EL ESCUDO HERÁLDICO DE LA TORRE JORQUERA
Mar 17 2026

POR JOSE ANTONIO MELGARES, CRONISTA OFICIAL DE CARAVACA DE LA CRUZ (MURCIA).

                                       

El pasado jueves, 5 de marzo tuvo lugar, en la antigua Iglesia de la Soledad (hoy Museo Arqueológico local), la recepción oficial, con asistencia del alcalde José Francisco García Fernández, del viejo escudo de armas del comendador santiaguista Lorenzo Suárez de Figueroa (1344-1409), que según tradición oral estuvo colocado en la Torre de Jorquera, una de las erigidas, tras la reconquista del Reino de Murcia (1243), por los templarios, a quienes se encomendó por la Corona, la defensa de la frontera, por el Noroeste, con el de Granada.
Posteriormente a su construcción, hacia 1250, y siendo Gran Maestre de la Orden de Santiago el citado Lorenzo Suárez de Figueroa (estando ya las tierras de Caravaca y gran parte de las del Noroeste Murciano en poder de la Orden de Santiago). Éste colocó su escudo de armas sobre la puerta de entrada, que en estos edificios de carácter defensivo, como es sabido, no está a ras del suelo sino a considerable altura por razones de estrategia militar.

El escudo heráldico de la Torre Jorquera
Torre Jorquera (años 70) – Fotografía José Antonio Melgares
La piedra armera del “Comendador Figueroa” es un bloque de arenisca, con doselete guardapolvo, labrada en su cara externa en altorrelieve, en cuyo campo figura la Cruz de Santiago, con cuatro pequeñas veneras en sus extremos, y bajo ella las hojas de higuera de la familia “Figueroa” flanqueando una puerta con arco de herradura. El ya citado comendador y luego gran maestre de la Orden, tuvo especial predilección por Caravaca, colocando también su escudo de armas en la muralla del Castillo, y en el estuche donde se guarda la Stma. Cruz, el cual fue obsequio suyo a la Sda. Reliquia.

El escudo en cuestión, ya recuperado para el Patrimonio Cultural de Caravaca, fue extraído de su lugar original por el padre de D. Blas Marsilla Melgares, propietario de la finca rustica donde se encuentra la Torre, trasladándolo a su casa de Bullas, donde lo vieron y admiraron, colocado sobre caballete de madera, en el interior del inmueble, varias generaciones de la familia, en el despacho de aquel. En los años sesenta del pasado siglo, la pieza fue trasladada al chalet que, en dichos años, construyó, de nueva planta, en el Camino de Mairena, D. José Marsilla Marín de Cuenca, donde lo conocí por gentileza de sus nuevos dueños el citado D. José Marsilla y su esposa Da. Marisa Lacal, cuando diez años después, llevaba a cabo mi tesis de licenciatura.

En los primeros ochenta, e instalado el matrimonio en Marbella, el escudo fue trasladado hasta allí, al chalet que aquella construyó en la ciudad andaluza, hasta que, fallecido el esposo, Dª Marisa trasladó su residencia a un céntrico piso en la misma ciudad, pasando el blasón a un almacén guardamuebles, donde estuvo depositado hasta que se produjo la gestión del alcalde José Francisco con la dueña, gestión que dio como resultado la cesión, totalmente desinteresada por parte de aquella a la ciudad de Caravaca, depositándose en el Museo Arqueológico local (provisional o definitivamente), a salvo de las inclemencias del tiempo y al cuidado del equipo técnico de la institución que dirige el arqueólogo municipal D. Francisco Brotons Yagüe.

Hasta aquí lo que se sabe de la pieza por tradición oral, transmitida de padres a hijos a lo largo del tiempo. A partir de ahora toca hablar a la piedra. En lo sucesivo será ella la que hable a arqueólogos e historiadores, quienes hemos de ir extrayendo su mensaje teorizando, debatiendo, buscando paralelismos e investigando en definitiva, hasta llegar a conclusiones científicas que respondan a preguntas aún sin contestación como el porqué de su colocación en la torre, en inmueble nada ostentoso desde el punto de vista arquitectónico y sólo de carácter militar e informativo frente a la frontera de Alándalus. Si en realidad ésta procede del lugar donde tradicionalmente se ha admitido su procedencia hasta llegar al domicilio privado de la familia Marsilla, en Bullas y otros extremos aún por dilucidar.

La Torre de Jonquera tiene, además de un gran orificio sobre el acceso a la misma, donde pudo estar ubicada la pieza (aunque desplazada parcialmente de su eje vertical de simetría), otros varios orificios de menor envergadura, sin duda llevados a cabo por “buscadores de tesoros” inexistentes, a lo largo del tiempo. Interiormente se perdió la escalera volada, de madera, que permitía el acceso a la azotea del destacamento militar que la poblaba y desde donde, mediante señales ópticas (a base de fuego, humo o señales cifradas a base de espejos), se informaba al siguiente punto de la red defensivo-informativa de la Frontera (la Torre de Represa), de la presencia del enemigo en la lejanía; aviso que servía a la guarnición del resto de la red para su preparación ante la posible incursión enemiga.

Con la recuperación del escudo del Comendador Figueroa, gracias a la gestión municipal y a la generosidad de la propiedad, se ha dado un paso más en el esfuerzo por la recuperación integral del patrimonio cultural caravaqueño, del que tan orgullosos nos sentimos, y tenemos la obligación moral de transmitir, en las mejores condiciones de uso y disfrute a los hijos y nietos.

Aun queda mucho por hacer. Hay heridas aun por cicatrizar y enfermedades en vías de sanación. Pero el esfuerzo y la sensibilidad demostrada en los últimos años por la sociedad civil representada por nuestros representantes políticos, es el mejor síntoma de la sanación a la que dedicamos nuestro esfuerzo las gentes de nuestra generación.

FUENTE:https://elnoroestedigital.com/el-escudo-heraldico-de-la-torre-jorquera/

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