POR ANTONIO SÁNCHEZ DEL BARRIO, CRONISTA OFICIAL DE MEDINA DEL CAMPO (VALLADOLID).
Paula de la Fuente-. Si con algo ha contado Medina del Campo estos días ha sido con un castañear de dientes constante. Las bajas temperaturas, y la nieve caída en la última semana de enero, han pasado factura y de lo lindo a los vecinos y vecinas de Medina del Campo. Pero no solamente a ellos. Los populares maragatos ubicados en lo alto de la torre de la Colegiata de San Antolín, también han tenido que pasar este «mal trago».
La lejanía ha hecho que muchos se preguntaran qué estaba pasando exactamente ahí arriba, puesto que parecía ondear una bandera negra de mal augurio. Pero nada más lejos de la realidad: las intensas rachas de viento han quedado al descubierto a la pobre maragata que, hasta prácticamente este miércoles, tenía amarrado de su cuello un tipo saco negro que la cubría.
Las obras se están alargando algo más de lo previsto, puesto que el relojero tiene que, pieza a pieza, ir desmontando, trasladando al taller y montando de nuevo el engranaje in situ. En un primer momento, la finalización de la actuación se estimaba en diciembre de 2025, pero a enero de 2026 todavía siguen estas minuciosas labores. Se trata de una intervención integral que permitirá que el mecanismo vuelva a funcionar con normalidad y recupere su uso cotidiano como reloj horario de la villa.
Maragatos cubiertos para evitar las inclemencias meteorológicas // De la Fuente
La actuación, dotada con un presupuesto de 38.000 euros, incluye tanto la puesta a punto del sistema del reloj —que llevaba años funcionando de manera irregular— como la intervención directa sobre sus elementos más emblemáticos: la pareja de maragatos, las figuras que desde hace siglos marcan las horas golpeando la campana “Santa María”, conocida popularmente como la Maragata.
El proyecto contempla la revisión estructural y mecánica del conjunto, la restauración de las piezas deterioradas y la actualización de elementos imprescindibles para garantizar su funcionamiento estable. Los trabajos permitirán que el reloj recupere su papel tradicional en la vida cotidiana medinense, como ya lo hiciera desde el siglo XVI, cuando marcaba el ritmo urbano junto a los carneros que señalaban los cuartos.
En su estudio sobre las campanas de la Colegiata, Antonio Sánchez del Barrio, académico y director de la Fundación Museo de las Ferias, dejó recogida una anécdota que llama poderosamente la atención y que revela el vínculo afectivo de generaciones de medinenses con la torre y su reloj. Al describir el interior de la gran campana “Santa María” —la misma que golpean los maragatos—, el investigador explica que en su interior pueden leerse mensajes manuscritos dejados por quienes, año tras año, suben a colocar la bandera de España en la cúspide de la torre para inaugurar las fiestas de San Antolín.
Uno de esos mensajes, escrito a mano dentro de la campana durante una de esas ascensiones, reza simplemente: “55’72 asta la bandera”. Una nota tan escueta como humana, que muestra cómo la tradición, el esfuerzo y hasta el humor siguen quedando grabados —literalmente— en el corazón del campanario.
De hecho, a raíz de hacer público el primer artículo que hablaba de esta actuación, un habitual lector de este medio -y medinense de pro- nos hizo saber a buen juicio: «corría agosto de 2004 cuando una peña emblemática de Medina del Campo fue la seleccionada para colocar la bandera que da comienzo a las fiestas de la villa… a un miembro se le ocurrió grabar esa fecha con una tiza en el interior de la campana con la finalidad de que quedara para siempre la peña Regocijo’s. Fuimos los primeros en hacer esas inscripciones y los primeros en colocar la pancarta de la peña en lo alto de la Colegiata». Una pancarta que, para más detalles, se pintó con Titanlux -nada que ver con las actuales serigrafiadas-. Porque si de algo sabe Medina del Campo es que las grandes historias siempre van de la mano de las intrahistorias que, afortunadamente, protagoniza el pueblo siempre leal de Medina del Campo.
