POR PEPE MONTESERÍN CORRALES, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS).
Es el mango Manila mi fruta preferida, por encima de las fresas, manzanas, picotas y cualquier exotismo. Su pulpa, de aroma intenso, es dulce, poco fibrosa, muy jugosa y baja en acidez. Tiene su origen en los mangos filipinos, traídos a México en 1779 en el Galeón de Manila, que cruzaba el Pacífico y llegaba a Acapulco.
Después de caminar por el Boulevard de Boca del Río (Veracruz), frente a la Isla de Sacrificios y darme un baño en La Bamba, un Manila fresco, con el trinchador adecuado, que penetre en su hueso para pelar sin pringarme demasiado y comerlo cual paleta, es el mayor placer.
Pues bien, en el mercado Zaragoza, de la Villa Rica, localicé una variante del Manila, aún mejor: el Ataúlfo, de Chiapas.
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