EL REY ALFONSO XII DE JOVEN SE DETUVO EN ARRIONDAS HACE 148 AÑOS DE PASO A COVADONGA
Nov 30 2025

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).

Con 19 años llegó el Rey al santuario para presidir el inicio de la construcción de la Basílica de Covadonga (1877-1901). Los gastos en pólvora y limpieza especial en la villa de Arriondas supusieron 239 pesetas. La calle principal aún no tenía aceras, pues la primera la hicieron los vecinos 31 años después. Parres aportó 5 pts. por cada uno de sus vecinos para el “Templo monumental de Covadonga”.

– Llamaban puerto “seco” al de montaña y puerto “mojado” al de mar.

Por cada res que pastase en el concejo de Parres su dueño debía plantar un árbol. La plantilla de maestros compartía las escuelas de Cangas de Onís y de Parres.  Cuando los dementes causaban problemas en el Hospital Psiquiátrico de La Cadellada, sus familiares debían abonar los gastos. Por un hijo se hace lo que sea, hasta salir a pedir por los caminos”, afirmaba una madre de Llerandi.

Alfonso Francisco de Asís Fernando Pío Juan María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón (que ese era el nombre completo de Alfonso XII) fue cumplimentado en Arriondas el día 22 de julio de 1877 cuando se dirigía a Covadonga con la finalidad de encender la mecha del primer barreno que -en el cerro del Cueto- puso en marcha la construcción de la Basílica de Covadonga que se concluiría 24 años después, de modo que el próximo año 2026 se cumplirán 125 años de la solemne consagración de la citada basílica.

El obrero vasco Ignacio Elola -al que llamaban “El Quemáu” o “Vizcaín”- fue el que preparó el primer barreno al que prendería fuego el rey para iniciar las obras de desmonte del cerro del Cueto donde se levantó la basílica.

Fue también “El Quemáu” quien colocó las cruces en los remates de las torres de la basílica 24 años después de aquel primer barreno y se cuenta que -abrazándose a una de ellas- dijo: “Yo empecé esta obra y yo la terminé”.

Ignacio fue durante años el encargado de colocar en diversos lugares del monte Auseva las numerosas lamparillas de aceite con las que se iluminaba aquel lugar en la noche de la famosísima “foguera” de Covadonga, la víspera de la fiesta de la “Santina”, en septiembre.

El monarca tenía en ese momento 19 años y era rey desde los 17. Se casó seis meses después de esta visita a Asturias con María de las Mercedes, Princesa de Orleans, la cual fallecería cinco meses después con sólo 18 años de edad. Al año siguiente se casó con María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Alfonso XII fallecería tres días antes de cumplir los 28 años, el 25 de noviembre de 1885.En junio de 1877 -un mes antes de su llegada a Covadonga- la Corporación Municipal de Parres incluyó en el capítulo de “imprevistos” los gastos para celebrar el paso del rey por la villa de Arriondas. Así, en pólvora se gastaron 150 pts., además de hacer una especial limpieza de la Plaza del Mercado, Casas Consistoriales y calle principal.

Los gastos totales ascendieron a 239 pts.

También se eligieron las personas que en nombre del concejo deberían cumplimentar al tatarabuelo del actual monarca Felipe VI.

Aquella calle principal aún no tenía aceras, pues la primera acera de cemento de Arriondas la construyeron los vecinos en el año 1908, e iba desde la estación del tranvía a Covadonga hasta el puente sobre el río Sella. La Corporación Municipal prometió abonar a los vecinos una ayuda de 1.000 pts. cuando justificasen los gastos de inversión en dicha acera.

El mismo año 1908 se puso en marcha el tranvía desde Arriondas a Covadonga que estuvo en funcionamiento hasta 1933.

Cuando -seis meses después de la visita de Alfonso XII- el obispado solicitó ayuda mediante suscripción para el proyectado “Templo monumental de Covadonga”, Parres aportó 5 pts. por cada uno de sus vecinos. En ese momento el concejo tenía 7.888 almas.

¿Qué pasaba en el concejo de Parres aquellos días de hace casi siglo y medio?

El 21 de mayo de aquel 1877 el Ayuntamiento de Colunga notificó que en su municipio se hacía obligatorio a todos los que con sus ganados disfrutasen de los pastos del Sueve que deberían plantar un árbol de buenas condiciones por cada res que pastase en dicho puerto, e invitaba a tomar la misma medida en la parte correspondiente a Parres.

Bien les pareció a los parragueses que, incluso, extendieron la medida a todas las demás zonas de pastos del concejo.

No es de extrañar la solemnidad que en Arriondas se daba a la celebración del Día del Árbol cada primavera.

Aquel lejano verano en el Plaza del Mercado (con el tiempo Plaza Venancio Pando), tomaron la misma medida que hoy es ya común en pueblos y ciudades, donde hay que delimitar el espacio a ocupar por las terrazas de hostelería.

En Arriondas señalaron los puestos de venta en su citada plaza principal, “colocando unas losas agujereadas en los puntos convenientes y a la distancia autorizada”, y así comenzó a cobrarse por dichos puestos.

Hace ciento cuarenta y ocho años que las corporaciones municipales de Ribadesella, Cangas de Onís, Amieva, Ponga, Caravia y Parres se sumaron al “pensamiento” de la de Piloña, en el sentido de que fuesen empleados de la Diputación los que se encargasen de recaudar los impuestos por los derechos en los consumos de la sal, al igual que en los “puertos secos y mojados” (curiosa esta alusión a los puertos de montaña y de mar respectivamente). Nada menos que 6.552 pesetas era la suma que suponían los impuestos por el “derecho de la sal”.

Esta coordinación entre concejos era más habitual de lo que pensamos; por ejemplo, en esos mismos días, los concejales pidieron que fuese libre entre Cangas de Onís y Arriondas la plantilla de maestros para compartir escuelas, y que algunas de cada concejo fuesen atendidas por el otro y viceversa.

En el habitual capítulo de miserias de la época haremos notar que la familia de aquellos dementes del concejo que causaban problemas en La Cadellada (donde estaba emplazado del Hospital Psiquiátrico de Oviedo) debían abonar los gastos ocasionados; pero algunas familias decían no tener medios para ello y una comisión acudía a su domicilio a verificarlo.

No es el caso de una madre de Llerandi que acudió al ayuntamiento a abonar las 63 pts. que supuso la estancia de su hijo enfermo en el citado Hospital Psiquiátrico, afirmando: “No tengo ahorros, pero vendí la cosecha del maíz para pagar esta deuda, porque por un hijo se hace lo que sea, hasta salir a pedir por los caminos si es necesario…”.

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