POR LEOCADIO REDONDO ESPINA, CRONISTA OFICIAL DE NAVA (ASTURIAS)
Oscar Washington Tabárez (1947, Montevideo), fue futbolista, maestro de escuela de profesión y entrenador de fútbol, también conocido como “el Maestro”, como es sabido, y el aficionado asturiano en particular recordará su estancia en la capital, cuando ocupó el banquillo del Real Oviedo.
Y ocurrió que el otro día, por casualidad, pude ver un breve reportaje que pasaron por facebook, realizado con motivo de la presentación de un libro, suyo, titulado “Las puertas de la memoria”, en el que, al parecer, cuenta su vida. Y, como es natural, acudieron al acto futbolistas que habían estado a sus órdenes, tanto en clubs como en la selección charrúa, de tan importante palmarés futbolístico.
La cosa es que, en un cierto momento, nuestro hombre, de pie y con dignidad y elegancia, pero sosteniéndose con dificultad, y apoyado en una muleta o similar (porque, según informan, está seriamente afectado por el Síndrome Guillain-Barré), recibía y saludaba, uno por uno, a los jugadores que habían asistido a la presentación.
Admiré entonces la entereza con la que el viejo míster (que tiene mis años) soportaba la adversidad, y quise entender que en aquel abrazo, y en aquellas palabras, breves pero entrañables, quedaba reflejado y patente tanto el afecto como el respeto que se mostraban ambas partes y, buscando significado a lo que estaba viendo, recuperé el recuerdo lejano en el tiempo de mis dos décadas de entrenamientos y partidos (fútbol sala, de grandes y pequeños, juegos escolares; U. D. Colloto, cadete; Europa de Nava, juvenil; Villa de Nava, juvenil; C. F. Peñamayor, segunda regional; U. D. Llanera, primera regional, y Club Europa, tercera división y preferente), y me acordé también de los futbolistas con los que tuve la satisfacción y el honor de compartir buenos y malos momentos a lo largo de esos años (jóvenes entonces, aunque hoy algunos hayan rebasado los setenta) y, que quieren que les diga, me emocioné como un niño.
En fin, cuando vas acercándote al final del camino la vejez tiene estas cosas, y de repente cualquier chispa aviva el ascua del recuerdo y las emociones de alguna de las etapas recorridas.
FUENTE: L.R.E.
