POR ANTONIO VERDÚ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE JUMILLA (MURCIA)
Por septiembre de 1961 tuve la suerte de poder formar parte de la dotación de este submarino, en mi recuerdo, de largo historial y cuyo antiguo nombre fue el de “USS Kraken (SS-370)”, (nombre que hace referencia a un monstruo del mar de las costas de Noruega) perteneciente a la Armada de los Estados Unidos, participante en la II Guerra Mundial por el Pacífico.
Como digo de largo historial, ya que, si fue votado en 1944 -yo tenía 3 años-, creo recordar que a España vino por el año 1959, -por un acuerdo entre ambos estados de 1953- donde aquí se le cambió el nombre por el del Almirantes García de los Reyes.
La verdad sea dicha, que en un primer momento no me gustó nada el nombramiento para como digo, formal parte de la dotación del mismo, pero con el tiempo, esa pequeña “mieditis” se fue cambiando por cariño al convivir con tantos buenos compañeros, desde su comandante hasta el más nuevo recluta del mismo. Eran pocos los reclutas, pero había algunos, ya que la mayoría éramos especialistas en alguna materia relacionada con el puesto a ocupar en el Submarino. Yo era Cabo Segundo Electricista -obtenido en la ETEA (Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada, situada en Vigo-, y puedo decir que era el de menos rango, pero importante por tener a nuestra obligación resolver todos los problemas eléctricos, y el más destacado, el cuidado y mantenimiento de lo más especial que lleva el Submarino, como son las baterías, que merecían un cuidado diario, ya que como pueden pensar, al hacer inmersión todo funciona por medio de las mencionadas baterías. Hice el curso y posterior examen para obtener la categoría de submarinista -en Cartagena-, y aprobé con la máxima nota de los que nos presentamos -yo era el de menor rango, ya que había oficiales y suboficiales-, y así poder estar siempre destinado en los submarinos.
El Submarino S-31, era el más moderno de la flota, si lo comparamos con aquellos otros de la serie S-21 y S-22, que procedían, según se comentaba, del abandono de los marinos alemanes durante la II guerra mundial por aguas del Mediterráneo, por lo que, al estar en aguas españolas y a la deriva sin dotación, pasaron a propiedad de la Marina de Guerra Española. Recuerdo haber montado en alguno de ellos durante una estancia del Submarino S-31 en el dique seco y la verdad es que la tecnología de uno y la de los otros eran abismales. Aparte de que en plena inmersión había que llevar la bomba de achique a tope ya que goteaban por algunas zonas del interior. No corríamos peligro, pero siempre me hizo gracia esa circunstancia. El S-31 era muy moderno comparado con toda la flota de la Armada Española, así como los destructores llamados “Los Cinco Latinos”, también americanos. Su cocina era desconocida en España por entonces. Y su cocinero mejor, ya que tuvimos la suerte de tener un recluta, aprendiz de un importante hotel en Barcelona, que nos alimentaba como en los mejores hoteles. Su frigo enorme, cuando nosotros estábamos todavía con el hielo para enfriar los alimentos. El interior parecía estar en otra época distinta a la de nuestras casas. La verdad es que no daba agobio vivir dentro en las travesías que hacíamos. Sus inmersiones eran muy sencillas y sin ningún sobresalto por realizarla. No notabas nada. Eso sí, si hacía mala mar, estando en inmersión no se notaba nada, era una gozada ver a cota de periscopio los barcos subir y bajar por la fuerza de las olas, y nosotros comiendo sin que se moviera ni el agua de los vasos. Desde luego fue una experiencia que me gustaría repetir, a pesar de mis 83 años, y por supuesto no dudaría un segundo en volver a vivir aquella sensación de verme a 90 o 100 metros de profundidad para recordar aquellos felices años en el Submarino S-31.
Como anécdota puedo recordar unas maniobras realizadas con la OTAN -tan de actualidad por estas fechas por lo del Rearme-, que se iban a realizar en las aguas de Las Palmas de Gran Canarias. 18 de Julio de 1962. Salimos de Cádiz y estuvimos 15 días en inmersión total y sin salir a superficie en ningún momento hasta llegar a La Palmas. Las baterías las cargábamos por la noche subiendo el Submarino a cota de periscopio para sacar el Snorkel -que era un tuvo que sacábamos fuera del mar y que permitía entrar aire nuevo y así limpiar el aire del interior y permitir poder cargar las baterías- y una vez cargadas volvíamos a bajar a cotas más profundas para evitar nos localizaran. En otras ocasiones, estando en cotas de 90 metros podían lanzarnos cargas de profundidad reales y que explotaban, notando la explosión, pero no corríamos peligro.
Pero la anécdota más curiosa vivida a bordo fue, unas maniobras programadas para que nos buscaran los destructores llamados “Los Cinco Latinos” por todo el mediterráneo entre Cartagena y Mallorca. Fueron un mes de marzo de 1962. Salimos un lunes sobre las ocho, una hora antes que ellos. Nos sumergimos y no podíamos salir hasta el sábado. Así lo hicimos. Al estar bajo el agua no podíamos tener ninguna comunicación para no ser detestado. Así lo hicimos. Pasa un día, y nadie nos detecta. Pasan dos, y nada…. Salimos el sábado y nadie nos había detectado. Qué alegría para la dotación. Pero al salir y comunicarnos con la Base en Cartagena…, ¿Qué había pasado? Tristemente que empezó la guerra de Argelia contra Francia y los barcos que nos debían de buscar, en vez de buscarnos se fueron varias veces al puerto de Argelia para traer a las personas que querían salir de allí y fueron llevadas hasta el puerto de Alicante, como digo. Toda la semana haciendo viajes seguidos repatriando a emigrantes de esa tragedia, y nosotros no nos enteramos al no poder tener comunicación con nadie. Y tal vez por el despiste impropio del momento, cuando llegamos cerca de Benidorm -que entonces había unas pocas casicas cerca del mar-, el comandante se equivocó y nos hizo formar en cubierta para entrar a puerto, hasta que se dio cuenta que era lo menos parecido a Cartagena.
Ah, y hacíamos pruebas de lanzamiento de torpedos, labor encomendada por el comandante en mi persona, o sea, que el que pulsaba el botón de lanzamiento era yo, y siempre lo hacíamos en las playas de Mazarrón, donde se prohibía en esa fecha su utilización por nadie. Allí los lanzábamos con la cabeza del torpedo llena de agua en vez de llevar el explosivo en caso de guerra. El torpedo llegaba a la costa y allí había unos hombres con unos camiones de la Marina para recogerlos.
Al no poder seguir la carrera en la Escuela de Oficiales de Marín (Pontevedra), al ser muy difícil obtener plaza, ya que los hijos de los Oficiales tenían más derecho y las ocupaban todas, solicité la baja por fallecer mi hermano y quedarme como hijo varón único, que me concedieron, y ayudando a mi padre en la Fragua y estudiando por libre me hice Maestro de Primera Enseñanza durante 35 años. Y desde 1996 Cronista Oficial de la Ciudad de Jumilla. Y más de 23 años colaborando con la Semana Santa de Jumilla, que pude vivir en primera persona la consecución de Interés Turístico Nacional en 2003 y la de Interés Turístico Internacional en 2017. Y vuelvo a repetir, no me importaría volver repetir esa experiencia en el nuevo Submarino S-81.
FUENTE: A.V.F.
