EL PRIMER CATOVI. RECONOCIMIENTO A UN CACEREÑO DE TODA LA VIDA
Mar 19 2026

POR JUAN PEDRO RECIO CUESTA, CRONISTRA OFICIAL DE LA VILLA DE TORNAVACAS (CÁCERES)

EN ENERO SE CUMPLIÓ UN AÑO de la muerte de Antonio Sánchez Buenadicha, catedrático, escritor, columnista de El Periódico y político cacereño. La asociación de vecinos de La Madrila solicitará al Ayuntamiento de Cáceres que un espacio de este barrio esté dedicado y lleve el nombre de una de las personas que mejor ha retratado la idiosincrasia de los cacereños y de la ciudad

El acto fue la tarde de un viernes de mayo de 2017 y no podía ser en otro sitio que en la sede del Ateneo. Ese día se presentaba el nuevo libro de Antonio Sánchez Buenadicha. Su título: ‘Nadie más catovi que yo’. Pocos acrónimos han calado tanto y han tenido tanto éxito en Cáceres como catovi (CAcereño de TOda la VIda). Su creador fue Buenadicha. El origen estuvo en el eslogan con el que José María Saponi, candidato del PP, se presentó en 2003 a la reelección como alcalde. Ese lema le ayudó a ganar, fue el más acertado de todos los presentados en unos comicios locales en la ciudad. Saponi, cacereño de toda la vida, se enfrentaba a la socialista Carmen Heras, quien, aunque llevaba muchos años afincada en Cáceres, había nacido en Zamora.

En esa tarde de mayo, Saponi estaba con Buenadicha, a quien definió como «una persona de aspecto serio, pero quienes le hemos tratado sabemos de la fina ironía que le caracteriza». Esa ironía y su especial sentido del humor fueron los que le permitieron mostrar, con sus textos sobre los catovis, la idiosincrasia de los cacereños. Acertó en reflejar la forma de ser de los habitantes de una ciudad de provincia que era también la suya porque Buenadicha, pese a que vino al mundo en Tornavacas, era un cacereño de toda la vidaCuando llegó a Cáceres «dejé de ser un niño para convertirme en un muchachino», comentó, ante el auditorio del Ateneo, ese día de mayo de hace nueve años.

Buenadicha fue catedrático de Filosofía y su última etapa docente la desarrolló en el instituto Hernández Pacheco de Cáceres tras pasar por centros de Alcántara y Arroyo de la Luz, además de por las aulas de El Brocense y el Norba. Fue columnista de El Periódico Extremadura durante más de cuarenta años, tribuna en la que, con su ironía, Cáceres y los catovis fueron muchas veces los protagonistas. Ganó el premio de periodismo Dionisio Acedo en el año 20o2, antes se había llevado un accéssit, en 1997.

También fue político, labor que desarrolló en la legislatura de 1983 a 1987 tanto en la Asamblea de Extremadura como en el Ayuntamiento de Cáceres, fue el candidato a la alcaldía en 1983 encabezando la lista de Extremadura Unida. «Promovió y montó la concejalía de Asuntos Sociales», destacó Marcelina Elviro, que coincidió con Buenadicha en la Asamblea de Extremadura y que recordó el compromiso social de Buenadicha y como fue el director de Cáritas en la diócesis de Coria-Cáceres, director regional y vicepresidente nacional. «Un día muy importante para nosotros fue la jornada en la que celebramos el primer 8 de septiembre en Guadalupe», rememoró Elviro. Buenadicha, en su paso por la Asamblea, participó en la comisión parlamentaria que trabajó en la organización de los primeros actos del día regional.

Saponi y Sánchez Buenadicha fallecieron en 2025. Primero Antonio, en enero, y unos meses después, en agosto, el alcalde que gobernó Cáceres desde 1995 a 2007. La Asociación de Vecinos de La Madrila quiere recuperar la figura del escritor y catedrático. Solicitará al ayuntamiento que se le dedique una de las plazas de esta barriada cacereña y que lleve su nombre. Buenadicha residió en doctor Fleming, una de las principales arterias de La Madrila. «Es un reconocimiento a una figura emblemática para el barrio, además se distingue a una persona que conocía perfectamente una ciudad que se pateaba», comentó Francisco de Borja Gutiérrez, presidente de la asociación de La Madrila.

Su paso por el Ateneo

Buenadicha participó activamente en el Ateneo de Cáceres. «Antonio era un intelectual crítico, pero amable, colgado de un cigarro eterno, con la sonrisilla pintada en la comisura de los labios, siempre dispuesto para dar las buenas tardes a los que íbamos acudiendo al Ateneo», rememoró Estaban Cortijo, que fue el fundador del Ateneo y su presidente durante quince años. Cortijo, catedrático de Filosofía, recordó del Buenadicha profesor que logró «algo que muy pocos educadores consiguen, enseñar deleitando, Buenadicha lo hacía incluso en sus columnas de prensa donde un tema de barra de cafetería pasaba a ser una pregunta, medio en serio medio en broma, sobre asuntos que, en ocasiones, consideramos incorrectos política o socialmente, y que la filosofía los llama sofismas, razonamientos falsos, que camuflan y apabullan pero no justifican el mal». «A su manera era un idealista, era un catovi tan puro que nunca estaba conforme con lo que había», comentó. El Ateneo le rindió un homenaje el pasado mayo.

De su participación en el Ateneo surgió la amistad con Francisco Rubio. «Me unían muchas cosas con Antonio: charlas, caminatas, tertulias con otros amigos…, propuso y moderó los Cafés del Ateneo, una sección que conservamos, se plantea un asunto y los participantes expresan sus opiniones», precisó Rubio. En el Ateneo, además de una vicepresidencia, fue el director de la revista«su postura era la del diálogo, con una capacidad grande para el humor, era bienhumorado, se reía de todo, hasta de él mismo, un humor que no era ofensivo (…) tenía una voz tenue y pausada y se hacía oír, transmitiendo buen humor, inteligencia, cordura, empatía y capacidad de escuchar», añadió Rubio cuando respondió a la pregunta de qué recuerda de Buenadicha.

«Su sentido del humor tan peculiar y su gran compromiso social», destacó su hijo Carlos Sánchez de su padre, recordando que los dos sitios de referencia para su padre fueron Cáceres, «el lugar donde se desarrolló», y Tornavacas, «donde estaban sus raíces». A Tornavacas dedicó el último de sus seis libros. La filosofía, la enseñanza, sus artículos en El Periódico Extremadura y Cáceres dieron contenido al resto de sus obras.

Antonio Sánchez Buenadicha siempre te sacaba una sonrisa cuando conversabas con él, era ese sentido del humor tan suyo. Polifacético, inquieto, culto y conocedor, como pocos, de la actualidad de Cáceres, una ciudad a la que había cogida el pulso. Pero, sobre todo, era una persona muy humana. Era fácil encontrarle, con su loden verde en invierno y su sombrero, en el trayecto entre la plaza de América y la plaza Mayor y pararse a hablar con él sobre la actualidad de la política municipal y de la ciudad y de sus gentes. Mi última charla con él fue en ese trayecto, solo unas semanas antes de su fallecimiento, me habló de un pequeño autónomo, que tenía un negocio de alimentación y que se jubilaba, destacó el esfuerzo diario que había hecho durante años para mantener su negocio y, con humor, detallaba como en un espacio tan pequeño encontrabas de todo, y todo lo contaba como era él: con humor y con humanidad. Jose Luis Bermejo

 

FUENTE: https://www.elperiodicoextremadura.com/extremadura/2026/03/15/primer-catovi-127966037.html

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