POR LEOCADIO REDONDO ESPINA, CRONISTA OFICIAL DE NAVA (ASTURIAS)
Alargada y perenne, así entiendo yo que es la sombra, llena de sabiduría y de saber estar, que nos ha dejado Jose Antonio Rivaya Fonseca, fallecido el pasado día 22. Sombra a tono con su figura, alta y delgada, de andares pausados y un aire de elegancia clásica, que yo diría “a la inglesa”, cuyo recuerdo permanecerá asociado en el tiempo lo mismo en la plaza de la Rendona que en el campo de la Iglesia, o en cualquier otro rincón de su amada Ceceda.
Y a la hora de completar su figura, estimo digno de tener en cuenta, por lo que significa, el consenso unánime que se desprende de los razonamientos y comentarios que las personas que lo han tratado y conocido a fondo han expuesto al reseñar sus rasgos y cualidades, que “Ceceda en el Corazón” resume y condensa como sigue; “Su sentido del humor, su charla siempre amena y ocurrente, además de su talento natural, hicieron de Jose una figura muy querida y respetada por todos”.
La verdad es que resultaba un verdadero placer conversar con Jose y disfrutar de su compañía, siempre educada y grata, y de su palabra bien modulada de veterano y sabio locutor, que llegaba envuelta en su tolerante modo de ver al género humano y de interpretar la vida, y teñida siempre de una sutil ironía, pasada por el cedazo de un humor muy particular.
Sobre su rápido ingenio, rebusco en la memoria y encuentro una anécdota ocurrida hace más de sesenta años, Estábamos en el campo de Grandiella un domingo por la tarde, pues jugaba el Club Ceceda el campeonato de tertulias que se disputaba en verano. Hacía calor, pero por fortuna había una hilera de álamos junto a la banda que proporcionaban una gratísima sombra. Se disputaban dos partidos cada tarde, y en uno de ellos un par de futbolistas se liaron, de pronto, a tortazo limpio. Yo, que andaba intentando “digerir” el dichoso reglamento comentado del señor Escartín, dije, al ver la pelea;
-Eso es agresión mutua.
-O recíproca, sentenció Jose, veloz como el rayo.
Otro día, más reciente, estábamos en Ceceda un grupo junto a la escuela, y señalándola con el cariño del rapaz que fui, comenté: ”Ahí fue donde me empecé a desasnar”…Vi que Jose movía la cabeza, como dudando, así que decidí añadir…”Y en ello sigo todavía”.Completada la frase, Jose le dio su aprobación con una sonrisa indulgente.
Es también recordada su labor en la radio (durante la cual, como homenaje a su pueblo, adoptó el nombre de “Jose Ceceda”, por el que llegó a ser generalmente conocido), cuando este medio llegaba a todos los hogares y animaba los mediodías de aquellos domingos de entonces, tan distintos a los de ahora y tan escasos de alicientes, pues tanto su voz como la de Menchu del Valle, su compañera en Radio Oviedo, daban vida a aquel simpático programa de variedades titulado “Rumbo a la gloria”, que seguían con atención todas las gentes de Asturias.
Y justo del tiempo de aquel famoso “Rumbo a la gloria” me tiene contado Jose dos anécdotas, por las que tuvo que aguantar a posteriori las chanzas de sus compañeros. Pues ocurrió que un día se enteró de que iba a a participar en el programa un vecino de la parroquia de Ceceda, en el apartado de tonada, y Jose, siempre generoso, preparó una entrada bastante laudatoria para dar la bienvenida al concursante y además parroquiano, el cual, por decirlo suavemente, no tuvo la fortuna de su parte. Pasó aquello, y las chanzas correspondientes, y después de un tiempo tuvo noticia de la próxima participación de un par de varones de Nava, que cantaban a dúo. Y Jose Ceceda, de nuevo generoso, volvió a presentar a ambos componentes con grandes elogios, que, por lo oído, se tradujeron, al final, en un resultado manifiestamente mejorable. Y de ambos casos guardaba Jose puntual recuerdo, que me contaba con su habitual ironía.
Tampoco me olvido de que él fue, también, el que, con clara visión, alentó a Pin Ureta (otro personaje fundamental para entender Ceceda) para que realizara su extensa obra sobre el pueblo (que se ocupa de ordenar actualmente su hija María Jesús) de tanta importancia que, a mi limitado entender, resulta indispensable para conocer en profundidad cómo era la vida en el pueblo en aquellos tiempos.
Ceceda, en especial, (que Jose no dudó en elegir para llevar unido a su nombre de por vida), y Asturias, en general, ha perdido un hombre sabio, dotado de amplia cultura, discreto, tolerante, educado y de modales impecables y, para mí, todo un referente que dejó marcado un camino, una manera de ser y de estar. Acaso, muchas veces no nos queda tiempo para algo tan importante como es cultivar la amistad.
En fin, amigo José, bien mereces que te cante pluma mejor cortada que la mía. Ahora descansa en paz. Porque “Tu tiempo es ya del Tiempo. Pertenece al transcurso del tiempo sin desgaste”, como escribió Carmen Conde.
FUENTE: Publicada en La Nueva España Jueves, 10 de julio 2025, página 10