POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
En las noches silenciosas de Belén, bajo el manto estrellado que parecía contener el susurro del cielo, se reveló el nacimiento de aquel Niño que cambiaría la historia. Las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich describen una escena cargada de humildad y misterio: una cueva sencilla, iluminada por la tenue luz de una lámpara, donde María acunaba a su Hijo entre pañales y paja fresca. Cada respiración del recién nacido parecía resonar en la eternidad.
En un paralelo cinematográfico, la escena inicial de Ben Hur (1959), dirigida por William Wyler, evoca esa misma fascinación: los Reyes Magos, con rostros llenos de asombro y reverencia, contemplan al Mesías recién nacido, como si pudieran entrever ya la magnitud de su destino. La cueva se convierte en un santuario silencioso, donde lo divino se posa entre lo humilde, y cada mirada es un homenaje al misterio de la Encarnación.
Pero existió una visionaria que recibió el don de ver escenas religiosas clave. En la quietud profunda de la noche en Belén, un resplandor creciente rodeaba a la Virgen María, hasta que la luz de la lámpara de José quedó eclipsada por aquel fulgor celestial. María, arrodillada sobre su colcha, con el amplio vestido desplegado a su alrededor, se volvía hacia Oriente en un silencio reverente. Era el instante previo al nacimiento del Salvador, un momento que, según las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich, estaba impregnado de lo sagrado y de lo humano a la vez.
La monja alemana, dotada del don de contemplar escenas celestiales y terrestres como si fueran “fotogramas” que se desplegaban ante sus ojos, describía con detalle cada gesto de aquel nacimiento histórico. A medianoche, la Virgen se sumió en un éxtasis de oración, levantándose apenas sobre la tierra, mientras una vía de luz se abría entre ella y los cielos, iluminando la gruta con un fulgor creciente. En esa luz danzaban coros de espíritus celestiales, una presencia que acompañaba el milagro del Nacimiento de Jesús.
Entonces, el Niño Jesús llegó al mundo. La Virgen, todavía en éxtasis, lo contemplaba desde el suelo, un recién nacido frágil y desvalido, rodeado de un resplandor que parecía trascender toda medida.
María, con delicadeza, lo envolvió en pañales, lo sostuvo en su pecho y comenzó a darle de mamar, mientras ángeles de apariencia humana se inclinaban en adoración a su alrededor. José, tras ser llamado, se acercó y, con lágrimas de gozo, abrazó al Niño, alabando a Dios por aquel regalo divino.
La gruta se transformó en un refugio de contemplación: María y José sentados juntos, en silencio, observando al Niño radiante sobre la alfombra, mientras los aromas de la tierra y el murmullo de la vida parecían vibrar en armonía con la llegada del Mesías. Cuando lo colocaron en el pesebre, hecho de juncos y cubierto con finos mantos, ambos lloraban de alegría, conscientes de que aquel momento contenía la salvación del mundo.
Al despuntar la mañana, pastores humildes llegaron siguiendo la guía del ángel. José los recibió con cordialidad y los condujo hasta la Virgen, que sentada junto al pesebre sostenía al Niño en su regazo. Los pastores, emocionados, se postraron en silencio, cantando himnos de alabanza y recibiendo al Salvador en sus brazos antes de despedirse, dejando la cueva impregnada de un silencio luminoso y reverente.
Así, según Ana Catalina Emmerich, la humilde cueva de Belén se convirtió en el escenario donde lo divino y lo humano se encontraron, donde la luz del cielo abrazó a la tierra y donde la esperanza de la humanidad comenzó a brillar en la figura de un niño recién nacido.
Ana Catalina Emmerich (1774–1824) fue una monja agustina alemana conocida por sus profundas visiones místicas de la vida de Jesús, la Virgen María y la Pasión de Cristo. Desde muy joven mostró una gran devoción religiosa y, según los testimonios, experimentó fenómenos extraordinarios como los estigmas de la Pasión, que son las marcas que reproducen las heridas de Cristo.
A lo largo de su vida, Emmerich tuvo visiones detalladas de eventos bíblicos y cotidianos de la vida de la Sagrada Familia, los cuales describía como “cuadros” o escenas que veía de manera clara y vívida, casi como si fueran películas que se desarrollaban ante sus ojos. Estas visiones fueron recopiladas principalmente por el poeta y escritor Clemente Brentano, quien transcribió y publicó sus relatos en obras como La vida oculta de la Virgen María y La amarga Pasión de Cristo.
Aunque sus visiones no forman parte del dogma de la Iglesia, la Iglesia católica las considera de gran valor espiritual, pues ofrecen una manera profunda de meditar sobre la vida de Jesús y de María. Ana Catalina vivió una vida austera, alimentándose únicamente de la Eucaristía en ciertos períodos, y dedicándose enteramente a la oración y a la contemplación. Fue beatificada por la Iglesia en 2004.
No es posible listar literalmente todas las visiones que tuvo la religiosa, porque eran muy extensas y a veces se superponían en sus “cuadros” o escenas. Sin embargo, se pueden organizar por grandes temas según los registros de Clemente Brentano y otros compiladores:
1. Vida de la Virgen María
Nacimiento e infancia de María. Aparecen detalles de la casa de sus padres (Santa Ana y San Joaquín), la educación y piedad de la joven María.
La Anunciación. La visita del Arcángel Gabriel, la reacción de María y la percepción de la gracia que la rodeaba.
La Visita a Isabel. Su camino, el encuentro con Isabel y Juan Bautista en el vientre; y los milagros que percibió en el entorno.
La vida oculta de María con José y Jesús. La vida familiar, los viajes a Jerusalén, la enseñanza de Jesús en su infancia y juventud.
2. Nacimiento de Jesús
La llegada a Belén, la búsqueda de un lugar donde dar a luz.
El nacimiento en la cueva establo, con un intenso resplandor y la presencia de ángeles.
La adoración de los pastores y de los Reyes Magos.
Los detalles de los primeros cuidados de María y José: pañales, pesebre; y la ternura familiar.
Signos extraordinarios en la creación como animales y plantas que se mostraban alegres, fuentes que brotaban.
3. Vida y ministerio de Jesús
Infancia y adolescencia. Viajes a Jerusalén, milagros tempranos, estudios y obediencia a María y José.
Bautismo en el Jordán. La visión de Juan Bautista y la manifestación del Espíritu Santo.
Milagros y enseñanzas. Cada acto de Jesús era percibido como un “cuadro” lleno de luz y presencia divina.
Interacciones con discípulos y personas necesitadas: enfermos, pecadores, pobres, y su compasión.
4. Pasión y Muerte
Detallada recreación de la Pasión: desde la Última Cena, la oración en Getsemaní, hasta la flagelación, coronación de espinas y camino al Calvario.
Crucifixión y muerte de Jesús: percepción de los estigmas, los dolores y el sufrimiento de Cristo, con signos celestiales de la magnitud del evento.
Descenso de Jesús al sepulcro y visiones de los ángeles que custodiaban su cuerpo.
5. Resurrección y apariciones
Aparición a María Magdalena y a los discípulos, con Jesús mostrando heridas gloriosas.
La Ascensión: cómo lo veía elevarse hacia el cielo, con coros angelicales.
Impresiones sobre la Iglesia naciente y la misión de los apóstoles.
6. Otras visiones complementarias
Profecías y acontecimientos históricos: algunos episodios de Jerusalén, la vida de los santos y la influencia de la gracia divina en los reyes y el pueblo.
Estigmas y sufrimiento personal: sus propias visiones de la Pasión, con los estigmas físicos que sufrió y su alimentación únicamente con la Eucaristía.
FUENTE:https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5740083/nacimiento-segun-emmerich
