POR PEPE MONTESERÍN CORRALES, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS).
Con Raquel Díaz Rámila en la Sala de los Espejos del Palacio de Felipe V, de Filippo Juvarra, en La Granja de San Ildefonso, Segovia. No es la Galerie des Glaces, de Versalles, que concibió Jules Hardouin Mansart para Luis XIV; tampoco el Gran Salón Dorado, de Bartolomeo Rastrelli, del Palacio de Catalina en Pushkin, cerca de San Petersburgo; ni la Sala degli Specchi, de Ignazio Perricci, bajo supervisión de la Princesa Margarita, en el Palazzo del Quirinale, en Roma; ni la del Palacio Real de Aranjuez, de Giovanni Battista Galluzzi y Giacomo Bonavia, para María Luisa de Parma; ni la del Casino Español, de Veracruz, homenaje a Carlota y Maximiliano. Espejos todos que reflejan, eso sí, la gloria del ocaso.
En La Granja asistí al Congreso de Cronistas Nacionales, representando a Pravia, a mi villa y mi concejo, sin el menor apoyo del Ayuntamiento de Pravia (Asturias) que me nombró cronista oficial. Ya sabéis: plantan un árbol y no lo riegan.
Borges temía los espejos, a mí me encantan y vi cómo se crean en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Nuestras crónicas son en cierto modo si no el espejo, sí la impresión de los acontecimientos. Mi impresión es que hemos de proveernos de buenos espejos retrovisores porque nuestra sociedad inicia una galopante y preocupante marcha atrás.
FUENTE: https://www.facebook.com/photo?fbid=10213482625776644&set=a.1017483413948
