EL PATIO HACHUEL: MEMORIA DE UN LUGAR QUE LATE ENTRE RUINAS Y FUTURO
Dic 01 2025

POR JOSÉ LUÍS GÓMEZ GARCELÓ, CRONISTA OFICIAL DE CEUTA.

El antiguo conjunto de viviendas humildes, hoy convertido en un solar invadido por la vegetación, se prepara para renacer gracias a un nuevo proyecto inmobiliario mientras su historia, marcada por la vida comunitaria y las urgencias sociales de otra época, resurge en la voz de Gómez Barceló, cronista oficial de la ciudad autónoma

El Patio Hachuel, hoy apenas un gran claro verde atrapado entre edificios modernos, fue en otro tiempo un universo que latía con fuerza. Un pedazo de ciudad con ritmo propio, donde la vida se tejía entre corredores, galerías y conversaciones al aire libre. Un modelo de vivienda comunitaria heredero de la tradición andalusí, en el que las casas se ordenaban alrededor de un patio central que servía de corazón cotidiano.

Lleva el apellido de una conocida familia sefardí arraigada en Ceuta y nació como respuesta a la presión demográfica que transformó la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX. Ahora, ese mismo suelo volverá a albergar vida: un proyecto inmobiliario pondrá fin a décadas de abandono y abrirá un nuevo capítulo sobre uno de los lugares más emblemáticos del urbanismo popular ceutí.

El origen de un experimento social

El cronista oficial de la ciudad autónoma de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, recuerda con nitidez qué fue realmente aquel patio: «El Patio Hachuel era un experimento de vivienda barata, unas casas de corredor», explica. Fueron promovidas por un empresario judío local, quien introdujo una tipología muy particular. «Era un patio con tres corredores, con galerías y pilares de forja, como algunas corralas de Madrid», detalla.

El diseño, sencillo pero funcional, daba respuesta a una necesidad urgente. La ciudad había pasado, casi de golpe, de 10.000 habitantes en el siglo XIX a 35.000 en 1930, y continuaría creciendo hasta alcanzar los 83.000 vecinos al final del siglo XX.

Ese crecimiento acelerado forzó soluciones rápidas: huertas urbanas, jardines y descampados terminaron convirtiéndose en infraviviendas, y patios como el Hachuel ofrecían una alternativa de mayor dignidad en un contexto de precariedad generalizada.

Vida cotidiana: belleza y crudeza

Aunque hoy muchos lo recuerden con cierta nostalgia, Barceló insiste en que no debe idealizarse ese pasado.
«Las condiciones de vida eran muy malas», afirma con contundencia. Hasta bien entrado el siglo XX, la mayoría de las casas carecía de baño propio; el retrete era común, el baño se hacía en un balde y no pocas familias cocinaban en la misma puerta de la vivienda. «Vivir seis personas en 30 o 40 metros era terrible», resume el cronista.

La estética pintoresca que hoy evocan algunos patios —y que tanto atrae a visitantes y fotógrafos— no deja de ser, en palabras de Barceló, “tipismo basado en la pobreza”. Lugares que deslumbran desde fuera, pero que escondían vidas marcadas por la estrechez.

El declive y el silencio

Con el paso del tiempo, el Patio Hachuel cayó en la categoría de infravivienda. Sus casas, envejecidas, dejaron de cumplir los mínimos de habitabilidad. «Aquel patio ya no era sostenible«, recuerda Barceló. La propiedad se fragmentó, llegaron nuevos usos y finalmente se integró en una actuación urbanística que pretendía erradicar los focos de precariedad del centro urbano

El proyecto se ejecutó parcialmente, pero quedó paralizado durante décadas. Lo que fue un hogar para decenas de familias quedó reducido a un solar olvidado, donde la naturaleza fue reconquistando cada rincón.

Un renacimiento anunciado

Hoy, ese vacío urbano será escenario de un nuevo proyecto inmobiliario que promete dar vida de nuevo al espacio. No será un patio de vecinos como los de antaño, pero sí una pieza más en la evolución urbana de Ceuta.

Quedará, eso sí, la memoria. La sensación de que bajo cada piedra y cada raíz que hoy cubre el solar duerme una historia humana. Una historia de supervivencia, de comunidad, de transformación. Una historia que sigue respirando a través de las palabras de quienes, como Gómez Barceló, aún pueden describir cómo sonaba aquel patio cuando estaba vivo.

Porque aunque el Patio Hachuel desapareciera físicamente, su huella —hecha de corredores estrechos, voces comunitarias y lucha cotidiana por un techo digno— permanece, recordando a la ciudad que también en sus rincones más humildes se escriben páginas esenciales de su identidad.

FUENTE:https://www.ceutaactualidad.com/articulo/cultura/patio-hachuel-memoria-patio-que-late-entre-ruinas-futuro/20251129192839252996.html

 

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