POR GABRIEL PIERAS SALOM, CRONISTA OFICIAL DE INCA (MALLORCA).

En primera línea: El día que conocí a Juan Carlos I. El viento arreciaba fuerte, el aire era frío y helaba los huesos al más pintado. El Golfo de León soplaba de una forma intensa. Los medios de comunicación habíamos sido citados en la base militar de Pollença, como es sabido aeródromo de los aviones Canadair, conocidos popularmente como los «apagafuegos» del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas del Ejército del Aire y del Espacio. Estaba programado un desfile aéreo y al mismo se anunciaba la presencia del Rey, Juan Carlos I.
La parada militar de tipología aérea se había programado a media mañana y los medios de comunicación, sus representantes, nos habíamos acreditado días antes en el Cuartel General del Aire, para poder asistir al evento que revestía una cierta relevancia fuera de lo habitual y normal por la presencia del Capitán General y jefe del Estado. En el horario previsto apareció sobre el cielo diáfano y claro debido al viento en la bahía de Pollença un helicóptero Super Puma blanco de los que usan habitualmente para sus desplazamientos los miembros de la familia real, aterrizando y posándose posteriormente en el área de la explanada derecha de la base y que habitualmente ocupan los Canadair cuando no están en los hangares habilitados en la zona y en servicio activo, especialmente y de forma preferente en verano, listos para la acción. El Rey, como es habitual en estos casos, pasó revista a la tropa de la base militar y sonó el himno nacional a cargo de la banda del Regimiento Palma 47.
Como nadie dijo esta boca es mía, aproveché la ocasión para saludar al Rey no como periodista, si no como radioaficionado, puesto que poseo el indicativo EA6NG desde los dieciocho años.
Juan Carlos I fue recibido por el Capitán General de Baleares, el General de División Domingo Jiménez Riutord y por el Coronel de la base José María Arrizabalaga.
El Rey visitaba la zona con frecuencia debido a sus vacaciones en Marivent. 1989 fue un año significativo para la base con motivo de a celebración del 75º aniversario de la Aviación Militar Española. Domingo Jiménez Riutord, nacido en Palma, y por tanto muy vinculado Mallorca, ejerció el mando desde 1986 hasta finales de 1989. Se trata de una figura histórica en las islas, ya que fue el último en ostentar el título de Capitán General de Baleares antes de que la reforma de la estructura militar española transformara el cargo en Comandante General de Baleares.
Jiménez Riutord tenía una relación estrecha con la sociedad mallorquina y con el rey, siendo un habitual en las recepciones oficiales en el Palacio de la Almudaina. Su presencia en Pollença junto al Coronel Arrizabalaga (jefe de la base) completó el protocolo de la visita real. En el transcurso del acto, como estaba previsto y anunciado, se realizó una exhibición aérea que incluyó el icónico vuelo de hidroaviones (muy vinculados a esa base histórica) y la presencia de distintas unidades del Ejército del Aire. Entre las aeronaves participantes destacaron: Lockheed C-130 Hércules (T.10), Casa C-212 «Aviocar» (T.12), Casa CN-235 (T.19), o los pequeños Aérospatiale Alouette III de fabricación francesa.
Concluido el desfile aéreo sobre la bahía y la base militar de Pollença se sirvió un coctel en los pabellones del aeródromo para todos los asistentes, incluidos los representantes de los medios de comunicación. Es cuando conocí personalmente a Juan Carlos I. Como es habitual en estas celebraciones el monarca fue saludando a los reunidos en pequeños grupos. Al acercarse a dialogar con el grupo de periodistas y fotógrafos allí reunidos y como nadie dijo esta boca es mía, aproveché la ocasión para saludar al Rey no como periodista, si no como radioaficionado, puesto que poseo el indicativo EA6NG desde los dieciocho años.
Le comenté que entre los compañeros radioaficionados se había difundido un rumor, bastante extendido, por el cual se aseguraba que el Rey, a parte de dedicar algún tiempo a las bandas y frecuencias establecidas por decirlo así como «legales» con el indicativo honorífico de EA0JC, (Eco Alfa cero Juliet Charli) también lo hacía en algunos canales de la Banda Ciudadana de 27 Mhz. con el indicativo a él atribuido de «Barón Rojo». El monarca me negó rotundamente este rumor y me preguntó si me interesaba contar en mi estación de radio con su tarjeta QSL oficial. Le dije que si a él le parecía oportuno enviarla, la mandara. Le pasé una tarjeta de visita de los servicios informativos de Radio Balear y la recogió amablemente.
Una semana después, aproximadamente, llegaba a la barriada de Sant Francesc una carta con el sello del CECOM, Centro de Comunicaciones de la Casa de Su Majestad el Rey, con la tarjeta QSL, con la anotación «sin haber efectuado contacto» se entiende vía radio, aunque mejor que mejor fue en persona y hablando de un tema que a ambos nos apasiona, las comunicaciones por radio.
Es conocido que uno de sus interlocutores habituales vía radio era el Rey Hussein de Jordania y que disponía del indicativo JY1. Con Juan Carlos I todavía tuve otro encuentro personal en Inca, cuando acudió a la ciudad para inaugurar oficialmente el Centre de Innovación Tecnológica (Centre Bit) de Inca, el 20 de mayo de 2002, en el segundo sector del polígono industrial de la ciudad, que se convirtió en un vivero de empresas tecnológicas de I+D y que de cara al futuro dio y ha dado sus frutos. En aquel momento presidía el Govern Balear Francesc Antich y Pere Rotger Llabrés el Ayuntamiento de la ciudad.
Francesc Antich presidía su primer mandato gracias a una coalición de partidos de izquierda y nacionalistas conocida como el Pacte de Progrés. La creación del Centre Bit de Inca fue una apuesta estratégica para descentralizar la innovación tecnológica, que hasta entonces se concentraba casi exclusivamente en el Parc Bit de Palma. Es interesante notar que, a pesar de las diferencias políticas entre el Consolat de Mar (Antich PSIB-PSOE) y el Ayuntamiento de Inca (Pere Rotger PP), la apertura del Centre Bit se gestionó como un proyecto estratégico para la comarca de Es Raiguer, buscando que la ciudad no dependiera solo de la industria tradicional del calzado.
No podía faltar el coctel después del descubrimiento de una placa conmemorativa en el exterior del recinto y los discursos de rigor. En los corrillos habituales en estos casos, el monarca se acercó a los invitados al acto. Yo estaba con Gabriel Pieras, cronista oficial de la ciudad. Después de los saludos habituales en estos casos, Pieras le comentó al rey alguna anécdota histórica, en concreto le dijo «mire, su abuelo -se refería a Alfonso XIII- llegó a Inca en el tren desde Palma» cuando entre otros lugares visitó el recinto del Cuartel General Luque. El monarca sonriendo respondió a Pieras «bueno, pero a mí no me hagas venir en tren». Por Bartomeu Espases.