EL VIAJE POR LA SERRANÍA DE GUADALAJARA, DE ANDRÉS PÉREZ ARRIBAS
Abr 08 2025

POR ANTONIO HERRERA CASADO, CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

Un libro que abre las puertas a un camino lleno de curvas, de subidas y bajadas, de plazas mayores e iglesitas de negra pizarra. Un libro escrito y vivido hace más de 50 años, presentado el sábado en Sigüenza, de la mano de la Asociación “Serranía de Guadalajara”.

Hay varios viajes memorables que describen a nuestra provincia y que se han hecho clásicos en el mundo de la literatura. Son pocos, pero sustanciosos. El primero de ellos, el Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela (1946). Otro de los buenos fue el Viaje a la Alcarria de Tomás de Iriarte (1781) y en esa época de la Ilustración los dos “Viajes por la Alcarria” que hizo José de Cornide (1793 / 1795). Hay además otros varios, escritos por García Marquina (el de los molinos del río Ungría), el de Rubén Cava (por la Ruta Serrana del Arcipreste) y aún uno que yo firmé, que fue el Viaje a los Rayanos (de 1983) y por el que un jurado me dio el Premio Camilo José Cela de ese año.

Pero hay uno que tiene características especiales, y que sigue vivo, porque acaba de ser reeditado (por Aache) y puesto en oferta de quienes gustan leer estas peripecias viajeras. Es el Viaje por la Serranía de Guadalajara y que un sacerdote serrano, don Andrés Pérez Arribas, fraguó en el verano de 1972. Don Andrés era muy conocido en la provincia, en la segunda mitad del siglo XX, porque además de haber sido párroco de múltiples lugares, en todos los que estuvo dejó marca y huella señalada. Estuvo en Cogolludo, en Jadraque, en Alcocer… aquí le conocí, un día en que me acerqué por primera vez (yo debía tener poco más de 20 años, recién acabada la “mili”) a visitar la iglesia de Alcocer, a la que ahora llaman “la catedral de la Alcarria”. Y a don Andrés me lo encontré, vestido con un mono azul cerrado hasta el cuello, y subido a un andamio apoyado en el crucero, picando yeso y limando impurezas. Dejó el templo hecho una joya, y creo que muchos en Alcocer aún se acuerdan de ello.

Un libro que abre las puertas a un camino lleno de curvas, de subidas y bajadas, de plazas mayores e iglesitas de negra pizarra. Un libro escrito y vivido hace más de 50 años, presentado el sábado en Sigüenza, de la mano de la Asociación “Serranía de Guadalajara”.

Hay varios viajes memorables que describen a nuestra provincia y que se han hecho clásicos en el mundo de la literatura. Son pocos, pero sustanciosos. El primero de ellos, el Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela (1946). Otro de los buenos fue el Viaje a la Alcarria de Tomás de Iriarte (1781) y en esa época de la Ilustración los dos “Viajes por la Alcarria” que hizo José de Cornide (1793 / 1795). Hay además otros varios, escritos por García Marquina (el de los molinos del río Ungría), el de Rubén Cava (por la Ruta Serrana del Arcipreste) y aún uno que yo firmé, que fue el Viaje a los Rayanos (de 1983) y por el que un jurado me dio el Premio Camilo José Cela de ese año.

Pero hay uno que tiene características especiales, y que sigue vivo, porque acaba de ser reeditado (por Aache) y puesto en oferta de quienes gustan leer estas peripecias viajeras. Es el Viaje por la Serranía de Guadalajara y que un sacerdote serrano, don Andrés Pérez Arribas, fraguó en el verano de 1972. Don Andrés era muy conocido en la provincia, en la segunda mitad del siglo XX, porque además de haber sido párroco de múltiples lugares, en todos los que estuvo dejó marca y huella señalada. Estuvo en Cogolludo, en Jadraque, en Alcocer… aquí le conocí, un día en que me acerqué por primera vez (yo debía tener poco más de 20 años, recién acabada la “mili”) a visitar la iglesia de Alcocer, a la que ahora llaman “la catedral de la Alcarria”. Y a don Andrés me lo encontré, vestido con un mono azul cerrado hasta el cuello, y subido a un andamio apoyado en el crucero, picando yeso y limando impurezas. Dejó el templo hecho una joya, y creo que muchos en Alcocer aún se acuerdan de ello.

Un libro que abre las puertas a un camino lleno de curvas, de subidas y bajadas, de plazas mayores e iglesitas de negra pizarra. Un libro escrito y vivido hace más de 50 años, presentado el sábado en Sigüenza, de la mano de la Asociación “Serranía de Guadalajara”.

Hay varios viajes memorables que describen a nuestra provincia y que se han hecho clásicos en el mundo de la literatura. Son pocos, pero sustanciosos. El primero de ellos, el Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela (1946). Otro de los buenos fue el Viaje a la Alcarria de Tomás de Iriarte (1781) y en esa época de la Ilustración los dos “Viajes por la Alcarria” que hizo José de Cornide (1793 / 1795). Hay además otros varios, escritos por García Marquina (el de los molinos del río Ungría), el de Rubén Cava (por la Ruta Serrana del Arcipreste) y aún uno que yo firmé, que fue el Viaje a los Rayanos (de 1983) y por el que un jurado me dio el Premio Camilo José Cela de ese año.

Pero hay uno que tiene características especiales, y que sigue vivo, porque acaba de ser reeditado (por Aache) y puesto en oferta de quienes gustan leer estas peripecias viajeras. Es el Viaje por la Serranía de Guadalajara y que un sacerdote serrano, don Andrés Pérez Arribas, fraguó en el verano de 1972. Don Andrés era muy conocido en la provincia, en la segunda mitad del siglo XX, porque además de haber sido párroco de múltiples lugares, en todos los que estuvo dejó marca y huella señalada. Estuvo en Cogolludo, en Jadraque, en Alcocer… aquí le conocí, un día en que me acerqué por primera vez (yo debía tener poco más de 20 años, recién acabada la “mili”) a visitar la iglesia de Alcocer, a la que ahora llaman “la catedral de la Alcarria”. Y a don Andrés me lo encontré, vestido con un mono azul cerrado hasta el cuello, y subido a un andamio apoyado en el crucero, picando yeso y limando impurezas. Dejó el templo hecho una joya, y creo que muchos en Alcocer aún se acuerdan de ello.

Termina el doctor Alonso Gordo con unas frases que a mí particularmente me emocionan y creo que definen, en escasas líneas, el sentimiento que embarga a quien se acaba de leer este libro único: Quienes hemos hollado cada camino y rincón de la Sierra, y hemos conocido u oído hablar de sus muchos personajes y facetas, no podemos por menos que regodearnos leyendo estas páginas. Y recomendar este libro, felicitar a su desaparecido autor (fallecido en 2006), a Valdepeñas, su pueblo, y a su hermano Juan Luis y familia, dando la enhorabuena a los impulsores de la publicación, y exhortando, incluso, a los lectores a recorrer esta hermosa tierra a quienes hoy, ya sí, están deseosos de visitarla y conocerla.

Una vez concluido el viaje, Pérez Arribas le dio forma literaria, y por su cuenta lo mandó imprimir, a una imprenta de Guadalajara. Era el año 1976. Sin una sola foto, pero con sus experiencias, encuentros y descripciones, el libro fue muy bien recibido, muy leído, aplaudido incluso. Tanto, que años después, en 2002, la editorial que yo fundé se lo reeditó, ya con muchas de las fotos que él había hecho en su camino. Y entre esas fotos había verdaderos documentos que hoy sorprenden: paisajes que han desaparecido, formas de divertirse la gente, de comer, de esperar. Retratos del autor con sus amigos, su familia, los vecinos, en Sigüenza y su catedral, pero también trepando a montes, llegando a pueblos… ahora vuelve a ser reeditado, porque estaba totalmente agotado, y las fotos se han mejorado técnicamente y en la portada aparece la plaza Mayor de Valverde de los Arroyos con unos turistas que emergen directamente de los poderes fácticos de la Inteligencia Artificial. Pero el interior es igual, puro y duro, una joya ya de la literatura de viajes por nuestra provincia.

FUENTE:https://nuevaalcarria.com/articulos/el-viaje-por-la-serrania-de-guadalajara-de-don-andres-perez-arribas

 

 

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