EL MUNDO ALMORÁVIDE Y TUDMIR: GEOGRAFÍA, PODER Y SEMILLA ESPIRITUAL
POR LOS CRONISTAS DE BLANCA (MURCIA)

La economía de Tudmir descansaba en un sistema agrícola de regadío, sostenido por una compleja red de acequias que transformaba las riberas del Segura en huertas productivas. A esta base se sumaba la ganadería trashumante —que aprovechaba los pastos de las sierras— y un comercio regional que conectaba la costa mediterránea con el interior a través de rutas como la que atravesaba el Puerto de la Losilla. Los almorávides, conscientes de la riqueza potencial de la región, implantaron un sistema fiscal preciso y estratificado que extraía recursos sin desestabilizar la producción local. Este sistema gravaba la tierra cultivable (jarāŷ), las cosechas (‘ushr, el diezmo) y el tránsito de mercancías y ganado (mukūs) en pasos estratégicos como la propia Losilla.
La recaudación en especie —especialmente el cereal— no se dispersaba: era concentrada y almacenada en el granero fortificado de Aldarache (Darrax), que funcionaba como depósito fiscal regional. Este granero no era un simple almacén; era un nodo logístico y de control, situado en una posición elevada desde donde se vigilaban los caminos y se gestionaba la redistribución de excedentes hacia guarniciones, funcionarios y, en momentos de necesidad, a la población. Su función iba más allá de lo económico: al estar situado en un enclave con posible uso como ribāṭ, el granero simbolizaba la unión entre el poder material y la vigilancia espiritual. Parte de lo recaudado sostenía no solo al Estado, sino también a estructuras de carácter religioso y formativo: pequeños oratorios, escuelas coránicas rurales y la hospitalidad a ascetas o maestros itinerantes que encontraban en el valle un espacio de retiro y enseñanza.
De este modo, la fiscalidad almorávide no era un fin en sí misma, sino un mecanismo de financiación de un orden más amplio que integraba lo militar, lo administrativo y lo devocional. El trigo almacenado en Aldarache alimentaba tanto a los soldados como al sustrato espiritual del valle, creando un circuito económico que, indirectamente, permitió la supervivencia y florecimiento de las corrientes de pensamiento y práctica ascética que más tarde Red de comunicación y logística caracterizarían al Valle de Ricote.
Los almorávides reactivaron y mantuvieron una red de caminos que enlazaba Tudmir con Valencia, Denia, Toledo y la costa mediterránea. Estos itinerarios no servían solo para mover tropas y mercancías; eran corredores de información, personas e ideas. Por ellos viajaban funcionarios, mercaderes, pero también maestros sufíes itinerantes, copistas con manuscritos, ascetas en busca de lugares apartados. El propio Valle de Ricote quedaba conectado a esta red a través del paso de la Losilla, que unía Murcia con el interior mesetario. Esa conectividad explica que un valle aparentemente cerrado pudiera recibir influencias intelectuales de Zaragoza, espirituales del Magreb y noticias políticas de todo al-Ándalus.