POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ).
Las obras de la Ronda Sur de Cáceres no solo supondrán una mejora en la movilidad de la ciudad, sino que también han permitido recuperar un importante vestigio de su pasado.
Se pretende con estas obras crear una nueva vía de circunvalación que descongestione el tráfico y facilite la conexión entre distintos puntos de Cáceres.
Las obras
Durante la construcción de la nueva infraestructura apareció un tramo de la antigua calzada romana Iter ab Emerita Asturicam, conocida actualmente como Vía de la Plata, una de las principales rutas de comunicación de la Hispania romana.
Ahora hay que poner en valor el patrimonio histórico, la antigua Vía de la Plata, que ha podido documentarse, conservarse e incorporarse a un espacio interpretativo para su difusión.
Las obras de la Ronda Sur persiguen un doble objetivo: mejorar la movilidad y la conectividad de Cáceres mediante una nueva infraestructura viaria y, al mismo tiempo, preservar y difundir el patrimonio histórico gracias a la recuperación e integración de un tramo de la antigua Vía de la Plata descubierto durante los trabajos de construcción.
El hallazgo arqueológico
Los restos descubiertos se han integrado en un espacio interpretativo situado junto al nuevo vial, lo que permitirá a vecinos y visitantes conocer de cerca una infraestructura que durante siglos desempeñó un papel clave en las comunicaciones entre el sur y el norte de la Península.
Por esta calzada transitaron tropas, comerciantes y viajeros, convirtiéndose en un eje estratégico del Imperio romano. La Vía de la Plata comenzó a desarrollarse durante el mandato del emperador Augusto y alcanzó su consolidación en las épocas de Trajano y Adriano.
Su recorrido unía Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga) y enlazaba con otras importantes rutas que comunicaban ciudades como Sevilla, Braga o Gijón. Su relevancia fue tal que continuó utilizándose durante siglos, incluso después de la caída del Imperio Romano.
Las excavaciones arqueológicas realizadas con motivo de la construcción de la ronda han documentado un tramo de unos seis metros de anchura. La vía conserva un firme elaborado con áridos compactados sobre la roca natural y cuenta con una cuneta lateral destinada a evacuar el agua de lluvia, un ejemplo del conocimiento técnico de la ingeniería romana.
Durante la intervención también se recuperaron fragmentos de cerámica romana, fundamentales para datar la infraestructura, además de una moneda de ocho maravedís acuñada en 1848 bajo el reinado de Isabel II. Este hallazgo confirma que el antiguo camino siguió utilizándose hasta bien entrado el siglo XIX.
El trazado de la calzada por Cáceres
Los estudios arqueológicos sitúan el tramo descubierto en el entorno de la milla XLVI de la Vía de la Plata, teniendo en cuenta que una milla romana equivalía aproximadamente a 1.480 metros. Desde ese punto, la calzada avanzaba hacia la ciudad por la zona de la actual Charca Musia en dirección a la Puerta de Mérida.
Posteriormente continuaba casi en línea recta, bordeando la ermita del Espíritu Santo hasta llegar a la Fuente del Marco. Desde allí seguía paralela a la Ribera del Marco, coincidiendo en gran parte con el recorrido de la actual Ronda de San Francisco.
El itinerario alcanzaba después un punto destacado donde se conservan restos de un miliario tardío, identificado por los investigadores como la posible milla XLV. Un miliario era un hito de piedra colocado junto a las calzadas romanas para marcar las distancias, generalmente cada milla romana (unos 1.480 metros), y solía incluir inscripciones con información sobre la vía o el emperador responsable de su construcción o restauración.
En el caso de la Vía de la Plata en Cáceres, el miliario mencionado se interpreta como el correspondiente a la milla XLV, un elemento que ayuda a reconstruir el recorrido histórico de la calzada por la ciudad.
A continuación, la vía proseguía por la calle que conduce al Arco del Cristo, la única puerta romana que permanece en pie dentro del recinto amurallado de Cáceres. El Arco del Cristo, también conocido como Puerta del Río, es uno de los monumentos más representativos del patrimonio romano de Cáceres. Se trata de la única puerta de origen romano que se conserva en la muralla de la ciudad, construida entre los siglos I y II d. C., cuando la antigua colonia de Norba Caesarina estaba protegida por un recinto defensivo.
Su elemento más característico es el arco de medio punto, levantado con grandes sillares de granito perfectamente ensamblados, una muestra de la solidez y precisión de la ingeniería romana. Aunque la puerta ha experimentado algunas modificaciones a lo largo de los siglos, mantiene su estructura esencial y constituye uno de los pocos accesos originales que han llegado hasta nuestros días.
Situado en el sector occidental de la muralla, el Arco del Cristo daba acceso a los caminos que comunicaban la ciudad con el exterior, entre ellos la Vía de la Plata, por lo que desempeñó un papel estratégico en el tránsito de viajeros, mercancías y tropas. Muy cerca del arco se conserva también un pequeño puente romano sobre la Ribera del Marco, lo que refuerza el valor histórico de este conjunto.
Actualmente, el Arco del Cristo es uno de los principales testimonios de la presencia romana en Cáceres y un punto de referencia para comprender cómo se organizaban los accesos a la ciudad hace casi dos mil años. Su conservación permite apreciar la importancia de la red viaria romana y la estrecha relación entre la muralla y la Vía de la Plata, eje fundamental de comunicación entre Mérida y Astorga.
Además del itinerario principal, la calzada contaba con un ramal secundario, es decir, un camino alternativo que se separaba de la vía principal. Este desvío comenzaba en las inmediaciones del puente de San Francisco, entraba en la ciudad por la Puerta de Mérida y, tras atravesar el recinto amurallado, salía por la Puerta de Coria. Este recorrido facilitaba el acceso directo al interior de Cáceres, mientras que la ruta principal bordeaba la ciudad sin penetrar en ella.
En otras palabras, los viajeros podían elegir entre dos itinerarios. El principal, que rodeaba la ciudad por el exterior de las murallas, evitando entrar en el núcleo urbano. Y el secundario, que atravesaba Cáceres de sur a norte, accediendo por la Puerta de Mérida y abandonando la ciudad por la Puerta de Coria.
Esta organización era habitual en las ciudades romanas, ya que permitía compatibilizar el tráfico de largo recorrido con el acceso al núcleo urbano para quienes necesitaban detenerse, comerciar o realizar gestiones.
La iglesia de Santiago no se construyó allí por casualidad
Sin embargo, el recorrido principal evitaba atravesar el interior de la ciudad, rodeando las murallas por la actual plaza de Santiago y continuando por la calle Caleros. Esta circunstancia explica que la iglesia de Santiago se construyera sobre un enclave de especial importancia dentro del antiguo trazado romano. La iglesia de Santiago no se construyó allí por casualidad. Al encontrarse junto a una importante ruta de paso, ese lugar mantuvo su importancia a lo largo de los siglos y acabó acogiendo un edificio religioso de gran relevancia. Es frecuente que iglesias, hospitales o albergues medievales se establecieran cerca de antiguos caminos muy transitados para atender a viajeros y peregrinos.
El recorrido finalizaba en la milla XLIV, situada en la zona del actual barrio de San Blas. Los especialistas identifican este lugar con la segunda mansio romana de Castra Caecilia, mencionada en el Itinerario de Antonino, que funcionaba como punto de descanso y apoyo para quienes recorrían la Vía de la Plata entre Mérida y Astorga. En la época romana, una mansio era una estación oficial de parada ubicada a lo largo de las grandes calzadas. En estos lugares, viajeros, funcionarios y mensajeros podían descansar, reponer provisiones, cambiar de caballos y preparar la siguiente etapa del viaje. La existencia de esta mansio aparece recogida en el Itinerario de Antonino, un documento romano que describía las principales rutas del Imperio y las distancias entre sus diferentes estaciones. La mansio de Castra Caecilia era un área de servicio de la época romana que daba apoyo a quienes transitaban por la Vía de la Plata en el trayecto entre Emerita Augusta (Mérida) y Asturica Augusta (Astorga).
