, “Los residentes de muchos años en Santa Ana ya no se reconocen como cartageneros”, o “Advertencia: estamos viviendo la muerte de la Cartagena castiza”. Con crudeza señaló que “han desaparecido más de 70 calles completas”, que “tenemos museos pero no vecinos”, y que “los políticos venden nuestro patrimonio al mejor postor”. Propuso un Plan de Rehabilitación Intensiva del Centro Histórico, la protección activa del comercio tradicional, campañas de colaboración entre el centro y las diputaciones, y una revitalización del casticismo que evite la sustitución cultural por fenómenos globales despersonalizados. En una de sus sentencias más lúcidas recordó a Isidoro Valverde: “Cartagena es impulsiva para sus cosas e indolente para las cosas importantes”.

Por su parte, Miguel Martínez  que también brilló,  destacó la necesidad de reconvertir el centro histórico en un espacio habitable, con alma, diseñado para residir, trabajar, convivir y disfrutar del ocio. Insistió en que el modelo urbano debe adaptarse al paradigma de ciudad 12-15-15, es decir, con acceso a servicios esenciales, trabajo y ocio en 15 minutos. Que se puedan construir hoteles con piscina, spa, gimnasio y terrazas en los áticos. , Afirmó que la apertura al mar por Santa Lucía, la labor de la UPCT recuperando edificios históricos, o la necesidad de eliminar trabas burocráticas, son claves para una Cartagena próspera. Lamentó los largos plazos de tramitación urbanística (hasta siete años para una licencia de obra), alertó sobre la falta de relevo generacional en comercio y hostelería y defendió la apuesta por un turismo cultural de calidad frente al turismo masivo. Con preocupación, apuntó el escaso apoyo institucional, el elevado absentismo laboral y los altos costes que enfrentan las empresas locales.

Tomás Sánchez ofreció una perspectiva vecinal crítica, cuestionando el imaginario compartido sobre el casco histórico. “¿A qué casco histórico nos estamos refiriendo?”, preguntó, señalando que muchas de sus zonas apenas reciben turistas. Reivindicó calles como Gibert o la Plaza del Sevillano como puntos de acceso alternativos y propuso desarrollar allí el denominado Turismo Naranja, centrado en la creatividad y la cultura local. Denunció que los promotores inmobiliarios rehúyen estas zonas por miedo e incertidumbre, y defendió que estos barrios también son casco histórico, aunque invisibilizados.

En cuanto al concejal Pablo Braquehais, su breve intervención giró en torno a la tramitación administrativa. Aseguró que el proyecto de la Morería no afecta al suelo arqueológico, y que “hay demasiada arqueología” como si esta fuese un obstáculo. Anticipó un mayor flujo de visitantes por la calle Gisbert con la próxima apertura del Anfiteatro Romano. Afirmó que el Plan Especial del Casco Antiguo sigue en vigor, aunque no mencionó medidas concretas de protección activa ni planes de dinamización del centro.

En lo personal, tras escuchar las interesantes aportaciones de los ponentes, muchos asistentes salimos con la misma pregunta: ¿Cómo queremos que sea el casco histórico? Se diagnosticaron problemas y se formularon ideas, pero faltó una visión clara, ambiciosa y compartida de futuro. El casco antiguo llegó a tener unos 50.000 habitantes en los años noventa; hoy no supera los 15.000. Esa despoblación explica la pérdida de ambiente. Sin cruceristas o excursionistas, ¿quién pasearía hoy por las calles San Fernando, Cuatro Santos o Saura a las tres de la tarde? Se dice que da miedo.

Hay cartageneros que ven el turismo como un atraso porque consideran que “solo trae camareros y limpiadoras”. Sin embargo, cuando se les pregunta por alternativas, siempre responden “industria”. Pero la industria en Cartagena está paralizada: el proyecto del puerto de El Gorguel no avanza, y el polo industrial del proyecto CAETRA, aún en pañales, ni siquiera cuenta con el respaldo efectivo del gobierno regional. La agricultura, además, se enfrenta al cierre del trasvase y a una progresiva transformación del suelo agrícola en huertos solares. Solo queda el turismo de calidad, y la pregunta es: ¿podemos permitirnos obstaculizar su desarrollo?

Cartagena lleva 18 años sin crecimiento hotelero real. El Ayuntamiento presume de cifras de ocupación, sin matizar que son porcentuales y no absolutas. La Oficina de Congresos afirma que faltan hoteles para eventos de más de 3.000 asistentes, y la Autoridad Portuaria señala que no podremos ser Puerto Home sin unas 8.000 plazas hoteleras en la ciudad.

Nada se sabe aún sobre el futuro de los solares, edificios en ruina o cerrados en el casco histórico. ¿Serán viviendas, residencias de estudiantes, hoteles o apartamentos turísticos? Barrios como Santa Lucía, Lo Campano, Los Mateos o la antigua fundición de Peñarrolla por su proximidad al mar, podrían ser zonas de expansión urbanística residencial y turística complementaria al centro. Pero falta un plan.

Tampoco se conocen planes del Ayuntamiento para la conservación estética del centro, la protección frente a la Urbanalización que se ha adueñado de la ciudad  pese a ser un Bien de Interés Cultural. ¿Se aplicará algún programa de rehabilitación de fachadas? ¿Habrá exigencias estéticas acordes al grado de protección? En el fondo, el debate crucial es cómo conservar el acervo cultural de Cartagena y reforzar su identidad como municipio con carácter propio dentro del mapa regional y nacional.

FUENTE: https://murciaeconomia.com/art/101657/el-casco-antiguo-de-cartagena-hacia-donde-va-su-futuro

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