POR FULGENCIO SAURA MIRA. CRONISTA OFICIAL DE FORTUNA (MURCIA)
No podía ser de otra manera que un pueblo tan religioso del Mar Menor cumbre del fervor a San Francisco Javier, dejara de mantener su tradición por su Semana Santa que ya se inicia en el siglo XVIII con presencia de cofradías como la del Cristo de las Animas y Hermandades que forman parte de sus grandes devociones. Un momento histórico que se refleja en el fervor general por mantener hermandades y cofradías que posesionarán a lo largo de la semana de Pasión llevando sus imágenes como medio de catequesis con arreglo a los principios del Concilio de Trento.
Un siglo de reconocido prestigio de una escultura que en las ciudad de Murcia cuenta con piezas de la talla de Bussy, Nicolás Salzillo y Francisco Salzillo,, lo que es suficiente para encumbrar la Semana Santa de nuestra tierra. Que San Javier tuvo la suerte de contar con una obra de Nicolás de Bussy estrasburgués que por circunstancias estuvo en Murcia en los años 1688-1704, unos años convulsos con una actividad frenética del escultor que combinaba con sus trabajos en Elche, Aspe, dejando una riqueza de obras que entusiasman dentro de su estilo del que disgregarán los Salzillos pero no exentos de una unción dramática, profunda como expresión del sentimiento del autor que solía introducir cedulas deprecatorias en sus imágenes, lo que aclara en muchas ocasiones la intención del escultor que en sus primeros momentos de su estancia en la ciudad realiza el encargo del Cristo de la Sangre para la Cofradía del Carmen, efigie soberbia que los agricultores acogieron con gran devoción. Inmensa efigie del Cristo de la Sangre que el Miércoles Santo pasea por la ciudad murciana, contando además con su obra la Diablesa en Elche, donde mantiene sus figuras femeninas esqueléticas en poses diabólicas.
Bussy realiza por esas fechas y en torno a 1690 imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno para Elche y otros `pueblos murcianos. De semejante estilo es el Nazareno encargado en su momento por la Hermandad de San Francisco de San Javier, pieza soberbia de la que vemos semejanza con la que el autor hizo para el Hospital de la Caridad de Elche de 1701, aunque esta es una visión personal, una talla restaurada presentada recientemente en el pueblo.
No cabe duda que la Hermandad de San Francisco es la impulsora desde hace años de dar relieve a la Semana Santa de San Javier con la que comienza el renacimiento de la Semana de Pasión indagando y restaurando la imagen del Nazareno.. Una talla que ha sido víctima de la calamitosa conflagración patria y sus efectos iconoclastas del 36 que quemaron obras de la calidad de Salzillo, una deliciosa Dolorosa que se conserva en fotografías, muchas se salvaron por la acción maravillosa de sus vecinos que ocultaron las imágenes, como la de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Bussxy deteriorada y oculta, repintada y sin calidad hasta que el Ayuntamiento la ha sacado del olvido con todo su esplendor a través de eruditos y restauradores como la ilustre académica de número Doña María del Loreto López y del especialista Labaña. Una talla bellísima que reseña el estilo patético del escultor de Estrasburgo y que queda para la contemplación de la población.
Merece resaltar el entusiasmo de la Hermandad de San Francisco de la villa a través de su presidente don José Antonio Muñoz por reanudar y dar potencia a la Semana Santa con la colaboración del párroco don Juan Prieto y por supuesto del Ayuntamiento a través del Alcalde d. Miguel Luengo y David Martínez prestos a revalorizar el patrimonio cultural de San Javier en todos los sentidos, lo que satisface a sus vecinos.
Con ello cabe hablar de un renacimiento de una semana dedicada a dar expresión a la Redención de Cristo mediante sucesivos actos religiosos y la salida de la procesión del silencio el jueves Santo por la noche con tres imágenes, penitentes y tambores junto a corales y saeteros que dejan en las calles del viejo municipio romances de pasión haciendo que los corazones hablen por sí mismo y sepan que en el silencio está la voz de Dios que entrega a su Hijo Amado al suplicio de la cruz para redimir al hombre. Una noche que resume ese fragor de un renacer religioso en este tiempo de sangre derramada y misericordia.
No cabe duda que con ello San Javier retoma aquellos sentimientos de una población que en el siglo XVIII inundaba de fervor de este momento sagrado junto con la presencia de su templo que se concluye en 1787. Y este sentimiento se corrobora con la presencia de las nuevas tallas en especial una Dolorosa encargada al escultor de Beas del Segura afincado en Madrid Antonio José Martínez del que sabemos trabaja según los cánones clásicos muy del tenor sevillano, autor de obras entre las que sobresalen una Dolorosa en la parroquia de San Nicolás de Madrid y un soberbio, Cristo de la Redención en Jumilla, con un espléndido rostro de la mejor escuela para la cofradía del Padre Jesús de la Redención que he podido contemplar por las intrincadas calles de ese pueblo fantasmagórico. .
Nos alegramos como amantes de San Javier `por este renacer religioso de un pueblo fundido en un inmenso y bello paisaje de tierra, aire y mar que significan los tres elementos del hombre que le hacen ser, pensar, existir y gozar de la esencia espiritual que mantienen sus habitantes habituados a recibir esas olas del mar envueltas en sagradas elocuencias. Y donde la paz del lugar recrea los fervores más profundos que se aúnan en su tradición navideña y pasional.
FUENTE: F.S.M.