CON JOSÉ LUIS GÓMEZ BARCELÓ, CRONISTA OFICIAL DE CEUTA.

El emblemático edificio, nacido como Teatro del Rey en 1915, ha sido demolido tras años de abandono. El cronista ceutí José Luis Gómez Barceló repasa la vida de un espacio que marcó la memoria cultural de la ciudad
El Teatro Cervantes, uno de los emblemas culturales de Ceuta, dice adiós. Su derrumbe no solo borra una construcción centenaria, sino también los ecos de una ciudad que respiraba teatro, cine y vida social. “La ciudad tiene una larga tradición teatral”, recuerda el cronista de la ciudad autónoma, José Luis Gómez Barceló, quien narra cómo la historia del ‘Cervantes’ está unida a la evolución del espectáculo en España.
A finales del siglo XIX, la llegada del cine revolucionó la arquitectura de los teatros. “El cine necesitaba unas condiciones de proyección, ventilación y mantenimiento de temperatura que hasta entonces no habían sido necesarias”, explica Barceló. Los frecuentes incendios de la época llevaron a endurecer las leyes de seguridad, lo que obligó a cerrar los antiguos teatros ‘Principal’ y ‘Variedades’.
El nacimiento del Teatro del Rey
Con la Ley de Espectáculos Públicos de 1913, surgió una nueva tipología: los «teatros-cines», espacios con escenario y sala de proyección. En ese contexto, el primer arquitecto municipal civil de Ceuta, Santiago Sanguinetti Gómez, levantó entre 1914 y 1915 dos nuevos teatros: el Apolo y el Teatro del Rey, más tarde conocido como Cervantes.
“El Teatro del Rey se inaugura en 1915 y tiene muchísimo éxito, está siempre lleno y funciona muy bien”, relata Gómez Barceló. Detrás de ese éxito estaba su primer gerente, Juan Gallardo Galbán, un hombre “innovador” que supo convertir el local en un referente cultural y económico.
Durante su etapa dorada, el teatro acogió óperas, zarzuelas y conciertos. Incluso produjo sus propios documentales cinematográficos, algunos conservados hoy en la Filmoteca Nacional, como los dedicados a la visita de Alfonso XIII y Victoria Eugenia a Ceuta en 1927.
De la Gloria al declive
La muerte de Gallardo a finales de los años veinte marcó el inicio de una crisis. Con la Segunda República, cambiaron los gustos del público: las grandes compañías de zarzuela y ciertos espectáculos fueron perdiendo fuerza ante el auge del cine.
En los años treinta, un nuevo gerente, Antonio Delgado, tomó las riendas del teatro. “Se convierte en el teatro más importante de la ciudad, el centro de la vida social local”, señala Barceló. En sus salones se celebraban pregones, homenajes y actos políticos. Por sus butacas pasaron generaciones de ceutíes que buscaban refugio y entretenimiento, incluso en tiempos difíciles.
Con el paso de las décadas, el Cervantes se adaptó como pudo. “A partir de la democracia, la gente deja de ir tanto a estos sitios. La televisión entra en las casas y el público desaparece”, apunta el cronista. La suspensión del servicio militar —que antes llenaba los cines y teatros con soldados— fue otro golpe.
Del multicine al silencio
En los años ochenta, en un intento de sobrevivir, el teatro se dividió en salas más pequeñas, siguiendo la moda del «multicine». También se habilitó una discoteca y un pub en su interior, aprovechando el antiguo escenario y el patio de butacas. Pero nada funcionó. “Fue insuficiente”, admite Gómez Barceló.
El final de una era
Hoy, el Teatro Cervantes forma parte de un proyecto urbanístico que prevé la construcción de viviendas. “Ahora abren una promoció.n de viviendas, se supone. Y ya está. No va a quedar nada», afirma con pesar Gómez Barceló
Aunque reconoce que no era una construcción especialmente sólida —“era de los años diez”—, no puede evitar una nota de melancolía: “Se podía haber intentado salvarlo”.
El cronista reflexiona sobre la falta de prioridad que se da a la cultura: “La infraestructura cultural no ha sido una prioridad en los últimos 30 años. Tenemos museos cerrados por falta de personal. Si eso ocurre en países como Francia, imagina aquí”.
De Teatro del Rey a la desaparición del Cervantes
Durante la Segunda República, el Teatro del Rey cambió su nombre por el de Teatro Cervantes, siguiendo la tendencia de eliminar referencias monárquicas. Ese nombre, ligado a la historia y la memoria colectiva, se mantuvo hasta su final.
El ‘Cervantes’ fue más que un edificio: fue una parte del alma de Ceuta. Su desaparición deja un vacío difícil de llenar, aunque el eco de sus aplausos siga resonando en quienes alguna vez cruzaron sus puertas.
FUENTE: https://www.ceutaactualidad.com/articulo/cultura/teatro-cervantes/20251108203148250705.html