POR JOSE LUIS ARAGON PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ).

Durante el transcurso del siglo XIX fueron muchos los viajeros ilustrados, poetas, novelistas, filósofos, dramaturgos… que pasaron por Chiclana o la visitaron. La mayoría de ellos, por no decir todos, dejaron escritas alguna referencia o simple nota en su diario sobre nuestra villa; desde Lord Byron a Chateaubriand y Moratín, solo por acudir a los más conocidos. También en aquel siglo otros personajes de la literatura nacional vivieron largas temporadas a las orillas del Iro; ejemplo paradigmático fueron Frasquita Larrea, su esposo Nicolás Böhl de Faber y su hija Cecilia [Fernán Caballero]. Esta última desde su niñez y posteriormente en su viudedad llegó a decir que se encontraba como desterrada. Pero desterrados como tal, muy pocos.
El destierro era un castigo que se aplicaba a diferentes delitos cometidos en el reino de Castilla durante la Edad Media; un castigo muy frecuente a finales del siglo XV. Muy numerosos fueron por causas políticas, atentados contra la moral de la época; otros por que molestaban a la realeza, nobleza o validos de los propios nobles o bien los nobles o validos molestaban al rey. Desde el Cid Campeador desterrado por Alfonso VI al Marqués de la Ensenada desterrado por Fernando VI.
Nuestro protagonista de hoy, Bartolomé José Gallardo y Blanco, escritor, filólogo, bibliógrafo y bibliotecario, crítico literario y político, que nació en Campanario (Badajoz) el 13 de agosto de 1776, fue un desterrado, un proscrito casi continuo de las políticas absolutistas. Encarcelado en el Cádiz sitiado por las tropas napoleónicas; censuradas su obra, el famoso diccionario crítico-burlesco titulado: «Diccionario razonado manual para la inteligencia de ciertos escritores que por equivocación han nacido en España». También perdió su cargo de bibliotecario de las Cortes. Liberada la ciudad, colaboró desde septiembre de 1812 a agosto del año siguiente con «La Abeja española», el primer periódico satírico-burlesco de España.
A la vuelta de Fernando VII, un grupo de diputados serviles le leyeron el «El Manifiesto de los persas» y el Rey, sin más miramientos hizo retornar el Absolutismo en España. Entonces, Gallardo, tomó el camino del exilio escapando a Londres y de la muerte. En varias ocasiones había escapado de ella por sus ideas liberales –que llevó hasta sus últimos días por bandera desde que tuvo conciencia y razón como persona–. En la ciudad del Támesis siguió escribiendo contra la política de los serviles o absolutistas. Regresó en 1820 con el gobierno liberal y volvió a ejercer de bibliotecario en las Cortes.
Sin embargo, cuando los liberales en 1823 pasaron a ser perseguidos y otros pasaron al ostracismo como escribió Wenceslao Ayguals de Izco: «Cayó también Ga¬llardo, no solo como hombre, sino como escritor, pues su equipaje y pape¬les fueron pasto de los peces del Gua¬dalquivir de Sevilla el día de San An¬tonio; día de terrible memoria para los liberales, y de gratísimos recuer¬dos para los serviles. Tanto descon¬certó á Gallardo la pérdida de sus pa¬peles, que no quiso emigrar, y se resignó á sufrir las persecuciones que le esperaban por sus opiniones, como las sufrió con ánimo bravío é indomable, lo mismo en Chiclana que en Sevilla, lo propio en Castro del Río [Córdoba] que en la imperial Toledo, siempre con altivo ceño, como estoica firmeza».
Esta breve semblanza de su biografía y su destierro en Chiclana, nos la confirma el propio autor en una carta escrita a un amigo, el día 16 de octubre de 1828 [sin exactitud en el año] y según se recoge en «Textos inéditos de Agustín Durán, Gallardo, Böhl, Quintana y Martínez de la Rosa», publicado por Leonardo Romero Tobar para la Revista de archivos, bibliotecas y archivos en 1975.
Escribe Gallardo: «Gentil resuello dirá V. que tengo para buzo al ver que he estado tanto tiempo hundido sin chistar ni mistar [aceptar algo sin protestar]. Mas he de saber V. que cuando en Sevilla recibí su favorecida para el amigo Caro, me hallaba con el pie en el estribo para aquel mi decantado viaje literario que me prometía […] Pero me volvieron toreo de duendes [cuando alguien pretende confundir o dar largas con evasivas] (…). De allí no me dejó pasar la mala trampa [una traición u obstáculo insalvable]. Tuve pues que buen portante que volver grupa para Sevilla, y de allí dar conmigo en Chiclana, donde, me han tenido un año desterrado.
Nunca peor. – Pero la segunda parte es la más lastimosa, de Chiclana fui redesterrado a Córdoba [ a Castro del Río].
Desconocemos cuanto tiempo estuvo en Chiclana y cómo fue tratado durante su estancia. Lo habitual era que el desterrado se integraba en la sociedad civil y la mayoría de los vecinos le estimasen y prestasen su ayuda. La obra de Gallardo es extensa en general. Sus libros más conocidos son: «El soplón del diarista de Salamanca», «Higiene de Presavin», «Polémica con García Suelto», «Apología de los palos», «Diccionario crítico-burlesco», «Defensa del Diccionario», «Carta blanca», «Al zurriago zurribanda» y «Cuatro palmetas».
Bibliografía:
AYGUALS DE IZCO, W. (1853-1854): «El Panteón Universal». Imprenta Ayguals de Izco, Madrid. 4 volúmenes.
ROMERO TOBAR, L.: «Textos inéditos de Agustín Durán, Gallardo, Böhl, Quintana y Martínez de la Rosa».