POR LEOCADIO REDONDO ESPINA CRONISTA OFICIAL DE NAVA, ( ASTURIAS).

Teatro-La-Puente-Arriba.
Probablemente lo más importante en lo referente a la cosecha de manzana de sidra haya sido que, como consecuencia de las altas temperaturas y la prolongada sequía que soportamos a lo largo del mes, además de la actividad de la carpo capsa en los frutos, casi la mitad de ellos haya caído al suelo antes de tiempo y sin madurar, lo que ha determinado que el sector haya empezado a mayar antes de las fechas habituales, con el fin de aprovechar la manzana disponible.
A cambio, el buen tiempo reinante permitió la brillantez de fiestas y romerías, que comenzaron el domingo 6, cuando los vecinos de Paraes y alrededores honraron a la titular de su capilla, la Virgen del Carmen, con misa y procesión, y otro tanto hicieron los de Purnea con la patrona de la suya, Nuestra Señora de la Consolación, el martes 8, y el 9 con San Benito de Palermo. Luego, el domingo 20 los vecinos de Llames rindieron homenaje a Los Mártires, titulares de su capilla, con misa y procesión. Y también hizo fiesta Cecea el 26 y el 27, en La Rendona, en honor a San Miguel, su patrono parroquial, con merienda popular y verbena el sábado 26, y Misa asturiana de gaita, cantada por el Taller de Lolo Cornellana, y comida vecinal el domingo 27.
Por otra parte la Agrupación de Cazadores de Nava, en colaboración con el Ayuntamiento y la Mancomunidad Comarca de la Sidra, organizó, los días 18 y 19 y 25 y 26, un plan para la observación de la berrea del venado en la sierra de Peñamayor, mientras, en la tarde del 27, el naveto Daniel González presentó su libro “Desde la cárcel” en la Sidrería Dominganes, y el grupo de teatro La Puente Arriba volvió a poner en escena “La difunta y otres yerbes” en la Casa de Cultura.
Con septiembre llegó el otoño, y se ha vuelto a la actividad que se suspendió durante el verano, de modo que, como escribió Manuel Vicent: “En septiembre empieza el nuevo curso, hay que volver a la escuela, limpios, bien peinados y con la cara lavada”. Y eso, en los lejanos cincuenta consistía, para mí y mi hermano Coqui, en ir por la mañana ( y volver por la tarde), desde El Tropel, por la carretera general 634, hasta la casa de Ángel el de la Xica, y allí empezar a subir el empinado carreterín, para, (después de rebasar la nueva casa y taller de los hermanos Pepe y Ramón Echevarría, hábiles constructores de carros y remolques) girar a la izquierda en ángulo agudo para superar la rampa corta pero dura de La Crucifiyá y, tras dejar al lado izquierdo la rectoral (donde vivía a la sazón el párroco Manuel Rodriguez Calzón, natural del pueblo somedado de Valcárcel, parroquia de Clavillas), llegar por fin al campo de la iglesia, entonces muy distinto al de ahora, y bastante más pequeño, como los antiguos recordarán, y al edificio escolar. Las clases, por la mañana, empezaban a las nueve, y terminaban a las doce (con recreo entre las once y las once y media), y, por la tarde se desarrollaban entre las dos y las cuatro, estando a cargo de las de Niños D. José Antonio González, maestro ejemplar y paciente al que siempre recuerdo con gratitud y afecto. Porque, como escribió John Milton, “la infancia muestra al hombre como la mañana al día”.
Y los decesos comenzaron el domingo 13, con la falta en Oviedo, a los 82 años, de José Luis Baragaño Martínez, naveto avecindado en Coya (Piloña), que estaba casado con Marta I. Acebal Puerta, siendo los padres de Luis Manuel, Armando, Marta y Raquel, y el mismo día falleció en Viobes (Nava) José Luis García Sánchez “Vivi”, que contaba 76 años y estaba casado con Mari Cele Gutiérrez Mier, con la que tuvo a José Luis y a Juan Vicente.
Luego, el 15 nos dejó María Dolores Álvarez Carbajal, “Loli”, que contaba 82 años, era viuda de “el chiquito”, con el que tuvo a Ofelia, y descansa en el camposanto de El Remediu. Y el 17 faltó María Dora Martín Melendreras, “Onelia”, a los 99 años. Onelia era viuda de Ángel Martínez Nevares, siendo hijos suyos José Ramón, Ángel y María. Seguidamente, el 18 finó en Nava Jaime Baragaño Martínez, Jaime el de Villabona, que era viudo de Eloína Alonso Lavaniegos, con Silvia y Natalia como descendencia. Finalmente, el 19 nos dejó en Santander Andrés Cueto Ordoñez, natural de Cecea y amigo de la infancia, a los 76 años. Andrés estaba casado con María de los Ángeles Cuyar Martín, y era hermano de Herminio, Carlos (+) y José Manuel.
Por último, como dejé entrever en el titular, las circunstancias me han permitido llegar a cumplir los ochenta, y tengo plena conciencia de lo afortunado que soy por ello. Porque entiendo, y asumo, que vivir es un milagro, y la vida algo maravilloso, además de nuestra única oportunidad.
FUENTE: Publicada en La Nueva España Lunes, 12 octubre 2026, página 11.