ESTAMPAS NAVETAS JOSÉ MARÍA VILLAVERDE, MAESTRO Y VECINO EJEMPLAR.
Ene 04 2026

POR LEOCADIO REDONDO ESPINA, CRONISTA OFICIAL DE NAVA (ASTURIAS)

Ocurrió que el principio del año nos llevó a Villaverde. Y fue, con su falta, como caí en la cuenta de que, en mi andadura por la vida, había varias etapas en las que el trayecto de José María y el mío habían coincidido.

Porque José María Villaverde Graña, natural de Forcarei, municipio pontevedrés en cuyo territorio nacen por cierto los ríos más  importantes  de la provincia (como son el Umia, el Lérez y el Verdugo), llegó a Nava, en compañía de su esposa, Aida, con el propósito de ejercer, ambos, su profesión de maestros. Y puede añadirse que, antes de llegar a ejercer en Nava, José María lo había hecho en Ventanielles (Oviedo), Sietes (Villaviciosa) y Priandi (Nava).

José María comenzó dando clases, en 1971, en las escuelas de La Colegiata, y pronto, en los años siguientes, comenzaría a sonar la posibilidad de construir un centro con mayores posibilidades  en una parcela de 10.000 metros cuadrados situada en la proximidad del Hostal Nava, lo que, afortunadamente llegó a concretarse, siendo inaugurado el flamante colegio público San Bartolomé de Nava el 6 de julio de 1975, a las seis y media de la tarde, con presencia, naturalmente, de todas las autoridades, y siendo alcalde de Nava, entonces, Gustavo Adolfo Caso Calleja. Y conviene añadir, al llegar aquí, que  José María fue el director del mencionado centro escolar desde su inauguración hasta 1994.

De modo que fue en los primeros ochenta cuando se dio la primera coincidencia, pues yo, que a la sazón era secretario de la Asociación de Padres, mantenía un trato habitual con la dirección y profesores del colegio, y me encargaba, además de una parte del deporte escolar, llevando  al equipo de futbito en la competición escolar. Eran tiempos aquellos  nuevos y no exentos de dificultades, por cierto, en los que era imprescindible saber manejarse con tacto, flexibilidad e inteligencia para llevar a buen puerto la compleja nave que era el nuevo Centro, condiciones que, justo es decirlo, reunía la persona de José María, como templado y paciente director.

Y la segunda coincidencia  fue cuando, estando ya los dos jubilados, allá por 2010 más o menos, y yo era tesorero en la directiva de la Asociación  de Pensionistas y Jubilados Alfonso  X el Sabio, que presidía Paco Fernández Arenas, se incorporó José María a la junta directiva, en la que, como es sabido, permaneció durante largos años, y en la que, por cierto, fue primero vicepresidente y luego presidente.

Quiero también comentar que José María Villaverde, el cual, como es fácil deducir,  pasó la mayor parte de su vida siendo vecino de nuestra villa, o, lo que es lo mismo, un naveto más, era una persona estimada y respetada por todos, por méritos ganados a pulso en su trayectoria, y una muestra de ese reconocimiento público fue su nombramiento como Navetu del Añu por la Comisión de Festejos de La Colegiata y Villabona.

Siendo la tercera y la última, la que manteníamos al encontrarnos en nuestros paseos matinales, bien por la zona de La Barraca, bien en la senda de Clohars que discurre hasta el Molín de Foro, ya como tranquilos paseantes (él con su porte alto, sereno, siempre elegante) que observábamos la naturaleza, y el mundo, con la calma y el poso que dan los años.

Y fue en este territorio, como dije, donde ocurrió la última coincidencia que recuerdo. Era una mañana soleada de diciembre cuando me encontré con él;  y nos paramos a conversar, y me habló del huerto que había cultivado en Tineo, y de su tamaño inicial, que había ido reduciendo gradualmente, con el paso del tiempo, y vi que ello encerraba, claramente, una metáfora de lo que es la vida.

Fue nuestra última charla, y así quiero recordarlo; como un hombre que afrontaba con serenidad el paso del tiempo, y que, hasta el último momento, supo mantener el sentido de la mesura, la educación y el gusto por mantener una conversación con cierto peso específico (que sabía sazonar con fina ironía), arte, en el que, por cierto, y quizá en razón de su tierra de procedencia, era también un consumado maestro.

Villaverde, amigo, descansa en paz. Yo, por todo lo dicho, te voy a echar mucho de menos. Y vaya para Aida, Raquel y Balbino mi más sentido pésame.

FUENTE: Publicada “La Nueva España” domingo 4 enero 2026, página 11.

 

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